Un mugido en la noche

Morille

Las vacas han retomado el lamento de su mugido. Inextinguibles, día y noche se las oye sufrir. Sus terneros han partido ayer pero ellas no lo comprenden. Hace ya un año que las escuché desde este retiro obligado que también termina para mí. Marcho a una nueva aventura, otra más, son tantas que ya no las cuento. Siempre me consideré un cobarde. Por ello, debía ir cargado con un exceso de equipaje que, sin embargo, mengua con los años. Al contrario que la mayoría de las personas de mi edad, alcanzo con un sólo vistazo el total de mis pertenencias, ya he pagado, pues, el paso por el fielato de la vida. ¿Dónde están hoy los terneros? En los estantes donde acaban los hijos de nuestro alimento, y si lo pienso, se me revuelven las tripas, pero algo hay qué comer, y como la moral, algo debe ser elegido.

No hay una palabra que, por desgracia, describa a un padre que haya perdido un hijo, hay una rara orfandad para tal circunstancia en el Español, tan fecundo para otras cosas. Pero yo no lo elegí, él sí, cada día. Y cada uno de ellos mujo como la vacas enfrente del otro lado del regato.

Triste alegato: sordo y ciego bramo lanzando a la medianoche mis condolencias por las desesperadas reses, jamás debe uno burlarse del dolor ajeno una vez conocido, y del ignoto aún menos. No me fío por tanto, ya, de ninguna sonrisa.

En Morille, en intempestivas noches de estrellas sin fin aparente, puro artificio del parco sentido, como lo es la dimensión del sufrir del otro. Silencio, sólo cabe callar y escuchar atento, por educación, el mugir ajeno.

¡Qué Atenea Boudeia nos guarde!

Saludos, anónimo lector.

Coda:
[…]EDIPO. -Hija mía, ¿se ha ido ya el extranjero?

ANTÍGONA. -Sí, padre; y tanto, que puedes decir tranquilamente cuanto quieras, que sola estoy a tu lado. […]

De Edipo en Colono. Tragedia griega de Sófocles, escrita no mucho antes de su muerte en el 406/405 a. C., y llevada a escena en el 401 por su nieto Sófocles el Joven.

Recomendación

Dedicado a Carmen, ella sabe el porqué.

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Escarchas de mis días y de mis noches

1908 AD Boy from Loray Mill

Hoy han regresado las escarchas tapizando cada dilatación extendida que todo ser anclado a la tierra con la persistencia qué según la especie y su aforo en medio de los campos se le fue otorgada, cosas de la evolución y su contienda en el discurrir de la supervivencia.

No sabía que la misma también se hospedaría en las partes de mi corazón desnudo al clima imperante, pues estando ya gélido de necesidad, no debería presentar esta veladura de helada condensación con la que me he despertado, apenas si siento el trémolo calor que lo sostiene. Pero nada puede uno contra el tiempo de las parábolas, cuentos más imaginativos han cantando los malos poetas antes de este mismo homicidio escriturado en el envés ventral de la menguada hoja o de los pecíolos ínfimos que hoy sujetan a despecho de las espinas la flor de mis ojos escondidos en el lacrimal seco que entre mis terminales se alojan.

No he de regar el suelo ni florecer en el campo de los bizarros agros que las letras jalonan granjeando nuevas imágenes de mi estado. Sólo me secaré los mocos de mi decadencia en espiral.

Pronto la escarcha se volverá a su casa primordial, ya al cielo bajo circundante, o a la la tierra amorosa que todo lo sostiene, cuando el sol más pacífico del invierno se asome pidiendo permiso como un «valet» en la corte del Rey Sol, en medio de camarillas nunca del todo inocentes.

Sublimada se retirará con la delicadeza de lo sabio. Y de nuevo el milagro de lo breve se ejecutará ante mis ojos, y no me daré cuenta del nuevo verdor mortecino, asomado y reconquistando la flora sin fauna esquiva que me habrá de devolver el paisaje que desde esta lacónica ventana me paga cada día con el asombro de la rueda de la vida, en la que ya no participo.

Más que rueda es un vals del que ignoro tanto la música como el compás, y no por falta de escucha, más que nada por desmemoria y una incapacidad para la melodía de la floresta que de puro recato, no osa importunar y mucho menos asustarme, tal es la cautela de mi visión desde la ventana de la cocina mientras tomo café, otro regalo de la Tierra a sus derrotados responsables de su esquilme inagotable.

Una vez de nuevo, sin estridencias, la maleza en torno al caudal seco del Zurguén, zarzas de leyendas de monstruos conversos aliñados en poemas de siglos, cuando más que arroyo era recurso apacible, de tizianesca simulación, do los orates y bardos apostados cantaban sus églogas inacabadas por imperfectas y pastoriles por la moda, esa maleza de rastrojos a punto de rebosarlo todo, con infames plantíos invadiendo las orillas apacibles serán otra vez el paisanaje que me regurgita la pura verdad; ya nada fue como antes, no hay figuras con horizontes que ni en ectoplasmas desvelados en juegos florales pudieran acudir en los fastos que ellos mimos dejaron en infolios, sabedores de su inicua capacidad de trascendencia, pues cómo saber qué perdura entre las “verduras y las eras”…

Somos, así, como palimpsestos de eras, épocas y circunstancias raspados a búsqueda de la última noticia, la más vulgar, aquella que por impuesta, contra todo sentido de la compostura, nos exhiben en la vitrina acristalada para escarnio, pues bien sé yo que el original escrito era su verdad, como es hoy la mía o su remedo, y sin embargo, me cuesta tanto recordar que las primeras palabras escritas en el nuevo pergamino eran asientos contables de un negocio preñado de fútiles promesas, y sin embargo tan llenas de indulgencia en su infantil bondad y volatilidad en sus frases de obsoletos rebozos.

Acabo de echar una última ojeada a las riveras desmoronadas del Zurguén y ya no luce más que la opaca vegetación informe que recubre sus desprendidos terraplenes, los que le encaminaban, otrora, a la patria chica del Lazarillo de Tormes, y al vencerme su recuerdo, me invade la elucubración de que él, al menos pudo contar su historia, en las voces a las que yo sólo puedo apelar en un arranque de mediocridad, pero, es evidente que uno no es quien fue, ni quien será, unicamente este hoy en permafrost doméstico, y por tanto, sepultado en la tierra, como los hongos más insípidos han esperado el guano que tal vez acabe por darme la suficiente fuerza, y las esporas que tal vez un día canten en el viento aquel aria de despedida que todo tenor reclama con el afán de su vida imaginada, aquella de Cavaradossi « Ese tiempo ha acabado… ¡y voy a morir desesperado! ¡Y jamás he amado tanto la vida! » pero mi alma, tan ñoña, reclama siempre un último Lied, uno no deja sus afanes y manías tan buenamente…aquel de Mahler…

4. He abandonado el mundo

He abandonado el mundo
en el que malgasté mucho tiempo,
hace tanto que no se habla de mí
¡que muy bien pueden creer que he muerto!

Y muy poco me importa
que me crean muerto;
no puedo decir nada en contra
pues ciertamente estoy muerto para el mundo.

¡Estoy muerto para el bullicioso mundo
y reposo en un lugar tranquilo!
¡Vivo solo en mi cielo,
en mi amor, en mi canción!

Con Abbado, y Kožená, cómo no.

Saludos, Anónimo Lector.

Créditos. Y Notas.

CANCIONES DE RÜCKERT (1901/02)
(Rückertlieder)
Música de Gustav Mahler (1860 – 1911)
Texto de Friedrich Rückert (1788 – 1866)

De la imagen: Lewis Hine, Boy from Loray Mill. “Been at it right smart two years.” Location: Gastonia, North
http://www.museumsyndicate.com/item.php?item=28328

Del 17 al 47

emperadorpenguin

De genes y hombres

El hombre que soy ya se ha olvidado:
mi especie fue, sin duda un animal,
haber creo atrás dejado, tanto mal,
remoto está, pretérito el pasado.

Si relegué mis dioses de prestado
no me abomina el recuerdo ancestral
de mitos de cuya muerte espiral,
es hoy anómalo gen desheredado.

Fenotipos gobiernan ya la vida,
la de aquellas, mis células insanas
que larvadas, juegan en su huida

a mutar con sus lábiles membranas
el deseo en culpa, Ay, mi piel sacudida
rima excusas sin fin, y todas vanas.

J. Francisco Cuadrado M.
Salamanca,Abril, 2008

Saludos, anónimo Lector:
Coda:Mahler: Rückert-Lieder – Kožená / Rattle / Rotterdam Philharmonic Orchestra

I. Liebst du um Schönheit (00:00)
II. Blicke mir nicht in die Lieder! (02:33)
III. Um Mitternacht (04:05)
IV. Ich atmet’ einen linden Duft (10:13)
V. Ich bin der Welt abhanden gekommen (13:25)

Magdalena Kožená, mezzo-soprano
Rotterdam Philharmonic Orchestra
Simon Rattle, conductor

November 4, 2006
De Doelen, Rotterdam

Texto del Lied ” A medianoche ” de Friedrich Rückert :III. Um Mitternacht (04:05)

A medianoche
me despierto
y miro al cielo;
ni una estrella de la galaxia
me sonríe
a medianoche.

A medianoche
pensé
en los sombríos espacios infinitos.
Mas ningún pensamiento luminoso
me trajo consuelo
a medianoche.

A medianoche
presté atención
a los latidos de mi corazón;
sólo un pulso de tristeza
me incendió
a medianoche.

A medianoche
peleé en la lucha,
¡oh, Humanidad! de tu sufrimiento;
mas no pude decidirla
ni con toda mi fuerza
a medianoche.

¡A medianoche
puse mis fuerzas
en tus manos!
¡Señor! ¡Sobre la vida y la muerte
Tú eres el centinela
a medianoche!