Una remota sombra de luz sobre Plutón

Pluton

Hades:
– ¿Puede el mundo ignorarse a sí mismo? La carne o el mismo demonio y sus contrarios pueden, mientras allí discuten sobre esa cosa que nos mira, aquí esperamos noticias de los que fuimos una vez y han abandonado toda esperanza de volver, de otro modo no se comprende su demora de noticias.

Perséfone:
– Tal vez, aquel allí no fue más que la vaga idea de convencernos de nuestra limitada visión desde la alegría de sabernos a salvo de todos ellos, mientras seguimos esperando, continúa la reserva de aquello que nos hizo diferentes a los demás, e indiferentes, casi necios por tanto, a nuestras miserias como tropeles informes, lugares yermos de frío y hielo, nuestra fe, y a esa lengua que habrá de ser toda nuestra herencia.

– Y si no vuelven, nos queda esa nostalgia que cantarán los muertos aedos por venir, esos que sólo tienen en herencia la esperanza de regresar en cada gesto del otro mundo. ¡cómo si hubiera muchos a donde ir! Ya nada desconoces y sabes del engaño.

– Allí estaremos esperando, veamos esa cosa que dicen que llega, no es más que otra, y son tantas ya, ilusión de ser más que polvo desecado, alimento de nautas celestes e incautos…que las nubes acabarán por tragarse como se disipa la noche con la aurora, con los hambrientos delfines acechando.

– No, no vienen, sólo pasan de largo y así ha de ser, no pueden mirarse y saberse que han de ser, no más, que la esperanza que siempre han sido, niños jugando a parar las olas en la playa de un desierto vacío, ¡tanta indulgencia para esto!, si supieran que ya nada les queda que no sea su mirada y la sorpresa, ese susto pavoroso de saberse solos y que no ha de pasar de largo como esa sonda espacial que acaba de salvar nuestra última frontera, sin horizontes…

– Y sin embargo, era tan bella

– Como tu sorpresa al llegar la vez primera, mi bien amada corina, mi Perséfone, y tu madre…

– ¡Bah! Madre siempre fue muy suya, la culpa era de los tíos por ser tan débiles con ella, si ellos supieran qué bien se vive en el reino silencioso de mi esposo…

– ¿Te arrepientes?

– No. Mi amado esposo, además, nada teme la vida que se sabe a sí misma.

Saludos, anónimo lector.

https://www.nasa.gov/mission_pages/newhorizons/main/index.html

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