Las nueces atragantadas

Delarrepentirse

«Sólo tú sabes si eres cobarde y cruel, o leal y fiel; los demás no te ven, te adivinan mediante conjeturas inciertas; ven no tanto tu natural como tu artificio».

Vivimos una época muy parecida a la que sufrió Montaigne, debemos espiar cada cosa que decimos y expiar las que pensamos. Hoy ha muerto uno de esos artificios: «No me cuesta nada imaginar a Sócrates en el lugar de Alejandro; a Alejandro en el de Sócrates, no puedo», nos dice Montaigne, y a su rebufo preguntarnos, si podemos seguir viendo al asesino en el lugar de la víctima, tal y cómo pretende la absurda idea de que detrás de todo ideal están las personas, y no antes, como el sentido común dictamina.

«Difícilmente puedo echar la culpa de mis faltas o infortunios a otro que a mí mismo», ¿Cuántos sostienen hoy esto mismo? La edad de la disculpa nos vencerá, como a débiles retamas en agosto, con la sombra de nuestros antepasados brillantes como coartada. No hubo nunca paraísos, ni en la infancia imaginada ni en la senectud lastimera pues cómo recuerda aquél: «Es preciso que nuestra conciencia se corrija por sí misma, merced al refuerzo de nuestra razón, no merced al debilitamiento de nuestros deseos», ni de nuestras fuerzas, así sea cáncer o sólo negligencia, ese dulce veneno de la vejez.

Saludos, anónimo Lector.

Citas tomadas del Libro III, CAPÍTULO II, EL ARREPENTIRSE
De Los ensayos, Michel de Montaigne
(según la edición de 1595 de Marie de Gournay)

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