José Luis Pérez de Arteaga, in memoriam.

ferrier

Yo que, de humano tengo poco, lo necesario de ángel, la pluma… y de diablo un breve adminículo comparativamente gótico no soy quien para hablar de seres de otro mundo. No encuentro explicación ni consuelo para la nostalgia. Ella no sucede cuando regresamos doloridos y fatigados del viaje, nos acompaña como lo hace el aire que infla las neumas que nos llenan los pulmones de este aire viciado y nauseabundo.

La muerte de un ser al que admiras es muy “pop” si de repuestas desmesuradas hablamos, ¡Cómo añoramos ya la vida acabada!

Reconozco que la muerte de José Luis Pérez de Arteaga me afectado en tanto en cuanto era a quien sólo su voz y su imagen, esta menos, soy de radio, llenó tantas tardes de sábado y domingo que pareciérame inmortal, Y lo es. Hoy es un mito. Una constante aplicada, especialmente, a aquella que narra las acciones de los dioses o héroes de la Antigüedad, paráfrasis de un mundo que se acaba. Pérez de Arteaga no era de este mundo, y sim embargo lo conocía como pocos. A caballo entre el saber y el saber estar y sobre todo saber de lo que se habla, cosa hoy ruinmente escasa, revestida de verborrea banal. Él imperaba sobre la mediocridad.

No, él era de la época de los estardantes florentinos, los cortinajes de Versalles y de los tugurios de Londres, de mayólica germánica y de templos de madera lustrosa y algo vulgar, pues de todo podía saber y situarnos en el ambiente que en sus palabras eran ese punto de sal que endulza el postre. Y una voluta de humo podía sugerir una cava de Jazz parisina sesentera como nadie jamás describiría él en sus vericuetos, que siempre tenían aire de fábula, porque conocía la condición humana, como pocos. NUNCA juzgaba la vida ajena, sólo la narraba. Infolios como escollos en la playa de su sabiduría.

Son muchos quienes ya sabemos que una parte imprescindible de Radio Clásica no volverá. NUNCA.

No volverá a Ítaca, no llegó, porque nuca la buscó. Pero el camino, junto a sus venturas e insatisfacciones por no haber llegado, son hoy y lo serán por los siglos, pocos, nada dura, tendremos en Pérez de Arteaga el eco de su voz, sus coletilla siempre acertadas y que no volverán de viva voz, pero gracias a la nostalgia, resonarán en nosotros como la mejor de las maneras de sentir, de apreciar y de conocer un Mundo, no sólo el De la Fonografía, el suyo. El que nos regalaba siempre. Misterio y enigma, y eso no se paga con óculos al barquero. José Luis vivirá como los héroes, esculpido en pórfido en nuestros corazones. Al menos en el mío…

Saludos, Anónimo Lector

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