Con el sudor de tu rostro y el polvo del camino. Día del Trabajo

Arthur Newell, doffer in Manchester Mills, Rock Hill. 3 weeks at it. 70 cents a day. Said 12 years old. His father in the mill gets $12 a week, mother $9, sister $4.80, he gets $4.20, total $30 a week. "I had ruther go to school but the mill wanted me." Location: Rock Hill, [South Carolina]

Arthur Newell, doffer in Manchester Mills, Rock Hill. 3 weeks at it. 70 cents a day. Said 12 years old. His father in the mill gets $12 a week, mother $9, sister $4.80, he gets $4.20, total $30 a week. “I had ruther go to school but the mill wanted me.” Location: Rock Hill, [South Carolina]

¿Y cuándo no es el día del trabajo? ¿Acaso por ser festivo desaparece la bíblica maldición de sudor de la frente?

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado, ya que polvo eres y al polvo volverás»
Pero yo siempre había escuchado «Te ganarás el pan…» Ya ve el Lector que acabo de confesar que de oído no estoy fino. Volver al versículo bíblico en vez de a algún «tuit» ingenioso pondrá sobre aviso cuales son mis referencias.

No por ser necesariamente religioso, más bien por costumbre, y el pan, el sudor y las lágrimas que han de entenderse al final, me han recordado una anécdota paterna, contábanos como un aedo ignoto de su don, en los días de mi infancia, como una vez, siendo él apenas un crío de alrededor de ocho años se cruzó en medio del polvo de un camino a dos guardias Civiles de los de capote, bigote y seguramente ceños cejijuntos, y fue la cosa tal que así, sin mediar palabra le arrebataron el pan (era el primero en meses que veía), dándole a cambio una bendición, los dos civilizados guardias, en forma de tal sonora hostia, que debió clamar al Cielo, de haber estado atento el Creador y no hacer como que no existe; así se las gastaban y cada vez que lo contaba imaginaba yo la escena en blanco y negro, y no me indiquen que no es casualidad. De ahí el llanto desconsolado de mi padre mientras volvía con las manos vacías y la cara colorada, no de vergüenza, sino de esa tan temprana rabia de saber de la injusticia precisamente por mor de quien debía ser su servidor.

Aquel pan con el que mi bisabuela pensaba alimentar al pequeño, que en lugar de ir a la escuela como debería, ayudaba a sobrevivir a la pobre mujer que murió en la «cama de casados» de mis padres, pues bien decía yo, que en aquella postguerra, que tanto beneficio ha dado a tantos hasta el día de hoy, y que a mí sólo me ha dado recuerdos amargos y ejemplos de fortaleza familiar, hoy la llamarían resiliencia, yo lo llamo «aguante» un carácter tenaz e infatigable a la hostilidad de la vida.

Mi madre también llenó mis recuerdos de momentos similares, como aquella escena al narrarme de aquellas monjas, «colegio de señoritas internas de posibles», donde mi madre fregaba los suelos de rodillas y en pleno enero eran incapaces de auxiliar en la faena con una débil porción de agua caliente, sólo fuera por evitar los sabañones de aquellos dedos infantiles y algo de la artritis que hoy padecen aquellas manos que tanto lustre dieron al colegio para señoritas, y no las fariseos oraciones de las tocadas, pero así eran las cosas; no voy a seguir, pero les aseguro que las desgracias con variaciones de la vida de mis padres, mis vecinos todos, mis vecinas viudas y solteras o nunca casadas, tantas y tantos que son todos, los de ayer y los de hoy.

….siendo como son tantas las historias no las agotaría Delibes, con su gran hacer, ni los rescataría el Cela nobelado, de quien dudo que tuviera alguna vez un poco de verdadera piedad o algo parecido a la misericordia por sus personajes, y no fueran estos para el mandarín alcarreño, más que excusas de escritor decimonónico trasnochado, aquellos para los que los miserables SÓLO eran útiles para la revolución y evolución de su propio ego, y monedero, ya billetero ya faltriquera.

Únicamente eso, personajes, mascarones de un navío de pura hipocresía con los que dar emblemas a tan santas causas. Los pobres de verdad, no se engañe nadie no, a nadie importan, de lo contrario, ya habríamos hecho algo, qué tiempo hemos tenido y de largo viene el asunto, y por ideas para remediar, de esas tan bellas en tinta, sobran y abruman, cuando la única que necesitamos es la justicia en el reparto en la igualdad de los derechos para todos, sin excepción.

Bendigo el sudor de mi padre, de mi madre, de mis hermanos, especialmente el mayor, Juan, que por serlo, bien que tuvo que ser pronto hombre de provecho…los bendigo a todos ellos desde el niño que fui.

Bendigo con la honra de la humildad, con mis lagrimas de vergüenza infinita no poder oponer más sudor de mi parte, para unirse a aquél que los míos, abuelos, pues solo conocí a dos, y bisabuelos, tuvieron a bien tornar en la reducida heredad, o sea nula, pero de una cuantía que el FMI, no alcanza, ni quiere valorar, refiérese dignidad; pobres, y desheredados, mis dedos, con tanto como creen, no saben nada del dolor de tener que esquivar esto:

Gracias a mis padres y a todos aquellos que con su sudor divino me hicieron más humano, serosas voces, secas menciones y áridas memeces escribo dilatando la hora sin color todavía, pero no sé hacer otra cosa, hoy al menos, no sabría.

Otro día hablaré del polvo del versículo…

Saludos, Anónimo Lector
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