Rosa, rosae

rosa,rosae

rosa,rosae

La defensa de la rosa
no es su espina,
por mucho que te duela
ni el aroma de su perfume
que tanto te enloquece
ni sus estriadas hojas
a tus ojos inadvertidas
ni sus colores inventados
en todas las gamas del ingenio
fruto del tedio y la molicie.

De la rosa, su defensa
es su ausencia de saberse bella,
deja pues, tranquila, la tijera,
si la cicatriz que la erosiona
del calor ya padecido,
la salva, a su prematura hermosura
nace perfecta, deja que muera
como tú no evitarás hacerlo.

Es el dictado de la rosa su defensa
mientras un enamorado la celebre,
la enuncie sin comprenderla;
ningún sostén de alabastro,
cristal o simple y pobre barro
la haría más bella, ni nadie,
ni la enamorada en su falsa certeza,
pues si la isla sagrada la recuerda,
no visites con ella en el ojal
santuario alguno ya arruinado
que mancille así tu poca honra.

Burdeles de pétalos son tus fines,
si con ellas quieres alfombrar tu gracia
no serán las rosas tus flores,
lo son tus crueles intenciones,
y no hay honores que perdonen
tus asesinas manos cuando llores,
al verte marchita y rodeada
de tus propios y recurrentes errores.

Natalia Antirogrés

Saludos, Anónimo lector.

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Un final alternativo. En memoria de los adolescentes frustrados.

Demian

Demian

[…]Llegué a mi destino. Era de noche, estaba completamente consciente; unos momentos antes había sentido poderosamente el deseo y la atracción. Ambas sensaciones persistían recónditas después de haberlas acallado tanto tiempo. Ahora me encontraba en una sala tumbado en el suelo, y pensé que era allí de donde me habían llamado. Miré a mí alrededor; junto a mi colchoneta había otra y un hombre sobre ella.

Se irguió un poco y me miró. Llevaba el estigma en la frente. Era Max Demian. No podía ser de otra manera, él tenía que estar allí.
No pude hablar; tampoco él pudo, o quizá no quiso. Sólo me miraba atentamente. Sobre su rostro daba la luz de un farol que pendía en la pared sobre su cabeza. Me sonrío. Su gesto renovó los sentimientos que horas antes pugnaban dentro, la esperanza de la sugestión, aquel deseo tan puro como atenazante.

Estuvo un largo rato mirándome con fijeza a los ojos. Lentamente acercó su rostro al mío, hasta que casi nos tocamos.
—¡Sinclair! —dijo con un hilo de voz. Y aquella voz sonaba de un modo tan concisamente nuestro que sólo tenía energía para sus palabras.
Le hice un gesto con los ojos, para darle a entender que le oía. Tímidamente, igual a cuando nos conocimos. Sonrió otra vez, casi con compasión.

—¡Sinclair, pequeño! —dijo sonriendo.
—¡Sinclair, pequeño! —dijo sonriendo. ¿Era piedad o camaradería del amante que no quiere revelarse?
Su boca estaba ahora muy cerca de la mía. Cuantas veces había sido así y yo, ciego y sordo, y sobre todo ni niño ni hombre, no había sabido aspirar su voz como hubiera sido mi avidez de lo absoluto. Continuó hablando muy bajo. Fiel al momento que no quería terminarse en el punzante palpitar de mi corazón.

—¿Te acuerdas todavía de Franz Kromer? —preguntó. Todo quedaba tan lejos aquella noche encantada. Y no era de aquel monstruo de quien deseaba oír su recuerdo, parte de un antiguo mundo tan remoto y muerto.
Le hice una señal, sonriendo también. No sabía ni quería hablar, él debía saberlo y actuar en consecuencia.

—¡Pequeño Sinclair, escucha! Voy a tener que marcharme. Quizá vuelvas a necesitarme un día, contra Kromer o contra otro. Si me llamas, ya no acudiré tan toscamente a caballo o en tren. Tendrás que escuchar en tu interior y notarás que estoy dentro de ti, ¿comprendes? Pero volveré, ahora me reclama este siglo idiota… Calló y se levantó. Yo sabía que le costaba continuar…¡Otra cosa! Frau Eva me dijo que si alguna vez te iba mal, te diera el beso que ella me dio para ti… ¡Cierra los ojos, Sinclair!

Cerré obediente los ojos y sentí un beso leve sobre mis labios, en los que seguía teniendo un poco de sangre, que parecía no querer desaparecer nunca. Comprendí entonces que mi pueril amor por Frau Eva sólo había sido un reflejo en el lago, tranquilo, donde en su fondo se agitaba mi verdadero amor por Demian. Sólo a él se lo debía y merecía. Comprendí, aquella noche, derrotado, que Frau Eva sólo me bendecía, conocedora de las batallas que me esperaban y que, nada eran, comparadas con las del asedio de donde me trajeron.

Si un día la llamé, a su madre, con nuestro intensamente titánico proceder, supe después del beso de Demian, aquel cálido beso sobre la sangre del mundo, mi mundo, que ella, Frau Eva fue mi subterfugio. Para ella un juego, sin malicia. Siempre lo fue, pero nadie me acusaría por ello.

Entonces me dormí.
Por la mañana me despertaron para curarme. Cuando estuve despierto del todo, me volví rápidamente hacia el colchón vecino. Sobre él yacía un hombre extraño al que nunca había visto.
La cura fue muy dolorosa. Todo lo que me sucedió desde aquel día fue doloroso. Pero, a veces, cuando encuentro la clave y desciendo a mi interior, donde descansan, en un oscuro espejo, nuestro lago, las imágenes del destino, no tengo más que inclinarme sobre el negro espejo para ver mi propia imagen, que ahora se asemeja totalmente a él, mi amigo y guía.

Cuando me sentía más solo recordaba el primer sueño donde Demían aparecía, aquel que me impresionó profundamente— todo lo que había sufrido bajo Kromer con angustia y repulsión lo sufría a gusto bajo Demian, con un sentimiento mezcla de placer y temor—. Recordando, así desde aquella noche tan lejana siempre, tanto la mía como su expresión, milenaria cual los árboles, o las estrellas: miro al cielo: Todavía le espero. Sólo él unirá mi parte divina y la otra, la que el demonio nunca dejará de poseer sobre mí…

Saludos, anónimo Lector.

Dedicado a todos nosotros que no entendimos, por la naturaleza de la literatura, que a veces el autor acaba un libro sin tener en cuenta a quién, curiosamente, somos los más propicios como proclives, a entenderlo y no olvidarlo.

De la Fama familiar: Hambre, pudor y yerros

Fama y Fortuna

Preámbulo:
(…) se dio a la estampa el Amadís, que Bernardo Tasso leyó ante la corte de Urbino y en el que se han señalado alusiones a Vicino Orsini y a su Sacro Bosque, porque mi fama y la de mi invención aumentaban con el tiempo (…)
M. Mujica Laínez. «Bomarzo».

Ya he sobrepasado la mitad de mi vida, Dante bien lo sabía, o tal vez creyó vivir un tiempo que bien sabemos no se concluyó. Y sin embargo trasegar es parte de mi todavía. «Il Sommo Poeta» venció a la muerte con su magna Obra. Los humanos somos así, jalonamos la vida con nombres de algunos seres excepcionales, bien por su contribución al espíritu humano en el saber, la ciencia, la fe o a la belleza. La «belleza» de saberse ser único y de la Creación incesante de la vida. Esta última es una manera de englobar todo lo anterior. Pero también su antagonista, el Mal, y su supuesta atracción tiene su cupo entre los nombres y efemérides de un calendario tan extenso como lo es la evolución humana.

Los anónimos millones de seres, hoy osario de ceniza y polvo sin cuento, que han hollado el barro y sus charcos de anodina existencia tienen sus «santos», ya sea la simple familia o aquellos que de algún modo hicieron vibrar su alma con un libro, una batalla, una puesta de sol de aceites y pigmentos, o tal vez por necesaria una sencilla y amable acción de amistad, igualmente desconocido e ignoto gesto para el resto de nosotros.

Los hijos son siempre una cosa aparte, como las madres, y los padres, sí, ellos, que contra toda estúpida corrección también son trascendentales. ¿Se nos olvida por descuido? Lo dudo. Todos seremos parte del recuerdo breve, en términos cósmicos, recordados por alguien a quien «dimos la vida». Aún sin saber el nombre, el hecho es que cada cual tiene su santoral de recuerdos privado. «Pues, o no se debe tener hijos, o hay que fatigarse para criarlos y educarlos. Me parece que tú eliges lo más cómodo». Platón, en su «Critón», para añadir un compungido Critón: «Se debe elegir lo que elegiría un hombre bueno y decidido, sobre todo cuando se ha dicho durante toda la vida que se ocupa uno de la virtud». Qué no de la Fama, añado yo.

No obstante el mundo muta y muta, y tal vez para siempre, como lo es la rueda de la Fama, o los que creen aspirar a la misma hoy en día en su Fortuna como pretexto.

En el pasado obsesionaba a ciertos y cientos de personajes, como ahora, la Fama y la Gloria póstuma. La Fama no es sólo mieles, también hieles. Bien lo saben los hijos putativos del aforismo de Warhol de obligado y tedioso recuerdo. Nuestro extraordinario Jorge Manrique reproduce en sus coplas los trazos que conducen a la Gloria, o la Fama, en suma, otorgando al poema elegíaco del poeta una curiosa inversión de su objetivo, al final, como es bien sabido el que pasó a la Gloria literaria fue el hijo. No es lugar aquí para desglosar la historia de la Fama, esa “tercera vida…” el pie quebrado del caminar de mi ignorancia me lo impide. Y ya se sabe que doctores tiene la universidad y la red estará llena de tales marcas. Por tanto no me interesa aquí desglosar como ha mutado la «trazabilidad», permítaseme el palabro, de cómo ha se alterado, o mejor dicho, se ha ampliado ese subirse a la Gloria, como en la, para mí admirable, obra teatral de Víctor Ruiz Iriarte. Cita obligada: «Napoleón.—(Allá, en el fondo, como hablando a la tierra desde la gran balconada) ¡Mundo del siglo xx! ¿Qué gente es la tuya que entre tantos millones de seres no logras enviarnos a la Gloria un solo hombre todos los días? ¿Qué humanidad habéis formado tan ruin y tan poco ambiciosa?»

No quiero destripar la obra, pero debemos recordar que el “actor” que llega a la Gloria, a continuación… no fue, desde luego, Marlon Brando por su pésima actuación de Napoleón.

Es de suponer que hoy en día la Gloria estará actualizada, de premios nobel, de gente de la farándula fina, de deportistas, científicos… de estos lo cuestiono seriamente, o tal vez no, y la Gloria sólo admita a aquellos que han pasado el tamiz de algún siglo que otro, por si caso, de lo contrario estaría tan abarrotada que no habría espacio para tanto «famoso» como este siglo y el pasado han dado a una lista interminable. Y aquí surge una pregunta muy pertinente: ¿imaginamos a Hitler ascendiendo, toda vez qué, es alguien a quien se cita en cualquier discusión de Internet…? Tal vez haya dos «Glorias», la Infamia, donde también pernocta de por vida Eróstrato, por quemar el templo de Artemisa, maravilla del mundo antiguo. Durante siglos se contaba que estaba prohibido siquiera hacer mención a su nombre, como vemos sirvió de poco, bueno, para hacer citas culteranas sí.

Todo se ordenaría si el Chambelán de la Gloria esperara al cumplimiento de los versos del famoso himno Dies irae: Quantus tremor est futurus,/quando iudex est venturus,/cuncta stricte discussurus! Atribuido a un amigo de San Francisco de Asís, Tomás de Celano. Es un himno engañoso: Huic ergo parce, Deus./Pie Iesu Domine,/dona eis requiem. A ése, pues, perdónalo, oh Dios./Señor de piedad, Jesús,/concédeles el descanso». Siempre queda la esperanza, pues.

Recuerdo ahora la petulancia exagerada del escritor Terenci Moix, quien tituló uno de sus programas de televisión…«Más estrellas que en el cielo», si bien el nombre era el conocido lema de la Metro Goldwyn Mayer, estudios a todas luces pomposo, y que siendo uno de los grandes “Majors” de Hollywood habrá de proveer, a buen seguro, de “Estrellas” al firmamento de la Gloria, si bien prefiero las de verdad. Por muy lejanas con sus insignificantes luces titilando ante mis miopes ojos. Cosas de la distancia, la misma que separa al famoso de hoy al de antaño. Por el programa pasaron casi todos los fetiches vivos aún en aquellos días del escritor, si bien, yo recuerdo con más ahínco la colección de peluquines del renovado Terenci, eran un prodigio de naturalidad en medio de tanta miel, melaza y azucarados como melifluos interrogatorios a tanta estrella del “Star System” tan particular del autor de «No digas que fue un sueño».

«Todos me recordarán a través de ese mozo insolente. Napoleón ya es Robert Lorry». Se queja el verdadero Napoleón en la obra de Iriarte, y tiene toda la razón, el mundo prefiere la película al libro, y por encima de todo, a la verdad. La simple verdad, desiderátum imposible ni siquiera a la luz de tanta estrella, nuclear esfera, como habitan en su fulgor alrededor del centro de neutra Vía Láctea.

«No hay cosa que incite más las vanas ambiciones que el resonar de la fama ajena». Dice B. Gracián en su «Arte de la Prudencia». Hoy en día el mundo está lleno de estrellas que caminan entre los mortales, que «son inspiradoras», como dicen los anglosajones de personajes como Lady Di, que en paz, y tal vez en la Gloria descanse, la Princesa del pueblo, oxímoron de ornitorrinco donde los haya.

Debe de ser así en la Commonwealth of Nations, no en la Piel de toro, la nuestra, nuestra princesa de la plebe, sólo inspira un chirriar de pandereta. Por algo dicen por allí esto: «Work hard in SILENCE, let SUCCESS make the NOISE» (Trabaja duro en SILENCIO, y deja que el ÉXITO haga todo el RUIDO). No dudo del trabajo ímprobo de Lady Di para soportar a la familia real que fueron sus «parents-in-law». De ahí que largara cuando se libró de ellos lo que aún no estaba en los escritos, pero ese gesto la reconcilió con su grey, cosas de la vida actual. Hacer de un fracaso un éxito, que recuerda Gracián. El ruido se lo hicimos nosotros todos desde aquel día aciago de Agosto para ella. No para la Gloria.

Vivimos tiempos donde todo es inspirador. Un “buenismo de élite moralista” se ha impuesto a la paciencia de hacer bien las cosas. Acallar la conciencia participando en “algo más grande” que nosotros mismos, hormiguitas del día a día tedioso como insípido. Todos podemos ser anónimos satisfechos con ser miembro de una ONG, esos Montes de Piedad tan actuales que dan certificados de calidad por un módico precio.

«Dependen las cosas de las circunstancias, y el que sube hoy, baja mañana, y no pasará vergüenza si no hace escándalo en un caso ni en el otro. Necio y fracasado es quien de vanidad se llena» Gracias, Gracián, de nuevo. Y ya, si de «redes sociales» hablamos, no hay aforismos todavía para describir la vida de las «efímeras» (Ephemeroptera opinionum) que emergen en el ocaso y por la mañana han muerto o viceversa; «Por eso, son pocos los Sénecas, y un solo Apolo ha logrado la fama». Baltasar nos dice, again. Lo de ser Trending Topic es hambre para hoy y ansia para mañana. Tendencia de un famélico pozo indesbordable de trinos de corto alcance y menor trascendencia.

Dato curioso: «La civilización del espectáculo», de Mario Vargas Llosa sólo menciona unas escasísimas ocasiones las palabras “Gloria” y “Fama”. Es lícito preguntarse el motivo, en alguien tan preocupado por «la caca de elefante en los Museos». Escandalizado por algo nada original a estas alturas por otro lado. (Hablaba así en 1997…) Y siendo él mismo una “gloria” de las letras. Pero no todos son Petrarca, ni en la emulación ni en la envidia, motor perpetuo de tanta aspiración banal.

(CCXCIII) Del Cancionero de Petrarca.
En la muerte de Laura.

(…)Y sólo en aquel tiempo era querella
con que templaba el corazón mi canto
de cualquier modo, sin buscar la fama.
Busqué llorar, no gloria hacer del llanto;
y hoy que querría gozar tal gloria, ella
mudo y cansado así, tras sí me llama.

Recomiendo caramente la obra de Iriarte. Es breve y curiosa, «llena de encanto». Y además, no hay que esperar al soporífero Godot para entenderla.

Coda: CESARE
Goda pur or l’Egitto
in più tranquillo stato
la prima libertà. Cesare brama,
dall’uno all’altro polo
ch’il gran nome roman
spanda la fama.
JULIO CÉSAR EN EGIPTO

Saludos, anónimo Lector.

Obsequio: Carmina Burana [ O Fortuna ~ Fortune plango vulnera ]

http://www.kareol.es/obras/cancionesorff/carminaburana/texto.htm

Del bienpensar: «Nuestra ortodoxia es la inconsciencia».

Big Brother

Big Brother

Poco podía imaginar quien esto escribe que un día, muchos años después de leer por vez primera la novela de G. Orwell, «1984», trabajaría, en un tiempo de ilusión efímera en la ciudad de Twickenham, donde en sus antiguos estudios, hoy desaparecidos, se filmó una parte de la película homónima que se estrenó con motivo de la efeméride derivada del título a mayor gloria del cine de Albión y de los estrenos oportunistas. (Debemos recordar que la novela trascurre de Abril a Junio de 1984).

Fue un acontecimiento fallido a tenor de las críticas sobre el citado film. Otros tantos años después, de habérmelo predicho alguien, lo hubiera tomado por un demente de insinuar que encontraría tan certeras las palabras que en aquel volumen ajado y desconchado, como una paráfrasis de la ambientación y el trasfondo del film, rezumarían hoy como ayer y encontraría un motivo para aludir a la sociedad que hoy vivimos y padecemos, y que Orwell, nunca deseó fuera posible. De ahí su enormidad profética. Y de aquí que lo rememore; mientras yo cocinaba y me esmeraba en preparar “properly”, cómo no, las miles de múltiples formas en que el ingenio británico ha dedicado al sándwich, en el nunca bien ponderado Pope’s Grotto, con el tintineo de aquel Oberón de nombre de pila tan leopardiano por cada rincón, hubiese debido yo por otra parte, y de aguzar el oído, escuchar cómo cerca de allí todavía flotaban los quejidos y más aún los quebrantos fantasmales de John Hurt…Con Un R. Burton moribundo, paradojas del cine y de la vida.

He aquí algunas de sus consideraciones, las que me atañen y las que afectan a todos…

«Es curioso: Winston no sólo parecía haber perdido la facultad de expresarse, sino haber olvidado de qué iba a ocuparse. Por espacio de varias semanas se había estado preparando para este momento y no se le había ocurrido pensar que para realizar esa tarea se necesitara algo más que atrevimiento. El hecho mismo de expresarse por escrito, creía él, le sería muy fácil. Sólo tenía que trasladar al papel el interminable e inquieto monólogo que desde hacía muchos años venía corriéndole por la cabeza. […]

De repente, empezó a escribir con gran rapidez, como si lo impulsara el pánico, dándose apenas cuenta de lo que escribía. Con su letrita infantil iba trazando líneas torcidas y si primero empezó a «comerse» las mayúsculas, luego suprimió incluso los puntos:

4 de abril de 1984».

«El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado». Se lee en la novela… y en el principio del film aludido.

¿No les suena de nada esto? ¿De verdad? No me lo creo en mi «viejopensar», sincera y llanamente.

Saludos, Anónimo Lector.

Coda, no puede ser otra que el Apéndice final de la novela: «Los principios de neolengua»:

«El vocabulario B: El vocabulario B consistía en palabras que habían sido construidas deliberadamente con propósitos políticos. Es decir, palabras que no solamente tenían en todos los casos implicaciones políticas sino que además poseían la intención de imponer una deseable actitud mental en la persona que las utilizaba. Sin una compresión total de los principios del Ingsoc era difícil usar estas palabras correctamente.[…]

Pero la función especial de ciertas palabras de neolengua, de las que viejopensar era una, no era tanto expresar su significado como destruirlos. Estas palabras, pocas en número, por supuesto, habían extendido su significado hasta el punto de contener, dentro de ellas mismas, toda una serie de palabras que como quedaban englobadas por un solo término comprensivo, ahora podían ser relegadas y olvidadas. […]
La mayor dificultad con la que se encontraban los compiladores del Diccionario de Neolengua no era inventar nuevas palabras, sino la de precisar, una vez inventadas aquéllas, cuál era su significado. […]

Unas cuantas palabras hacían de tapadera y, al encubrirlas, las abolían. Todas las palabras agrupadas bajo los conceptos de libertad e igualdad, por ejemplo, se contenían en una sola, bienpensar, mientras que todas las palabras reunidas bajo los conceptos de objetividad y racionalismo quedaban comprendidas en la única palabraviejopensar».

Todos somos, pues, Epítomes.

Mache dich, mein Herze, rein,

Hoy no voy a aburrirles con mis lloros. Lo prometo. O lo intentaré, pero no prometo en verdad nada, ya saben, el viento sopla donde quiere.

Un año más cumpliendo los ritos que uno se impone a sí mismo me obligo a escuchar alguna versión de la Pasión según San Mateo, su BWV 244. Este año le ha tocado a Herreweghe, y por azares de la vida, la muerte este año tampoco me ha dejado de lado, al final reclamó a quien ya era Suya; sí, somos más muerte que vida, así lo atestiguan las generaciones que yacen en la memoria no sólo de nuestros genes, sepultos, incinerados o simplemente perdidos en toda la extensión de la impudicia, si no la otra, la verdadera Memoria, ya que quien más quien menos, tiene muertos que recordar. Si ya lo sé, perogrulladas, pero si busca el lector gnoseología de la mismísima Muerte, no la encontrará aquí. Más que nada por mi bendita, santa por humana, ignorancia.

«Algunos dicen en cambio que Hermes, de acuerdo con la voluntad de Zeus, sustrajo a Helena y la llevó a Egipto, entregándosela a Proteo, el rey de los egipcios, para que la custodiase, y que Alejandro [Paris]se presentó en Troya con una imagen de Helena hecha a base de nubes»

Apolodoro, «Epítomes»

Siempre me fascinó pensar que casi nadie se diera cuenta de esta defensa de Helena, como para hacerla más popular en el Mundo Antiguo, o en su defecto, de la candidez del autor de esta suerte de justificación para la insondable por ser algo desproporcionado el asunto de estar diez años a las puertas de Ilión, La Troya de toda la vida, y todo por la tal Helena, que debía ser muy bella…

En realidad todo estos males, y “cóleras funestas”, se derivaban de la Diosa Eris, Diosa de la Discordia y una boda, manzana mediante, y desde siempre es sabido que las nupcias no son ocasiones felices salvo para los amigos del buen vino y del yantar no menos provechoso, ya que los helenos tenían dioses para todo, y para cada tribulación humana o de la Natura con la que parecían llevarse a regañadientes continuo, de ahí el mito y luego los Sócrates y Platones, y todos los demás, en fin, que ellos eran así.

Es curioso que otra vez una manzana fuera causa de tanta prosapia literaria en una boda, la de Peleo y Tetis, los papás de Aquiles. Al final las manzanas están por todas partes en la Historia de los humanos, en bodas, descubrimientos y jardines añorados. Centauros y Lapitas, o sus simulacros.

Pero como soy dado al pensamiento especular, veo como de cualquier pozo surge el agua de la reflexiva petulancia, y así coligo yo que todos somos Helenas en este mundo de las idas y venidas, de las ideas y las cosas. Tenemos a un «apolodoro» en cada rincón que nos salva, nos perdona y nos justifica, se llama “Yo”, y él escribe por nosotros estas cosillas, todo sea por la supervivencia de la especie; o tal vez sea peor, y todos seamos epítomes.

Ya les doy la definición de la wiki y así se ahorran el link: «Un epítome (del griego ἐπιτομή epitome) es el resumen o sumario de una obra extensa, que describe lo fundamental o lo más importante. La importancia de los epítomes para la historiografía actual radica en que en muchas ocasiones permiten conocer un esbozo del contenido de obras perdidas».

Somos pues, sumarios de los millones de sudarios anteriores que cubrieron la faz de la tierra “filantróphica” que nos cubrirá a todos. Pero en lo referente a que gracias a nosotros se nos permite conocer mejor el contenido de tales mortajas, dudo mucho que así fuera, sea o pudiera ser. No aprendemos nada. De haberlo hecho, no necesitaríamos, precisamente, rebuscar en resúmenes varios, escarbar en palimpsestos, ni descifrar Rosettas, o discos de Faistos, aún por desplegarse a nuestro entendimiento. Seríamos dioses de nosotros mismos, pero si el viento sopla desde siempre es para precisamente hacernos olvidar que hubo antes gentes que también un día se dijeron en silencio las mismas cuestiones que hoy se pregunta un adolescente sin serlo ya o el anciano a las puertas del tártaro de las residencias modernas. Siempre hubo alguien antes, y eso de la evolución sirve para saber cómo se formó el ojo, cámara no muy buena, por cierto, pero es lo que hay, mientras que para saber, lo que viene siendo “saber”, debemos comenzar desde cero. Tabula rasa, tal vez exagere, no, seguro que lo cumplo, como consumo la edad que me viene dada, y gracias, por serlo, es decir, otorgada, pues no creo merecerla, en verdad.

Si se detiene uno a pensarlo es lo justo y necesario, debemos aprender y aprehender el Mundo por entero en cada nueva vida, tenemos derecho a conocer como nuevo el Dolor por la Muerte y el Amor por la Vida, resumen sencillo de cada gesto, de cada acto, de cada pensamiento. Y si no es dolo ni simpatía, nada nos salva, ni el orgullo arbitrario ni la penitencia inconsistente que todos sacamos a pasear en estos días, de altanería revestida de ambas formas de la pedantería moderna con que nos revestimos todos, unos bajo capirotes, y otros bajo las sombrillas de un dudoso gusto ambos.

Todos somos, pues, Epítomes. Y es una suerte inmensa, qué, así sea.

Saludos anónimo Lector, les dejo con uno de los momentos más bellos, a mi juicio y el de Dios, o eso creo yo, de esta Pasión de Bach, Recitativo y Aria. Les dejo el texto de ambos. La versión habla por sí misma.

NUM. 74 RECITATIVO (Bajo)
Al atardecer, cuando refrescó,
se hizo patente el pecado de Adán.
Al atardecer, el Salvador lo redimió.
Al atardecer volvió la paloma
trayendo una rama de olivo
en el pico.
¡Oh, hermosa hora!
¡Oh, atardecer!
Ya está hecha la paz con Dios,
pues Jesús ha soportado ya su cruz.
Su cuerpo descansa al fin.
Alma bienamada,
ruega, ve y pide
que te entreguen
a Jesús muerto.
¡Oh provechoso,
oh preciado regalo!

NUM. 75 ARIA (Bajo)
Purifícate, corazón mío,
yo mismo quiero enterrar a Jesús.
Pues Él hallará en mí por siempre
dulce reposo.
¡Mundo, aparta,
deja que Jesús penetre en mí!

Sed Alma mía

Hermosa calamidad

Hermosa calamidad

Sed Alma mía hermosa calamidad
y magra la carne que mi osamenta
cubre el mondo cráneo que detenta
la vaga Idea que fue tu vanidad,

no seas fatua queriendo ser mitad
de un ser decente, sabes que este ostenta
la más cruel certeza y ella me alimenta
de aire o hambre, e imposible dualidad,

me exiges, siendo, yo tan poca cosa
donde a cavilarme el tiempo mueve:
si soy o existo en esta honda fosa,

pues sólo un nombre sobre esta fría losa
a ambos sepulte, tal vez, a tu breve
compañía, se unirá algún día una rosa.

J. F. Cuadrado Martín
Salamanca Abril 2008

Saludos, Anónimo Lector.

Coda:

Lee, pues, hojéalo, Guillermo

Sederunt principes...

Sederunt principes…

«Era una hermosa mañana de finales de noviembre. Durante la noche había nevado un poco, pero la fresca capa que cubría el suelo no superaba los tres dedos de espesor. A oscuras, en seguida después de laudes, habíamos oído misa en una aldea del valle. Luego, al despuntar el sol, nos habíamos puesto en camino hacia las montañas. »

Hoy Umbero Eco ha partido hacia las montañas. Las últimas o tal vez aquellas en las que «[Entonces]todos los hombres se esconderán en las montañas para huir de la mirada de los ángeles justos.» Esto será en el sexto día…Hoy los ángeles de las tesis pasadas y futuras tesinas, están atareados, cada uno pergeñando un obituario para con Eco.

Eco fue quien se encaró a todos los abades y mandamases del mundo cuando nos dicen con su rigor afablemente señalado y presuntuoso:
El Sederunt:
Sederunt principes
et adversus me
loquebantur, iniqui.
Persecuti sunt me.
Adjuva me, Domine,
Deus meus salvum me
fac propter magnam misericordiam tuam. 1

Queda pues dilucidar quienes eran los malvados, los ignorantes interesados, o los que en su malicia, miraron siempre a Eco por encima del Hombre, quiero decir del hombro, cosas de la Postmodernidad cainita que nadie como él se empeñó en interpretar. A su manera.

A nosotros nos espera el séptimo Día. «Y el séptimo día llegará Cristo en la luz de su padre. Y entonces se celebrará el juicio de los buenos y su asunción, en la eterna buenaventuranza de los cuerpos y las almas. ¡Pero no meditaréis sobre esto esta noche, orgullosos hermanos! »
No lo haremos, ignorantes todos de que existe el subsiguiente Octavo Día. Así de orgulloso somos, y en eso no se equivocaba el Siniestro Jorge de Burgos.

Saludos, Anónimo Lector.

El primer párrafo:Primer día, PRIMA
Donde se llega al pie de la abadía y Guillermo da pruebas de gran agudeza. Comienzo de la novela, que no es necesario mencionar.
Nota. 1: Se sentaron los príncipes y contra mí
hablaban, los malvados. Me persiguieron. Ayúdame, Señor,
Dios mío, sálvame, hazlo por tu gran misericordia.
(Salmos 118, 23, 86 y 117, 25).

Coda: «—Lee, pues, hojéalo, Guillermo —dijo Jorge—. Has ganado»