La Casta cultural española

Censor

No la busque amable lector de estas líneas en San Google, pues no encontrará nada más allá de esto en su primer resultado: “Planeta censura el libro de Gregorio Morán sobre la casta cultural”. Tan amable es Google que insinúa esto otro: Quizás quisiste decir: casa cultural española.
EL libro en cuestión al que se hace referencia en el primer resultado del famoso algoritmo es este Libro EL CURA Y LOS MANDARINES (Hª NO OFICIAL DEL BOSQUE DE LOS LETRADOS). CULTURA Y POLÍTICA EN ESPAÑA, 1962-1996, GREGORIO MORÁN

El insigne crítico literario Ignacio Echevarría, quien también aparece en la búsqueda y que cito de manera casual, opinaba esto el 21/11/2014 a propósito del libro que aún no había leído y al albur de la cuestión de La Casta (ya que no puedo citar el artículo completo, no me vayan a pedir derechos de peculio ajeno, sólo entresacaremos pequeñas citas:

«Este último concepto apunta más allá de la esfera de la política y da lugar a plantearse, con toda la candidez o malevolencia que se quiera, la pregunta de si en el ámbito de la cultura propiamente dicha cabe hablar, a su vez, de la existencia de una casta cultural surgida, como la política, de connivencias y de intereses que han procurado prebendas y asegurado posiciones de privilegio.» Las cursivas son mías y las negritas suyas.
El concepto ¿mencionado? era algo sobre esto con nombre y apellidos, o yo no entiendo al Crítico: Guillem Martinez.

Para Echevarría la cuestión se resume así: «En un término medio, más razonable y sin duda bastante más problemático a la hora de ser explicitado, cabría postular la existencia de una casta cultural cuyo denominador común sería no tanto haber medrado en el marco y durante el período de la llamada Cultura de la Transición como el haberlo hecho suscribiendo sus tácitas premisas y sus mecanismos de promoción y de reconocimiento»

Como no da nombres y no sé al día de hoy si ya ha reseñado Los Mandarines de Morán, pues cabe preguntase si él mismo reconocería en su propia promoción si nunca medró en ningún marco cultural. No le niego sus méritos, que la propensión a entender la crítica como envidia es tan seductora como vana, pero Bolaño no está entre mis lecturas favoritas, en realidad, ni siquiera pasé de algunas páginas, la mera curiosidad.
Respecto de la cultura de la transición, serán estos Alaska y Bosé, sus grandes nombres, ¿Almodóvar, De Villena, Marías, Ferrero, Ana Belén, De la Prada y Sybilla? ¿La feria ARCO, y sus grandes Damas? ¿otros grandes Nombres de hombres y mujeres y travestis y maricas y yonkis, como los que murieron en mi barrio por pura desidia institucional, y algo de droga, claro? No mal interpreten, la vida real, cuando ves morir a aquellos que más quieres, no es una película, ni con Oscar ni con Goyas, no, la vida siempre acaba mal para la mayoría, pues no se basa en un guión subvencionado.

Reconozco que son nombres a vuela pluma los que en realidad ni me apetece recordar. ¿Los planetas premiados? ¿Del Nóbel de la Palangana al Umbral de la venganza mezquina? Si quieren saber más, vayan a Jotdown, esa revista en gris tan cool, creo que allí se habla más y mejor de esto, yo ni me acerco.

Retomando la pregunta de Echevarría, ¿ha habido connivencias y de intereses que han procurado prebendas y asegurado posiciones de privilegio en la concesión del galardón en la infinidad de premios literarios de ayuntamientos por toda la geografía de la tan transitada y la intrasitiva hispánica, especialmente de Poesía?… por poner el ejemplo menos habitual.

Los poetas son los mejores jueces de la ajena, la poesía se entiende, no me cabe duda, pero Pere Gimferrer y Luis García Montero, deben saber más que nadie. Algo así, muy parecidito, le debe suceder a Juan Cruz, tan ocupado siempre en tales menesteres novelescos por la ubicuidad de su persona en este tipo de eventos de mesa y deliberación con mantel de hilo.

Curiosamente, al menos para mí, hace no mucho escribía Almudena Grandes «La política es una actividad admirable. La sensibilidad de unos cuantos hacia los problemas de sus conciudadanos, la decisión de contribuir con sus mejores capacidades a la mejora de las condiciones de vida de los demás, el impulso de sacrificar el propio bienestar para luchar contra las injusticias, la ineptitud y la corrupción que impiden el bienestar de la mayoría, eso es la política»

No se emocionen, Pedro Morenés, el político del gobierno, ministro de Defensa, no sale bien, más bien muy mal, tirando por los suelos, vaya, parado en el resto del artículo. Pero quién mejor qué ella para saber como dice al final de su columna: «Y por eso conviene recordar en qué consiste la política», Repitan conmigo: ¿en qué consiste la dichosa política? lo de la honradez de los jurados en poesía no debe ser tema en la mesa de cierta gente que tantas lecciones tiene para dar.

Desde aquí le deseo la mejor de las fortunas a García Montero en su nueva singladura política, sólo sea porque me encanta el palabro Singladura. Lean conmigo Singladura. Y espero de todo corazón que todo eso de sacrificarse y luchar mencionado más arriba en las atinadas palabras de Grandes no le aleje de su obra literaria.

A estas alturas les debo parecer mezquino. En este país recordar ciertas nimiedades casuales nunca obedece al uso de la propiedad conmutativa, la de los factores que no alteran el producto final, indefectiblemente, es la maldad la que anima toda crítica, y así nos va, bueno solamente a unos. No como a la escritora a la que le falló al final el desahucio, y ya lo sentimos; y la otra, que sabía ya de antemano, pero qué muy bien, las interioridades de sentencias más que sonadas, por lo mucho que sentencia sobre esto, lo otro y lo de más allá. Concomitancias y menudencias. Tienen cuatro ojos inquisitoriales y un sexto sentido de la jurisprudencia que ya quisiéramos los demás. Por citar a otras dos grandes todólogas, que son ubicuas y salen más en la tele que las moscas en sus esquinas.

No obstante, retomemos el asunto de la casta, pero ¡OH! No he leído el libro de Morán; no tengo dinero para ello, aún, y tal vez no llegue a leerlo. La vida es algo más que leer, incluso sobre ferias y fieras, patrullas y medicinas, especialmente cuando ya conoces el final de tu propia historia.

No quiero aburrir más, es un decir, sobre datos y nombres, busquen en las Troyas Literarias, que haberlas haylas; pero sobre todo, créanme esto: estoy convencido de una cosa, La Casta existe, están ahí, y lo van a estar hasta que se mueran, y ¿saben por qué lo sé?, porque jamás contestarían a nada de lo que lean en este blog, y otros parecidos, bien saben ellos que el silencio es su mejor arma, salvo cuando Julia Otero y otras damas de la alta cultura, les invita, a no parecer casta pero si susanas de impoluto loto, con ella siempre tan digna, a su gabinete, no de Caligari, el de Gil y La Reina, esa cancioncilla de infancia, y donde la todología cabalga de la mano delgada de mi dial hasta acabar en Radio Clásica, huyendo de tal festín, pues los músicos muertos no dicen tonterías.

Coda: ¿Recuerdan a Encarna? ¿A Cela y tantos otros…ya muertos? De ser uno de la casta, iría comprando voluntades, no vaya a ser que a mi muerte, vayan y lo cuenten todo, pero todo, todo, hasta lo que nunca pasó, como este artículo.

Saludos, anónimo Lector.