De tan prematuros que nadie pensó en ellos. Tarjetas.

Hada para Ruth

Salamanca. 14 de Noviembre de 2000
Cuando lea esta tarjeta tendré la edad suficiente para comprender que el día en que llegué a mi hogar, fui recibida con la ilusión de quien, sin saberlo, se había convertido en la Persona qué hoy sin duda soy. Un ser muy especial, porque siempre supe que podría contar con el Amor incondicional de mi Familia.
Cuando al leer esto, mires a los que te acompañen, Querida Ruth, sabrás entonces, que fuiste la niña más esperada y que siempre serás una persona Única

Recuerda que aún en el Tiempo en que Tú no nos veías, pues el velo de la tu corta edad, te lo impedía, Nosotros tu familia, te observábamos con la felicidad y la esperanza infinita que provoca una nueva vida.
Por suerte para nosotros, el Destino ha querido que seas el regalo en que te has convertido y así, debamos encargarnos de que tu felicidad, pues tu sola presencia en nuestras vidas, Esperadísima Ruth, ya es de por si el mejor don que el Cielo pueda concedernos.
Recuerda siembre que el Amor es más fuerte que la vida.

Cuando nació mi sobrina Ruth, primera nieta y sobrina de mi familia, ((Emergió tal día como Hoy) prematuramente, estuve buscando una tarjeta de esas que acompañadas de imágenes más o menos acertadas, intentan transmitir el mensaje de ternura, ilusión (o todos los buenos sentimientos) que se suponen, nos empujan hacia la cortesía de celebrar un acontecimiento concreto, en la forma de flores con tarjeta….pero descubrí para mi asombro, qué no había tarjeta alguna para los bebés prematuros, de ahí que me requerí remediarlo y de ahí, la ausencia, surgió esta:
Salamanca. 14 de Noviembre de 2000

JFC. Salamanca, octubre, 2015
Saludos, anónimo Lector.

Anuncios

Con el sudor de tu rostro y el polvo del camino. Día del Trabajo

Arthur Newell, doffer in Manchester Mills, Rock Hill. 3 weeks at it. 70 cents a day. Said 12 years old. His father in the mill gets $12 a week, mother $9, sister $4.80, he gets $4.20, total $30 a week. "I had ruther go to school but the mill wanted me." Location: Rock Hill, [South Carolina]

Arthur Newell, doffer in Manchester Mills, Rock Hill. 3 weeks at it. 70 cents a day. Said 12 years old. His father in the mill gets $12 a week, mother $9, sister $4.80, he gets $4.20, total $30 a week. “I had ruther go to school but the mill wanted me.” Location: Rock Hill, [South Carolina]

¿Y cuándo no es el día del trabajo? ¿Acaso por ser festivo desaparece la bíblica maldición de sudor de la frente?

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado, ya que polvo eres y al polvo volverás»
Pero yo siempre había escuchado «Te ganarás el pan…» Ya ve el Lector que acabo de confesar que de oído no estoy fino. Volver al versículo bíblico en vez de a algún «tuit» ingenioso pondrá sobre aviso cuales son mis referencias.

No por ser necesariamente religioso, más bien por costumbre, y el pan, el sudor y las lágrimas que han de entenderse al final, me han recordado una anécdota paterna, contábanos como un aedo ignoto de su don, en los días de mi infancia, como una vez, siendo él apenas un crío de alrededor de ocho años se cruzó en medio del polvo de un camino a dos guardias Civiles de los de capote, bigote y seguramente ceños cejijuntos, y fue la cosa tal que así, sin mediar palabra le arrebataron el pan (era el primero en meses que veía), dándole a cambio una bendición, los dos civilizados guardias, en forma de tal sonora hostia, que debió clamar al Cielo, de haber estado atento el Creador y no hacer como que no existe; así se las gastaban y cada vez que lo contaba imaginaba yo la escena en blanco y negro, y no me indiquen que no es casualidad. De ahí el llanto desconsolado de mi padre mientras volvía con las manos vacías y la cara colorada, no de vergüenza, sino de esa tan temprana rabia de saber de la injusticia precisamente por mor de quien debía ser su servidor.

Aquel pan con el que mi bisabuela pensaba alimentar al pequeño, que en lugar de ir a la escuela como debería, ayudaba a sobrevivir a la pobre mujer que murió en la «cama de casados» de mis padres, pues bien decía yo, que en aquella postguerra, que tanto beneficio ha dado a tantos hasta el día de hoy, y que a mí sólo me ha dado recuerdos amargos y ejemplos de fortaleza familiar, hoy la llamarían resiliencia, yo lo llamo «aguante» un carácter tenaz e infatigable a la hostilidad de la vida.

Mi madre también llenó mis recuerdos de momentos similares, como aquella escena al narrarme de aquellas monjas, «colegio de señoritas internas de posibles», donde mi madre fregaba los suelos de rodillas y en pleno enero eran incapaces de auxiliar en la faena con una débil porción de agua caliente, sólo fuera por evitar los sabañones de aquellos dedos infantiles y algo de la artritis que hoy padecen aquellas manos que tanto lustre dieron al colegio para señoritas, y no las fariseos oraciones de las tocadas, pero así eran las cosas; no voy a seguir, pero les aseguro que las desgracias con variaciones de la vida de mis padres, mis vecinos todos, mis vecinas viudas y solteras o nunca casadas, tantas y tantos que son todos, los de ayer y los de hoy.

….siendo como son tantas las historias no las agotaría Delibes, con su gran hacer, ni los rescataría el Cela nobelado, de quien dudo que tuviera alguna vez un poco de verdadera piedad o algo parecido a la misericordia por sus personajes, y no fueran estos para el mandarín alcarreño, más que excusas de escritor decimonónico trasnochado, aquellos para los que los miserables SÓLO eran útiles para la revolución y evolución de su propio ego, y monedero, ya billetero ya faltriquera.

Únicamente eso, personajes, mascarones de un navío de pura hipocresía con los que dar emblemas a tan santas causas. Los pobres de verdad, no se engañe nadie no, a nadie importan, de lo contrario, ya habríamos hecho algo, qué tiempo hemos tenido y de largo viene el asunto, y por ideas para remediar, de esas tan bellas en tinta, sobran y abruman, cuando la única que necesitamos es la justicia en el reparto en la igualdad de los derechos para todos, sin excepción.

Bendigo el sudor de mi padre, de mi madre, de mis hermanos, especialmente el mayor, Juan, que por serlo, bien que tuvo que ser pronto hombre de provecho…los bendigo a todos ellos desde el niño que fui.

Bendigo con la honra de la humildad, con mis lagrimas de vergüenza infinita no poder oponer más sudor de mi parte, para unirse a aquél que los míos, abuelos, pues solo conocí a dos, y bisabuelos, tuvieron a bien tornar en la reducida heredad, o sea nula, pero de una cuantía que el FMI, no alcanza, ni quiere valorar, refiérese dignidad; pobres, y desheredados, mis dedos, con tanto como creen, no saben nada del dolor de tener que esquivar esto:

Gracias a mis padres y a todos aquellos que con su sudor divino me hicieron más humano, serosas voces, secas menciones y áridas memeces escribo dilatando la hora sin color todavía, pero no sé hacer otra cosa, hoy al menos, no sabría.

Otro día hablaré del polvo del versículo…

Saludos, Anónimo Lector
Crédito imagen:

Aunque el pudor me atenace. Para Bel

Arnold BöcklinTriton  Nereid


Aunque el pudor me atenace:

La vida es misterio la mayor parte del tiempo. Y no menos azar. Pero elegirte ha de ser el ancla contra el miedo del mañana, en el vals batiente donde romperá mi alma su fatal destino, y así recibirlo, sabiéndome tuyo. Será entonces que tú fuiste el puerto, la playa y el mar entero, y necio de mí, creía naufragar… Y eras todo, hasta el cielo eras, mientras el horizonte intentar divisaba, buscando aturdido el abrigo donde vararme.

Olvidaré del viento ajeno aquellos cantos, y acabar en ese calmo silencio sólo roto por la marea constante que no depende de luna alguna, es tu fe, el mejor continente del amor, donde oscila la suerte del motor que nos anima: usurpamos a los pelasgos el tesoro que es hoy profeta y ángel concluyente, cuyo nombre y vida nos hará inmortal secuencia y estampa que habrá de colorear por sí mismo, bitácora es ya de cuanto sea.

Y así, bajo la cóncava sarta de arrecifes por sitiar tendremos que partir sin descanso, por nuestro hijo, cofre inagotable de nuestras futuras peripecias.

Donde la sal decante, el sol aplome y el viento zarandee los efímeros litigios de las crestas con sus valles, asentaremos la grave voluntad de sabernos juntos, bajo la estrella que por modesta no tiene más nombre que ser nuestra, y una perla humilde despejando el secreto del caprichoso tiempo y del reposado azar, será nuestra historia consumada en un absurdo decreto que aún desconocemos, porque es inútil luchar contra el hechizo del clima sempiterno de la divina voluntad. Juntos. F&E…

Uno es sólo quien nos ama. Presumir otra cosa es fatuidad.

Julio 2013

17 de Julio. Teresa nació, y con ella, nuestra vida.

mama

Querida má:

Te debo tanto que no es la vida de mi triste cuerpo lo más grande, siendo ésta a los ojos de los demás lo más pasajero por evidente y más fácilmente elogiable por cotidiano. No hay mesura para entender, en cambio, todo cuanto aprendí de tus manos, tus mejores instrumentos para la ilustrar lo mucho que a la compasión atañe e instruye, y cuya técnica de maga prodigiosa hizo sensibles a todos tus hijos al milagro de la bondad, aquella que no debe esperar nada a cambio, pues nunca hubo lección mas breve, ser bueno por serlo.
Eras manos, hechos, trabajos, gestos y sobre todo, tus palabras: de ellas comprendí que la mejor es la que se dice en silencio, con el peso derribado del orgullo y la liviandad que no pretende juzgar. Que el daño que de la boca sale acaba por extraviar el alma del supuesto sincero y del no menos locuaz por importante. Nadie me dijo nunca tanto con menos.
Aprendimos que la mortadela en su modestia es gloria bendita si la acompañaba tu disimulado esfuerzo por la sorpresa oculta: la espuria crema de tres colores que mañana adornaría la barra dura del ayer, pues aprendí que el pasado como el pan, no pierde el valor de sus enseñanzas, sólo por no permanecer tierno a nuestros deseos de cambiarlo, era el mañana el que debía ser aceptado, pues pobre es el deseo de los que no asumen que el hambre insatisfecha no saciará nunca a quien la inconformidad le hace desgraciado de por vida, el recuerdo de una simple merienda es suficiente para salir adelante, pues era el verdadero alimento de las tardes, llegar y encontrarte de la vuelta de aquellos trabajos ocupada en darnos el fruto de tu mejor invención, que pese a todo, merecíamos la idea inverosímil de ser felices en y con lo poco, y que lo mucho, siempre les parece escaso a quienes lo malgastan.
Esa modestia de no ser más que lo que se es, y que hoy, por fin mamá, ya he asumido, y tú mientras, siempre fiándote de los consejos ajenos, eras incapaz de ofender, no sabrías decir no, y por ello incapaz de responder que no siempre los sigues. Y que nunca deberíamos juzgar los motivos de la caridad ajena, no sería educado, pues hasta los pobres teníamos códigos, y debíamos respetarlos.
Aprendí que no hay mayor maldad que la crueldad gratuita, cuando me consolabas de la misma, y por ello, jamás debía yo imitarla. Juntos esperábamos a que algún día el mundo sería mejor, o al menos, menos malo, pero que debíamos cambiarlo, mientras tanto, antes en los que nos aman, sin ellos, no hay casa que se sostenga, ni cariño que la soporte.
No olvidaré que aquellos que nos llamaban humildes no contaban con el orgullo infinito que tus hijos y papá te causaban, y que hoy me trae los vientos de los besos que nos dabas en forma de remiendos y de contiendas contra la mísera existencia.
A tu lado debo el recuerdo del dolor que sólo era tuyo, ver morir a un hijo no tiene consuelo, y a nuestro lado, te reconstruiste como hace la verdad de un corazón inmenso, seguir adelante hundiendo en un oculto camafeo el dolor, clavado bajo pecho y así, en privado, llorar el seco llanto de un alma que se niega a ser páramo o ciénaga, el dolor es el alimento de mayor humanidad; no lo sabes, pero así es el ejemplo, «los que lloran serán consolados» si nunca ceden a la molicie del dolor estéril.
No saber, en suma, con la resta de la desgracia ineludible, cuánto es cuanto te debemos, nosotros, y no sólo tus hijos, tu vida es una laboratorio de sencillas búsquedas, y pequeños logros para el resto, no tendrás mas premios que los que ya sabes, no los esperas, y la placa que enmarque tu recuerdo será aquella que diga que en tus nietos y nietas se cumple la máxima de que el amor es, y será más fuerte que la muerte, y que la vida. Ésta es tan sólo su manifestación casual. Pero en ella, también las pobres huérfanas sin hermanos ni padres dan al mundo una respuesta inopinada, nada acaba con la vida si tienes en la falta de amor la fuente inagotable de tu amor, contra toda lógica y ley de la humana especie.
Y sobre todo lo anterior, sé que a pesar de la decepción constante que creen los demás que soy, nada en ti me lo insinúa, y si acaso lo piensas por debilidad, sé también que no la sientes. Cada mirada tuya así me lo demuestra, y es precisamente, la forma en que nos miras, como sabemos que nada te hace olvidar que somos tus hijos, axioma de innecesaria explicación.

Somos, soy, y quien nunca dejará de serlo por la minucia de no estar todavía con nosotros, los cuatro hijos y la única hija de Teresa Martín y de Reyes Cuadrado, nuestro padre, y con esto, está todo dicho. Serlo es el orgullo, el más íntimo y sin embargo, el más limpio del que hablar puedo.

P.D.: Papá, en Marzo, tu turno.

Felicidades, má.

Saludos, Familia y anónimos Lectores.

El año de la bofetada

mitologiadas

Ayer visitaba el blog de Juan Carlos Planells, planells fact&fiction, a quien llegué cuando toda posibilidad de conocerle se reduciría a saber de él a través de sus palabras, paradoja insalvable, y en sus Confesiones, hallé ese malestar que supone saberse consciente, y aún cediendo a la autoindulgencia, la propia, no me cabe la menor duda, siempre es mejor, la idiocia. Pensar que el relato del propio fracaso es siempre sospechoso de buscar un efecto disipador del mismo en los demás, alienta muchos de los malentendidos que colman las falsas memorias, las literarias, y las derivadas de la pasión; no imagino a nadie investigando la vida de otro por encargo, años dedicándose a fijar hasta el detalle minucioso, no ya las acciones sino las razones, sin ese hálito de la obsesión entusiasmada, pero concibo peor que la pasión por nosotros mismos nos ciegue aún más que la rendida admiración de quienes nunca nos verán desnudos, tal vez cadáver, y por tanto, mudos a toda pregunta. El silencio de los muertos suele ser interpretado con la imaginación y de ella depende en realidad, esa voz que suponemos que nos habla. Tras la frontera, más allá de la puerta, es nuestra alucinada necesidad la única responsable de tantos ingenios que no paran de hablar después de ellos mismos, se llama interpretación y es muy común, tanto qué de ella depende la rueda del mundo.
La moderna posibilidad de dejar registro del personal fracaso, y estoy hablando por una herida repetida, acabará por ser considerada un género literario, y así, una vez más, se arruinaría su gracia, «no quieras saber más, lee, y juzga, bien nos conocemos, pero no hay más que decir» me parece escuchar, y así debería ser.
A la contingencia evolutiva se impone vanamente la necesidad humana. Huellas de todo tipo nos recuerdan, y la genética no deja de ser la más azarosa, el empeño en corregirla mediante la imposición de ser el patronímico familiar en un altar arbóreo es una tentación tan usual que sólo los grandes genios la desprecian, no tiene tiempo para semejante preocupación, simplemente sucede tras su muerte.
Hace un año publiqué una novela, Las carias de la caridad, de la que he regalado muchos más ejemplares de los vendidos. No es mi mayor fracaso. Y no es mi mayor logro. He de fracasar mucho más honda e íntimamente. Y con peores consecuencias, si el acerbo de mis células me lo permite, y su reverso, el bagaje de logros, de ellos, oficiosamente públicos, de los que importan en toda su cursilería, sólo sabré cuando no pueda remediar sus consecuencias. Irritante ironía es la pretensión conducente a pensar que las derivaciones de nuestros frutos serán aprovechables. Todo se pudre y muta a la desintegración.
En la citada novela, escribí en boca de un personaje, «…que detrás de la caricia, siempre llega el bofetón», interpretable, tal vez, de este modo: siempre debemos ser sensibles a las caricias, las de la Caridad, es decir, las del Amor, en todas sus formas, porque siempre le sucederá una bofetada, las que invariablemente la vida se encarga de disponer a su antojo, sobre los pómulos despistados de la expectante ignorancia del mañana, esa niebla que nunca se despeja sin la ayuda de la esperanza, solar e indiferente. No es una lección, ni ley, son sólo palabras, engarzadas para pergeñar de sentido a cierta costumbre que reconozco en los asientos contables de un cuaderno que todos negamos haber escrito alguna vez.
Hablé más arriba de la idiocia, preocuparte por lo propio, y con un punto de estulticia asumida por sus consecuencias, como la mejor forma de saborear el discurso del propio fracaso. Saber que malograr no es necesariamente no lograr, no niega el esfuerzo, pero como éste no es mensurable, no conviene apelar al mismo, y aún así, pocos son los que se resisten a no citarlo en las alegaciones. Negarse a detallar el camino es de una elegante obstinación y creo que de hacerlo, los baches, los charcos y todos los apelativos de cacofonía más o menos adquiridas que se presenten, acabarían por provocar que nadie quisiera acompañarnos. El ruido es parte de la música, y el silencio, aún más. Cantemos, pero no esperemos al coro.
Unas palabras de Planells al final de sus Últimas Confesiones de un escritor: «Aunque ver publicado sin problemas lo que en el fondo es una chorrada, y no conseguir que nadie se interese por textos más cuidados como los aparecidos en este blog, es para deprimirse»
No puedo evitar sentir el pudor más necio, aquel del que desconocemos los verdaderos motivos, para no deprimirme pensando en que ya nada se puede hacer, nada que hubiera salvado a Planells de la depresión, o de su tentación, resta el consuelo de adjudicar estas palabras al estoico en apariencia Juan Carlos, pero algo nos dice que sin querer «fluyeron sus lágrimas», ese algo que puntea sus textos de frases cortas y cortantes. Sea pues así, y no juzguemos más allá de la mera cortesía.
Solo añadir que la catástrofe remata la tragedia, y ser uno mismo, el propio interesado, aquel que sólo pudiera escribirla, debería ser un derecho, como la eutanasia, y otras similares etimologías del bendito Griego. Con permiso del Latín.

Coda: Hoy me río del fracaso de las lenguas muertas.

Saludos, anónimo, hoy sí, Lector.

La Absolución

Las moscas han hecho de esta casa su morada, parece que se refugian de una muerte avisada, sé que ignoran este hecho, de lo contrario tendrían leyendas y cuentos, tal vez sea yo quien al saberlo sea el dios arbitrario de sus últimos días. Mamá odiaba los cambios de septiembre en que las tatarabuelas de éstas, mis moscas adoptadas, obligaban a esconderse de su manía asesina, inspirada por el higienismo tan al uso en esa huida del campo y cuanto le recuerde. Las moscas, fieles como mascotas, nos siguieron. Mamá creía que en su caso lo hacían especialmente y con empeño, renovando así, cada año, una guerra de la que no recuerdo su fin.
No quisiera ofender a Mamá y sus tradiciones, por muy absurdas que algunas me resulten hoy en día, le debo en gran parte los motivos que esta tarde han hecho detener mi mano. Avanzaba mi decisión de acabar con este exilio encontrado al amparo de mi descuido, cuando he recordado el esmero con que mi madre recibía por igual a las visitas, sin importarle jerarquías, bajo su techo y sobre el hule, todos obtenían por igual el excedente simulado, pues en casa nunca sobró nada.
He decidido que las moscas se queden, no soy su dios ni me lo agradecerán, pero ya imagino como se burlarán de las odiosas cucarachas. Mamá nunca las soportó, ni me enseñó a hacerlo.

Saludos, Anónimo Lector.

Manía

Sacrificar un rey para que el rey viva había sido olvidado de tal manera que se empezó a dejarlos morir por accidente, nada lo justificaba pero la impiedad era ya natural en los días en que nadie recordaba la razón de nada, no se comprendía que no era el rey, era todo el orden el que lo justificaba a ojos de los nacidos bajo el miedo de la reverencia al poder de la muerte de la diosa.
Defenderme del próximo no tenía mas razón de ser que pagar por la noche en que me bañé en la sangre de mi padre, ellos no lo sabían pero no lo hubiera conseguido de no haberse él dejado morir al ofrecerme su costado más blando, en un pacto que se remonta a los años en que la diosa era sólo nuestra, y el fruto de la semilla se escondía en las blancos muslos de aquellas que lloraban obligadas por el orgullo del rey.
En el planeta Aricia todavía se bebe la sangre del sagrado cuadrúpedo de las planicies de sal, en las noches del hipogeo de VI PGS, tras el surco procesional de las doncellas de la Estirpe, con sus cabellos enredados de lakmeta recién cortada de las dendritas de niebla, al alba, el día del festival, nadie falta, sabiendo que el futuro de todos nosotros depende la muerte correcta del furtivo regresando al hogar.

Saludos, Anónimo Lector.