Quince años no son nada y los son todo

Hoy mi hijo cumple 15 años, yo me fui de mi casa con diecisiete. Eran otros tiempos. Hace ya tanto que no sé nada de él que se diría que es un tiempo inmenso, al menos para mí. Me pregunto si es un castigo. Me rindo a la evidencia, debe serlo, la condena… por dejar libertad a los demás, a su madre, ciertamente, que es quien lo alejó de mi lado.

Llantos los justos. Quejas las mínimas. Lamentos, todos.
Todos somos seres morales con conciencia. ¿Fue culpa mía? Sí. La culpa de no negarme a mí mismo que las cosas nunca son como uno quiere y que los demás siempre hicieron conmigo cuanto les vino en gana. Pero con la culpa no se come, como siempre dijo mi santa madre.

Sólo soy uno más, un padre sin hijo por la voluntad de la inmisericordia. Yo nunca lo hubiera permitido de ser yo el otro, la otra en este caso. Pero la otra es hoy ley. Ley que no discuto, pues depende de la voluntad de mi hijo verme. Sé que algunos pensarán que algo habré hecho para que mi hijo no me quiera ver. Tal vez, tal vez el amor es la causa. El amor de verdad, no el puro capricho. El amor de la obligación de ir al colegio, ¿ cosa nimia?…cosa que a su madre le es ajena y ya son cinco años sin que el niño esté escolarizado. En nombre de un…enfermo imaginario y un apelativo de madre por definir…

Pero es culpa mía ¿verdad?…Sí, es mi culpa desear para mi hijo el universo y su misterio, desearle un mundo más rico, más pleno, más intrincado…como lo es el Cosmos en su llana inmensidad… de saber, no de videojuegos…solamente. Soy culpable, de haber querido lo mejor para mi hijo. Lo demás, excusas de sirena enajenada y lo está en sentido literal, a las pruebas me remito.

Hijo mío: Cuando despiertes, será tarde, para ti, no lo olvides. Tu madre ya ha vivido su vida, la tuya está por nacer…todavía. Como la mía muere sin ti un poco cada día.

Saludos, anónimo Lector.

Coda:https://www.youtube.com/watch?v=uzHMuKhR85M

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José Luis Pérez de Arteaga, in memoriam.

ferrier

Yo que, de humano tengo poco, lo necesario de ángel, la pluma… y de diablo un breve adminículo comparativamente gótico no soy quien para hablar de seres de otro mundo. No encuentro explicación ni consuelo para la nostalgia. Ella no sucede cuando regresamos doloridos y fatigados del viaje, nos acompaña como lo hace el aire que infla las neumas que nos llenan los pulmones de este aire viciado y nauseabundo.

La muerte de un ser al que admiras es muy “pop” si de repuestas desmesuradas hablamos, ¡Cómo añoramos ya la vida acabada!

Reconozco que la muerte de José Luis Pérez de Arteaga me afectado en tanto en cuanto era a quien sólo su voz y su imagen, esta menos, soy de radio, llenó tantas tardes de sábado y domingo que pareciérame inmortal, Y lo es. Hoy es un mito. Una constante aplicada, especialmente, a aquella que narra las acciones de los dioses o héroes de la Antigüedad, paráfrasis de un mundo que se acaba. Pérez de Arteaga no era de este mundo, y sim embargo lo conocía como pocos. A caballo entre el saber y el saber estar y sobre todo saber de lo que se habla, cosa hoy ruinmente escasa, revestida de verborrea banal. Él imperaba sobre la mediocridad.

No, él era de la época de los estardantes florentinos, los cortinajes de Versalles y de los tugurios de Londres, de mayólica germánica y de templos de madera lustrosa y algo vulgar, pues de todo podía saber y situarnos en el ambiente que en sus palabras eran ese punto de sal que endulza el postre. Y una voluta de humo podía sugerir una cava de Jazz parisina sesentera como nadie jamás describiría él en sus vericuetos, que siempre tenían aire de fábula, porque conocía la condición humana, como pocos. NUNCA juzgaba la vida ajena, sólo la narraba. Infolios como escollos en la playa de su sabiduría.

Son muchos quienes ya sabemos que una parte imprescindible de Radio Clásica no volverá. NUNCA.

No volverá a Ítaca, no llegó, porque nuca la buscó. Pero el camino, junto a sus venturas e insatisfacciones por no haber llegado, son hoy y lo serán por los siglos, pocos, nada dura, tendremos en Pérez de Arteaga el eco de su voz, sus coletilla siempre acertadas y que no volverán de viva voz, pero gracias a la nostalgia, resonarán en nosotros como la mejor de las maneras de sentir, de apreciar y de conocer un Mundo, no sólo el De la Fonografía, el suyo. El que nos regalaba siempre. Misterio y enigma, y eso no se paga con óculos al barquero. José Luis vivirá como los héroes, esculpido en pórfido en nuestros corazones. Al menos en el mío…

Saludos, Anónimo Lector

Adiós, no, hasta siempre, maestro…perdóneme el atrevimiento.

arteaga

Hoy ha muerto José Luis Pérez de Arteaga
Un Dios, copio la entrada de su aniversario, treinta años de un Mundo:

https://pforsini.wordpress.com/2014/12/19/el-mundo-de-j-l-perez-de-arteaga/

No puedo añadir nada, fue mi compañero desde que fui niño….
Saludos, anónimo Lector.
El dolor es una cuestión de conocimiento.

Madre de mi amor inmerecido

mirar

Miro a mi madre postrada en la cama de este hospital, uno como tantos otros repositorios de la vida moderna, donde alojarse en tiempos de islas antaño alejadas. Alzo la vista y la constelación de Orión, el eterno cazador, persigue su propia condenación. Veo a mi madre e intento imaginar esa bacteria que la está debilitando y me pregunto si en su idiocia los microbios cazan porque son así por castigo divino, o tal vez sea todo un efecto de su minúscula sustancia. O tal vez pertenezcan al reino del azar más aciago para el ser humano. Son tantos años con ellos que se nos olvida que están ahí…

Miro y Venus ha girado alejándose el lucero, pareciera no querer asistir a este espectáculo. Y así se alejan mis mejores deseos tenuemente disimulados, y se apodera de mí el temor. El miedo de lo que uno sabe que puede suceder. Es el pavor, no a lo desconocido, lo he visto ya tantas veces que se diría que he estado ya allí, en los momentos que no quiero nombrarme, y sin embargo ya he vivido.

Mi madre duerme, reposa, descansa, mi ser se agita ante tanta quietud incomprensible.

Llegada cierta edad, la vida nos presenta su lado amargo, es la hiel del precio por estar vivos; en el caso de mi madre, al poco de nacer, la misma vida se apagó en su madre, su padre y un hermano que apenas viviría un día saludando al sol, decía pues, a los cuatro años, mi madre, que ahora descansa, no tenía más familia sus dos abuelas a quienes, también la vida se llevaría pronto, segando de tal modo un futuro distinto. A los doce años calló en manos de una cierta persona que la trataría como a un remedo de la cenicienta, pero esta arpía no contaba con que un día llegaría el príncipe más pobretón del Reino y la enamoró con su dos ojos azules, poca cosa si se medita, y las pipas para el cine: mis hermanos y yo somos el fruto de unos pobres desgraciados. Y si por si acaso esto que he narrado no conmueve, mi madre, quien ahora dormita alejada de todo pensamiento, vio morir a uno de sus hijos a los doce años de edad con quien compartía cuarto conmigo.

Sí, la vida no es fácil. Mi madre huelga decirlo, dejó de creer. Dios perdona, mi madre NO se lo perdonó, nunca. Y el Dios de los reproches continuos ahora guarda silencio y calla. Como suele suceder, desde entonces: nada nuevo desde la cruz y sus reliquias.

Escribo esto mientras espío la duermevela de mi madre, mi Santa Madre, cada uno tiene su santoral particular y en el mío por supuesto lo preside mi Madre, con su delgadez momentánea y su dormir suave, con sus gestos de modestia, con su corazón de par en par abierto al dolor ajeno, con sus manos maltratadas por la artritis de tanto trabajo ímprobo e ignorado por quien siempre sabe más que nuestro propio cuerpo, con su alma suspendida en un gotero ¡Cómo odio tanto nombre ridículo para algo que es transparente!. El Mal, no el mal de la enfermedad, el mal de lo injusto.

SÍ: la vida ha sido muy injusta con mi madre, pero ella en su bondad sin cuento no la sintió nunca como tal. Aguantar y aguantar, día tras otro, mes tras mes, años sin fin, todo lo asumía entre lágrimas secas y llantos quedos, hasta que nosotros su hijos renovaron cierta sonrisa en la doblez de sus ojos, pero nunca la vi gritar al Cielo, ese cielo lleno de inmortales dibujos animados por el rotar de esta bola de tierra y agua. La tierra que pisó mi madre, descalza y otras veces, con suerte, con unas zapatillas raídas para todo un año, y el agua del río donde alquilaba para una de sus abuelas los cajones infectos para lavar la ropa, aquellos años de miseria, moral y cotidiana.

Ya entonces querían tomarla por tonta. Es lo que tiene ser buena, los demás, indefectiblemente, te toman por tierra abonada al abuso y la iniquidad, para desdicha de mi madre, que de buena es pura ingenuidad. No se equivoque el lector, cuando algo se ha interpuesto en la felicidad de sus hijos, mi madre, que todavía duerme removió cielo y tierra, y todos los falsos suelos de formica lustrosamente oficinista por nosotros, para nosotros, y su carácter afable se mostraba como un relámpago tintineante, mostrando así que incluso la rosa más ladina nada tiene que hacer contra el pétreo cactus de la voluntad materna.

El amor es la suma de lo bello, pero el precio es casi siempre desorbitado. Cosa esta para pensar.

Esa bacteria que anida su colon como las vistas pesadas, pretende acabar con lo único que hace soportable mi vida: ¿irrisorio, verdad?

Mi madre, quien acaba de abrir los ojos para enseguida cerrarlos de nuevo, me ha mirado, una pausa en su volar por el éter donde miles de estrellas me parece que quisieran esperarla para ofrecerle amorosa compañía ¡No queridas, todavía no!

Necesito de su amor incondicional como necesitado estoy del saber que nunca, sin ella, volveré a ser quien fui, gracias a ella. Soy tan suyo como Ella es mía, cierto, es cierto lo que piensan algunos indigentes al cariño, nunca se rompió el cordón, no por pereza o comodidad, sino por compasión: mi madre siempre supo que yo, precisamente yo iba a ser quien más la necesitara. Como así ha sido. Ese cordón hoy se balancea en un delirio de circo maldito…por algo siempre odié el circo y su abalorios en forma de fetiches.

Fui un niño débil, enfermizo y llorón. Hoy lloro por mi madre y ella llora sin lágrimas por todos sus hijos, su marido, sus nietos, sus soles orbitando en torno de ella cada vez que la ven. El círculo se cierra. ¿Qué sería del mundo sin las lágrimas de las madres? Un erial. Ellas riegan lo bueno y puro que los demás hollamos con nuestra indolencia, parsimonia, por no pararnos a pensar que nada tiene sentido… como es mi caso. Sin mi madre todo será gris, el negro lo reservo para mi última noche en este mundo. Solo, como temo sin miedo.
Mientras el amor de mi madre alimente mis recuerdos el color del mundo se tornará grisáceo, ceniciento, nunca mejor aplicado, como estas nieblas matutinas tan acordes con mi estado en estos días. Y al fin, el Negro, ese llegará como siempre nos llega la postrera pátina.

Los ojos de mi madre reposan sobre sí, avisándome, pero miro a lo alto, tras la ventana y es entonces cuando comprendo que el mundo es indiferente al color de una mirada por la que cambiaría todo, mi triste cuerpo y mi alma derrotada. No hay sacrificio posible. Todo lo es. Y nada es nunca suficiente para aplacar la soberbia de la naturaleza, la humana, pero hoy la humildad no está de moda. La humildad de mi madre, su buen talante, son cosas que ella porta con la natural destreza de una abeja recolectora, volar para las demás, mientras duerme, el cansancio de tantas idas y venidas le están pasando factura y ella nunca quiso dejar deudas. Por todo hay que pagar, hasta por la bondad, por supuesto. Sobre lo malo, ya no estoy tan seguro. Azar y misterio, decía una vez, que todo así en la vida es. Puro azar.

Mientras duermes, tú, mi madre adorada, el alma que me habita como la mía misma, no es capaz de hacerlo, alejada de mi cuerpo, por culpa de la insensatez de querer ser como tú, qué digo, parecido a ti, se desperdigan los recuerdos entre la sábana que te arropa, trasunto de mis brazos de mis labios mientras parces descansar, lucho contra la imaginación atroz que nos hace humanos, esa condena que nos hace conocer las variables con que la enfermedad juega con tu vida como si el maldito circo te iluminara, esperando la señal que ponga fin a tanto vulgar jolgorio.

Los días, cada día más se alargan, mis fuerzas no menguan, se aquilatan y escribo. Siempre quise que estuvieras orgulloso de mí. Como yo lo estoy, en la inmensidad de mi pobre ser, de ti. No me ciega el amor, lo hace tu luz. Allí, en el cielo, un día serás de nuevo trazas de estrellas, como hoy, que no ceniza infecunda, y esa será la falsa manera humana de soportarnos en la mentira, pues… El Amor, el verdadero, vence a la Muerte.

Y lo hace por mor de nuestra necesitada voluntad.

Saludos, Anónimo Lector.

un plato frío

y-que

¿Y qué?… si te quise
¿te quise acaso…?
Te soportaba, como se espera
que pasen los días…uno tras otro,
callado para que acabara todo.
Como así fue,
la lluvia, tan necesaria,
cesó cuando se agotó mi llanto quedo.
Con un “nombre” terminaste
con aquel sufrirte.
E intestaste, fiel a tu entender, mentirme:
cómo si mi conciencia hubiese nacido ayer.
Qué poco me conocías,
aun presumiendo de ello.
Bien por él. “Tan bueno…” lo disculpaste:
comételo, entero, como devoraste
lo bueno y puro que quedaba en mí.
Y tú creías, necia,
que lo nuestro era profundo…

Pues NO. Era vulgar,
tanto como una sopa de sobre.
Pobre de quien te sorba hoy en día,
su mundo será un plato de fideos de cera.
Nuestro mundo era tu mentira
alimenticia alucinada de quien
no se soporta ni a sí misma.
Espejo deforme del saberse sola,
y sin nada más que ofrecer que un óvulo…
Infortunado, también él…
a quien ni siquiera sabes entretejer apenas,
entre tus manos vacías.
Esas que usas para beberte
el infinito que no te tolera,
creyendo ver en el fondo de la pinta,
una faz que te consuele de tu maldad.
Reina, te creías, en mis brazos
que nunca fueron tuyos
y eso te llevó a la playa de la ira,
de dónde nunca saldrás.
Ociosa hasta para eso…
la culpa siempre será mía…
¿Verdad?

¿Y qué?… si te quise
Si nunca lo hice….
pero todos sabemos disimular,
incluso el amor, años,
década y media de rehuir tu iris
que pudiera descubrir la verdad.
Agotador fue, pero no tanto como para morir.
¿Y qué si no me amaste?
Si nunca lo esperé, no nací tan tonto,
sí estúpido, innegablemente,
y sobre todo bueno, ingenuo se diría,
algo que jamás leíste en mis labios,
tus runas de hiel te lo impedían.

¿Y qué si no me amaste?
Si no sabías más que beberte
tu propia indulgencia y fantasías…
¿Y qué si todo fue mentira?
A tu lado todo lo era, como lo son
los sabores envasados: Sal y glutamato.
Eras un dolor constante,
pero no tanto como para matarse por ti,
como tanto te hubiese gustado, a ti y a tu madre
Eras molestia cotidiana,
tanto lo fuiste que dejé un día de verme.
Para sólo verte en tu decadencia…
Y en ella me arrastrabas.

¿Y qué?… si te quise
Errores de años y cobardía,
que otros llaman lealtad.
¿Y qué?… si te quise
“Si ya estoy muerto para el mundo”

Vivo, aunque te duela en tu orgullo,
aunque quisieras llevar flores a mi tumba,
de plástico, claro…y parco.
Maldice hoy estos restos del plato que se sirve frío,
yo ya ni me molesto en hacerlo…
Nunca supiste cocinar,
ni siquiera una mal disimulada felicidad,
sin estar llena del licor del sol de RA…
ese que te hace sentir viva,
y te engañas cada día, recuerda,
que te conozco, porque te padecí…
embebida de orgullo, soberbia,
y sobre todo más allá de toda cordura,
al final todo sale, hasta el mal
acaba por aburrirse
y salió a tomar el sol en tu mohín,
de peluquería de saldo.

Una vez se te escapó:
“eres mi mejor amante”.
Tu única verdad, el amor,
el tuyo fue siempre egoísmo
…y yo, nunca, nunca fui tuyo.
Pero eso ya lo sabes,
como sabes que nadie
será nunca de nadie, mientras
haya quien como yo,
deje mi alma en manos ajenas y vacías.

¿Y qué?… si te quise

¿Y qué si me amaste?

¿ Y qué…?

JFC, Diciembre, 2016

Saludos, Anónimo Lector.

Rosa, rosae

rosa,rosae

rosa,rosae

La defensa de la rosa
no es su espina,
por mucho que te duela
ni el aroma de su perfume
que tanto te enloquece
ni sus estriadas hojas
a tus ojos inadvertidas
ni sus colores inventados
en todas las gamas del ingenio
fruto del tedio y la molicie.

De la rosa, su defensa
es su ausencia de saberse bella,
deja pues, tranquila, la tijera,
si la cicatriz que la erosiona
del calor ya padecido,
la salva, a su prematura hermosura
nace perfecta, deja que muera
como tú no evitarás hacerlo.

Es el dictado de la rosa su defensa
mientras un enamorado la celebre,
la enuncie sin comprenderla;
ningún sostén de alabastro,
cristal o simple y pobre barro
la haría más bella, ni nadie,
ni la enamorada en su falsa certeza,
pues si la isla sagrada la recuerda,
no visites con ella en el ojal
santuario alguno ya arruinado
que mancille así tu poca honra.

Burdeles de pétalos son tus fines,
si con ellas quieres alfombrar tu gracia
no serán las rosas tus flores,
lo son tus crueles intenciones,
y no hay honores que perdonen
tus asesinas manos cuando llores,
al verte marchita y rodeada
de tus propios y recurrentes errores.

Natalia Antirogrés

Saludos, Anónimo lector.

Un mugido en la noche

Morille

Las vacas han retomado el lamento de su mugido. Inextinguibles, día y noche se las oye sufrir. Sus terneros han partido ayer pero ellas no lo comprenden. Hace ya un año que las escuché desde este retiro obligado que también termina para mí. Marcho a una nueva aventura, otra más, son tantas que ya no las cuento. Siempre me consideré un cobarde. Por ello, debía ir cargado con un exceso de equipaje que, sin embargo, mengua con los años. Al contrario que la mayoría de las personas de mi edad, alcanzo con un sólo vistazo el total de mis pertenencias, ya he pagado, pues, el paso por el fielato de la vida. ¿Dónde están hoy los terneros? En los estantes donde acaban los hijos de nuestro alimento, y si lo pienso, se me revuelven las tripas, pero algo hay qué comer, y como la moral, algo debe ser elegido.

No hay una palabra que, por desgracia, describa a un padre que haya perdido un hijo, hay una rara orfandad para tal circunstancia en el Español, tan fecundo para otras cosas. Pero yo no lo elegí, él sí, cada día. Y cada uno de ellos mujo como la vacas enfrente del otro lado del regato.

Triste alegato: sordo y ciego bramo lanzando a la medianoche mis condolencias por las desesperadas reses, jamás debe uno burlarse del dolor ajeno una vez conocido, y del ignoto aún menos. No me fío por tanto, ya, de ninguna sonrisa.

En Morille, en intempestivas noches de estrellas sin fin aparente, puro artificio del parco sentido, como lo es la dimensión del sufrir del otro. Silencio, sólo cabe callar y escuchar atento, por educación, el mugir ajeno.

¡Qué Atenea Boudeia nos guarde!

Saludos, anónimo lector.

Coda:
[…]EDIPO. -Hija mía, ¿se ha ido ya el extranjero?

ANTÍGONA. -Sí, padre; y tanto, que puedes decir tranquilamente cuanto quieras, que sola estoy a tu lado. […]

De Edipo en Colono. Tragedia griega de Sófocles, escrita no mucho antes de su muerte en el 406/405 a. C., y llevada a escena en el 401 por su nieto Sófocles el Joven.

Recomendación

Dedicado a Carmen, ella sabe el porqué.