De la Fama familiar: Hambre, pudor y yerros

Fama y Fortuna

Preámbulo:
(…) se dio a la estampa el Amadís, que Bernardo Tasso leyó ante la corte de Urbino y en el que se han señalado alusiones a Vicino Orsini y a su Sacro Bosque, porque mi fama y la de mi invención aumentaban con el tiempo (…)
M. Mujica Laínez. «Bomarzo».

Ya he sobrepasado la mitad de mi vida, Dante bien lo sabía, o tal vez creyó vivir un tiempo que bien sabemos no se concluyó. Y sin embargo trasegar es parte de mi todavía. «Il Sommo Poeta» venció a la muerte con su magna Obra. Los humanos somos así, jalonamos la vida con nombres de algunos seres excepcionales, bien por su contribución al espíritu humano en el saber, la ciencia, la fe o a la belleza. La «belleza» de saberse ser único y de la Creación incesante de la vida. Esta última es una manera de englobar todo lo anterior. Pero también su antagonista, el Mal, y su supuesta atracción tiene su cupo entre los nombres y efemérides de un calendario tan extenso como lo es la evolución humana.

Los anónimos millones de seres, hoy osario de ceniza y polvo sin cuento, que han hollado el barro y sus charcos de anodina existencia tienen sus «santos», ya sea la simple familia o aquellos que de algún modo hicieron vibrar su alma con un libro, una batalla, una puesta de sol de aceites y pigmentos, o tal vez por necesaria una sencilla y amable acción de amistad, igualmente desconocido e ignoto gesto para el resto de nosotros.

Los hijos son siempre una cosa aparte, como las madres, y los padres, sí, ellos, que contra toda estúpida corrección también son trascendentales. ¿Se nos olvida por descuido? Lo dudo. Todos seremos parte del recuerdo breve, en términos cósmicos, recordados por alguien a quien «dimos la vida». Aún sin saber el nombre, el hecho es que cada cual tiene su santoral de recuerdos privado. «Pues, o no se debe tener hijos, o hay que fatigarse para criarlos y educarlos. Me parece que tú eliges lo más cómodo». Platón, en su «Critón», para añadir un compungido Critón: «Se debe elegir lo que elegiría un hombre bueno y decidido, sobre todo cuando se ha dicho durante toda la vida que se ocupa uno de la virtud». Qué no de la Fama, añado yo.

No obstante el mundo muta y muta, y tal vez para siempre, como lo es la rueda de la Fama, o los que creen aspirar a la misma hoy en día en su Fortuna como pretexto.

En el pasado obsesionaba a ciertos y cientos de personajes, como ahora, la Fama y la Gloria póstuma. La Fama no es sólo mieles, también hieles. Bien lo saben los hijos putativos del aforismo de Warhol de obligado y tedioso recuerdo. Nuestro extraordinario Jorge Manrique reproduce en sus coplas los trazos que conducen a la Gloria, o la Fama, en suma, otorgando al poema elegíaco del poeta una curiosa inversión de su objetivo, al final, como es bien sabido el que pasó a la Gloria literaria fue el hijo. No es lugar aquí para desglosar la historia de la Fama, esa “tercera vida…” el pie quebrado del caminar de mi ignorancia me lo impide. Y ya se sabe que doctores tiene la universidad y la red estará llena de tales marcas. Por tanto no me interesa aquí desglosar como ha mutado la «trazabilidad», permítaseme el palabro, de cómo ha se alterado, o mejor dicho, se ha ampliado ese subirse a la Gloria, como en la, para mí admirable, obra teatral de Víctor Ruiz Iriarte. Cita obligada: «Napoleón.—(Allá, en el fondo, como hablando a la tierra desde la gran balconada) ¡Mundo del siglo xx! ¿Qué gente es la tuya que entre tantos millones de seres no logras enviarnos a la Gloria un solo hombre todos los días? ¿Qué humanidad habéis formado tan ruin y tan poco ambiciosa?»

No quiero destripar la obra, pero debemos recordar que el “actor” que llega a la Gloria, a continuación… no fue, desde luego, Marlon Brando por su pésima actuación de Napoleón.

Es de suponer que hoy en día la Gloria estará actualizada, de premios nobel, de gente de la farándula fina, de deportistas, científicos… de estos lo cuestiono seriamente, o tal vez no, y la Gloria sólo admita a aquellos que han pasado el tamiz de algún siglo que otro, por si caso, de lo contrario estaría tan abarrotada que no habría espacio para tanto «famoso» como este siglo y el pasado han dado a una lista interminable. Y aquí surge una pregunta muy pertinente: ¿imaginamos a Hitler ascendiendo, toda vez qué, es alguien a quien se cita en cualquier discusión de Internet…? Tal vez haya dos «Glorias», la Infamia, donde también pernocta de por vida Eróstrato, por quemar el templo de Artemisa, maravilla del mundo antiguo. Durante siglos se contaba que estaba prohibido siquiera hacer mención a su nombre, como vemos sirvió de poco, bueno, para hacer citas culteranas sí.

Todo se ordenaría si el Chambelán de la Gloria esperara al cumplimiento de los versos del famoso himno Dies irae: Quantus tremor est futurus,/quando iudex est venturus,/cuncta stricte discussurus! Atribuido a un amigo de San Francisco de Asís, Tomás de Celano. Es un himno engañoso: Huic ergo parce, Deus./Pie Iesu Domine,/dona eis requiem. A ése, pues, perdónalo, oh Dios./Señor de piedad, Jesús,/concédeles el descanso». Siempre queda la esperanza, pues.

Recuerdo ahora la petulancia exagerada del escritor Terenci Moix, quien tituló uno de sus programas de televisión…«Más estrellas que en el cielo», si bien el nombre era el conocido lema de la Metro Goldwyn Mayer, estudios a todas luces pomposo, y que siendo uno de los grandes “Majors” de Hollywood habrá de proveer, a buen seguro, de “Estrellas” al firmamento de la Gloria, si bien prefiero las de verdad. Por muy lejanas con sus insignificantes luces titilando ante mis miopes ojos. Cosas de la distancia, la misma que separa al famoso de hoy al de antaño. Por el programa pasaron casi todos los fetiches vivos aún en aquellos días del escritor, si bien, yo recuerdo con más ahínco la colección de peluquines del renovado Terenci, eran un prodigio de naturalidad en medio de tanta miel, melaza y azucarados como melifluos interrogatorios a tanta estrella del “Star System” tan particular del autor de «No digas que fue un sueño».

«Todos me recordarán a través de ese mozo insolente. Napoleón ya es Robert Lorry». Se queja el verdadero Napoleón en la obra de Iriarte, y tiene toda la razón, el mundo prefiere la película al libro, y por encima de todo, a la verdad. La simple verdad, desiderátum imposible ni siquiera a la luz de tanta estrella, nuclear esfera, como habitan en su fulgor alrededor del centro de neutra Vía Láctea.

«No hay cosa que incite más las vanas ambiciones que el resonar de la fama ajena». Dice B. Gracián en su «Arte de la Prudencia». Hoy en día el mundo está lleno de estrellas que caminan entre los mortales, que «son inspiradoras», como dicen los anglosajones de personajes como Lady Di, que en paz, y tal vez en la Gloria descanse, la Princesa del pueblo, oxímoron de ornitorrinco donde los haya.

Debe de ser así en la Commonwealth of Nations, no en la Piel de toro, la nuestra, nuestra princesa de la plebe, sólo inspira un chirriar de pandereta. Por algo dicen por allí esto: «Work hard in SILENCE, let SUCCESS make the NOISE» (Trabaja duro en SILENCIO, y deja que el ÉXITO haga todo el RUIDO). No dudo del trabajo ímprobo de Lady Di para soportar a la familia real que fueron sus «parents-in-law». De ahí que largara cuando se libró de ellos lo que aún no estaba en los escritos, pero ese gesto la reconcilió con su grey, cosas de la vida actual. Hacer de un fracaso un éxito, que recuerda Gracián. El ruido se lo hicimos nosotros todos desde aquel día aciago de Agosto para ella. No para la Gloria.

Vivimos tiempos donde todo es inspirador. Un “buenismo de élite moralista” se ha impuesto a la paciencia de hacer bien las cosas. Acallar la conciencia participando en “algo más grande” que nosotros mismos, hormiguitas del día a día tedioso como insípido. Todos podemos ser anónimos satisfechos con ser miembro de una ONG, esos Montes de Piedad tan actuales que dan certificados de calidad por un módico precio.

«Dependen las cosas de las circunstancias, y el que sube hoy, baja mañana, y no pasará vergüenza si no hace escándalo en un caso ni en el otro. Necio y fracasado es quien de vanidad se llena» Gracias, Gracián, de nuevo. Y ya, si de «redes sociales» hablamos, no hay aforismos todavía para describir la vida de las «efímeras» (Ephemeroptera opinionum) que emergen en el ocaso y por la mañana han muerto o viceversa; «Por eso, son pocos los Sénecas, y un solo Apolo ha logrado la fama». Baltasar nos dice, again. Lo de ser Trending Topic es hambre para hoy y ansia para mañana. Tendencia de un famélico pozo indesbordable de trinos de corto alcance y menor trascendencia.

Dato curioso: «La civilización del espectáculo», de Mario Vargas Llosa sólo menciona unas escasísimas ocasiones las palabras “Gloria” y “Fama”. Es lícito preguntarse el motivo, en alguien tan preocupado por «la caca de elefante en los Museos». Escandalizado por algo nada original a estas alturas por otro lado. (Hablaba así en 1997…) Y siendo él mismo una “gloria” de las letras. Pero no todos son Petrarca, ni en la emulación ni en la envidia, motor perpetuo de tanta aspiración banal.

(CCXCIII) Del Cancionero de Petrarca.
En la muerte de Laura.

(…)Y sólo en aquel tiempo era querella
con que templaba el corazón mi canto
de cualquier modo, sin buscar la fama.
Busqué llorar, no gloria hacer del llanto;
y hoy que querría gozar tal gloria, ella
mudo y cansado así, tras sí me llama.

Recomiendo caramente la obra de Iriarte. Es breve y curiosa, «llena de encanto». Y además, no hay que esperar al soporífero Godot para entenderla.

Coda: CESARE
Goda pur or l’Egitto
in più tranquillo stato
la prima libertà. Cesare brama,
dall’uno all’altro polo
ch’il gran nome roman
spanda la fama.
JULIO CÉSAR EN EGIPTO

Saludos, anónimo Lector.

Obsequio: Carmina Burana [ O Fortuna ~ Fortune plango vulnera ]

http://www.kareol.es/obras/cancionesorff/carminaburana/texto.htm

Una respuesta a “De la Fama familiar: Hambre, pudor y yerros

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