Del bienpensar: «Nuestra ortodoxia es la inconsciencia».

Big Brother

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Poco podía imaginar quien esto escribe que un día, muchos años después de leer por vez primera la novela de G. Orwell, «1984», trabajaría, en un tiempo de ilusión efímera en la ciudad de Twickenham, donde en sus antiguos estudios, hoy desaparecidos, se filmó una parte de la película homónima que se estrenó con motivo de la efeméride derivada del título a mayor gloria del cine de Albión y de los estrenos oportunistas. (Debemos recordar que la novela trascurre de Abril a Junio de 1984).

Fue un acontecimiento fallido a tenor de las críticas sobre el citado film. Otros tantos años después, de habérmelo predicho alguien, lo hubiera tomado por un demente de insinuar que encontraría tan certeras las palabras que en aquel volumen ajado y desconchado, como una paráfrasis de la ambientación y el trasfondo del film, rezumarían hoy como ayer y encontraría un motivo para aludir a la sociedad que hoy vivimos y padecemos, y que Orwell, nunca deseó fuera posible. De ahí su enormidad profética. Y de aquí que lo rememore; mientras yo cocinaba y me esmeraba en preparar “properly”, cómo no, las miles de múltiples formas en que el ingenio británico ha dedicado al sándwich, en el nunca bien ponderado Pope’s Grotto, con el tintineo de aquel Oberón de nombre de pila tan leopardiano por cada rincón, hubiese debido yo por otra parte, y de aguzar el oído, escuchar cómo cerca de allí todavía flotaban los quejidos y más aún los quebrantos fantasmales de John Hurt…Con Un R. Burton moribundo, paradojas del cine y de la vida.

He aquí algunas de sus consideraciones, las que me atañen y las que afectan a todos…

«Es curioso: Winston no sólo parecía haber perdido la facultad de expresarse, sino haber olvidado de qué iba a ocuparse. Por espacio de varias semanas se había estado preparando para este momento y no se le había ocurrido pensar que para realizar esa tarea se necesitara algo más que atrevimiento. El hecho mismo de expresarse por escrito, creía él, le sería muy fácil. Sólo tenía que trasladar al papel el interminable e inquieto monólogo que desde hacía muchos años venía corriéndole por la cabeza. […]

De repente, empezó a escribir con gran rapidez, como si lo impulsara el pánico, dándose apenas cuenta de lo que escribía. Con su letrita infantil iba trazando líneas torcidas y si primero empezó a «comerse» las mayúsculas, luego suprimió incluso los puntos:

4 de abril de 1984».

«El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado». Se lee en la novela… y en el principio del film aludido.

¿No les suena de nada esto? ¿De verdad? No me lo creo en mi «viejopensar», sincera y llanamente.

Saludos, Anónimo Lector.

Coda, no puede ser otra que el Apéndice final de la novela: «Los principios de neolengua»:

«El vocabulario B: El vocabulario B consistía en palabras que habían sido construidas deliberadamente con propósitos políticos. Es decir, palabras que no solamente tenían en todos los casos implicaciones políticas sino que además poseían la intención de imponer una deseable actitud mental en la persona que las utilizaba. Sin una compresión total de los principios del Ingsoc era difícil usar estas palabras correctamente.[…]

Pero la función especial de ciertas palabras de neolengua, de las que viejopensar era una, no era tanto expresar su significado como destruirlos. Estas palabras, pocas en número, por supuesto, habían extendido su significado hasta el punto de contener, dentro de ellas mismas, toda una serie de palabras que como quedaban englobadas por un solo término comprensivo, ahora podían ser relegadas y olvidadas. […]
La mayor dificultad con la que se encontraban los compiladores del Diccionario de Neolengua no era inventar nuevas palabras, sino la de precisar, una vez inventadas aquéllas, cuál era su significado. […]

Unas cuantas palabras hacían de tapadera y, al encubrirlas, las abolían. Todas las palabras agrupadas bajo los conceptos de libertad e igualdad, por ejemplo, se contenían en una sola, bienpensar, mientras que todas las palabras reunidas bajo los conceptos de objetividad y racionalismo quedaban comprendidas en la única palabraviejopensar».

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