Matar no es morir

Alamut

Atentados. Cada golpe asestado a nuestra convivencia, esa forma de paradigma que acatamos para sentir un poco de sosiego casero, cada crimen, decía, es un clavo en el madero que hemos dado en llamar Democracia, cada uno de ellos es un nuevo martillazo en esa cruz imaginaria que nos sostiene y ampara como una presencia de arraigo moderno, o no tanto, pues ya va siendo hora de reclamar la bondad de lo posible, pero es lo que tenemos, una cobertura que ellos, los funestos “mártires” según el día y sus consignas se empeñan en cuestionar con sus bombas, con sus ametralladoras, sus cinchas rebosantes de explosivos, que somos sus objetivos, sus víctimas, sus palomas, emotivos corderillos en el ara de la locura, como si ello fuera obvio, que no lo es. En modo alguno.

Poco importa que la geopolítica se utilice para llenar artículos donde culpabilizarnos a los que sólo transitamos de un lado para otro, en busca de un consuelo atroz, ¡Ojalá no sea yo el próximo…! Parecemos musitar.

Atentados. Esa palabra se está convirtiendo en el sobresalto del alma a cada poco. Del alma que no sabe muy bien manejarse entre los motivos y excusas que se dan a sí mismos quienes se lanzan a la muerte de otros con la fe absurda por no estar sancionada más que con la ignorancia de que por encima de las enseñanzas están los mandatos, los verdaderamente sagrados, que nos hacen humanos. Matar para la causa, sin verdaderos ni justos ni nada parecido a motivos. Por muchos pretextos que se den así mismos…Doctrinas de muerte… Esto no es una guerra en Europa, por mucho que lo intenten, que ya las hemos tenido, de sobra la conocemos, pero Europa, fue raptada por Zeus, y así nos va, es hoy campo abonado para cultivar granadas del Hades más impío, y del odio. «No Matarás»… dice el mandamiento y la Ley; y no hay motivo menos pertinente que el Mundo, quieren invertir nuestra humanidad matando a sangre fría y cobarde, a inocentes, todos los son en algún grado antes de acabar siendo “ellos”, personas, gentes, transeúntes, en suma, que sólo pasaban por allí. Corderos de nuevo al sacrificio…, singular metáfora en gente que sólo come según preceptos de hace ya tantos años que ya nadie recuerda a qué eran debidos.

Recuerdo que hace años leí una novela de corte histórico, y ficción, sobre El viejo de la Montaña, se titulaba «Alamut»1 en ella se describía los antecedentes de aquellas, hoy realidades de cuanto pasa. Al recuerdo de aquella lectura, repaso sin demasiado esfuerzo cuanto sucede hoy en día, a cada día, sin saber cuándo será el siguiente…

El mundo no ha dejado de estar en guerra, pero no es la «Guerra» de lo que hablamos. Querer desvirtuarlo todo con supuestas semejanzas y paralelismos, no conviene más qué a quien desea verlo así, y ser salpicado por la sangre, cree que todo somos culpables de la misma, la derramada en los países donde en efecto, la Guerra es un hecho, pero ahora todo es el mal ampliado, vaga resignación. Pero muy “progre”, como si la “posición política” salvara vidas, no, no lo hace, sólo lo hace el tiempo, ¡Ay! cuando vendrán las épocas donde «ser» no sea la causa de ninguna muerte que no sea hija de la natura atroz que ya de por sí, es nuestra implacable enemiga.

Antes de ayer, me negaba a hablar de la gnoseología de la muerte, pero hoy, no es de la muerte natural y normal de la que hablamos, es el asesinato, es el horror, es el mal, de nuevo, repito, y no es una cuestión religiosa esta maldición, es simplemente una humanidad inconcebible, en la que no hallo respuestas.

Estamos indefensos. O eso, o morir en goteos, no serán muchos, y sin embargo no hay remplazo para Nadie en el mundo. Gregarios modos de matar en nombre de esos dioses con profetas de dudosa cualidad ni debilidad por los derechos Humanos, empezando por el Amor, el primero, del que derivan todos los demás, pero es el amor al prójimo, no el egoísmo de saberse en el juicio divino; cuanta equivocación en tan pocas palabras, y todo por no ver a cada ser humano como lo que es, un misterio único irremplazable. Como lo son las madres y las hermanas y hermanos, hijos y esposas de los mártires inútiles que se suicidan para que sus familiares se asienten en eso que se llama Orgullo social dentro de la honra de su comunidad, sociología del Horror. Así se cuentan sus propios panegíricos. Pánico acomodado al llanto en su impertinencia que nunca ha de faltar. . O que les repudien, pero que lo digan ya de una vez por todas.

Los millones de refugiados, sirios, como tantos otros, huyen de ellos…nadie como ellos de camino aquí, saben de lo que son capaces, pero, y nosotros, ¿a dónde vamos a huir? Que alguien, humildemente, me lo explique.

Todos podemos elegir, que parece que se nos haya olvidado. Y todos, incluye a esos miles de occidentales enajenados que se van a la aventura de la insensatez, y de la muerte. Pero también incluye a quienes se autodenominan el verdadero futuro del Islam.

No, no voy a decir que en algo somos culpables, todos somos parte de todo, pero en días como estos, nadie recuerda su parte en todo esto, y es que ya es hora de gritarlo, vociferarlo hasta que sangre la laringe, hasta que seamos mudez por la inercia de la verdad, que en algún sitio se debe de esconder….Matar no es morir. Ni de lejos.

Saludos, tristes y aciagos, Anónimo Lector.

Nota 1: Alamut, es una novela escrita por Vladimir Bartol, publicada originalmente en 1938 y en esloveno, relata la historia de Hasan-i Sabbah y los Hashshashin en su fortaleza de Alamut.

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s