Mamá, bendita tú eres entre todas…

Evocación

Evocación

A todos nos llegan nuestros «idus de Marzo», esas fechas que bien sabe el lector solícito, nos obligan y responden como resortes de un engranaje de cuerda perfectamente compuesto para hacernos danzar cual autómatas, admirables máquinas sustentadas por la voluntad de su creador, preciosos pinochos repentinos, rutilantes relojes en hora, juguetes, en suma, dedicados a soportarse por leyes que nadie conoce salvo los mismos artefactos de carne tediosa y grasa colegida en su misma conjetura, y que viene siendo eso que mal llamamos cuerpo… pues el alma, en esas fechas abandona nuestra casa, para aleccionarnos, qué nunca sobra, ni la enseñanza interpuesta, ni la ilustración de qué somos exactamente, por mucho que sepamos fingirnos.

En esas fechas, somos lectores miopes de monumentos de basalto llenos de runas indescifrables, peregrinos de cruzadas sin causas santas ni disculpables, y entonces, es cuando no sabemos nada, sin alma…caemos en las conductas inadecuadas o equívocas, sin apelación posible ni alegatos en que parapetarse. Nunca se está preparado para la vida sin esperanza.

Sin esperanza, ¿qué somos? Gritos sordos al aire de los demás, más ahogados a cada bocanada aún por decir, animalillos con que tolerar el mundo circundante, seres incompletos al otro lado del espejo, el verdadero, allí donde todo es como bien saben los niños, somos, en efecto, sombras sin el apego de lo material, sin sus barruntos ni coartadas, deslices fugitivos en la deliciosa como terrible estadía de lo inhumano. No es el infierno, pero ¡Ay! tanto se le parece, que de creer, acabamos sabiendo en qué consiste la esperanza.

Esa forma de fe, que en otras fechas y otros días, otras vidas enteras sin final a la vista, fueron el libro donde escribíamos con paciencia o celeridad, cada detalle o el fárrago indiscreto pero siempre había algo que anotar. Ya fuera el paso del dolor a la dicha, pero sin alma, reitero, somos tan analfabetos como los asnos que pastan pollinamente en medio de nuestra imaginación bovina. Sin esa alma, llevada al exilio por esa crueldad de la falta de esperanza, sólo la piedad ajena nos puede proveer estelas por donde reconvenir nuestra vida, siempre que no sea ya tarde, el tiempo no sabe ni comprende de nuestras cuitas, ni le importan, para eso es espacio en movimiento perpetuo. Como la cuerda del autómata…

La esperanza es una ilusión, la más supuesta entre tantas bellas menciones sobre la belleza de lo imaginado, bien lo saben quiénes en ella confían, el alma es la inmortal creencia en la justicia del futuro, no es cuestión esta religiosa, pues sin alma no hay pizca de certidumbre para todos nosotros, es el espíritu en la voluntad del mañana, del que nadie escapa, es esa forma de promesa por consumar en nuestra mediocridad, pero no pontifico, cada cual debe resolver por sus propios medios tales cuestiones.

Hoy yo sigo en este lado del espéculo bruñido con la herrumbre de mis lágrimas. Arrumbado como me hallo, busco dejar mi alma en algún lugar seguro, una cajita antigua donde recuperarla que guardo desde aquellos días si no felices, sí seguros, una estuche de madera estriada de mi infancia, que me regaló mi madre, allí debe estar, esperando, para cuando regrese la esperanza, en forma de ilusoria gragea que tomar con el sabor de la hiel y el efecto del aceite de ricino, y en esa ingesta malsana para con la misma espera, volver a recuperar mi alma, que llamo «hermosa calamidad», y con ella, tomar las manos de mi madre y oferente fanático sacrificar todo mi ser por su bienestar.

En tales fechas, como hoy mismo, sin más que decir que no sean sandeces que nadie leerá, quiero gritar, para que vuelvan los días en que aún tenía alma y esperanza. Y me encuentro escribiendo, como un escribano de rima fácil, tan huero y vano, lleno de espanto me retiro ante mis propias palabras.

Quiero terminar con una cita de los Salmos más repetidos hasta la saciedad y por tanto menos entendido

Salmo 23: Citas
El Señor es mi pastor
23:4 Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:

23:6 Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor, ( en el alma de mi Madre)
por muy largo tiempo.

Saludos, anónimo Lector.

Coda: Mamá, bendita tú eres entre todas.

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s