Ese hormigueo que se arremolina en las sienes

11M

Es el tiempo enemigo el que me acosa con su compás. Se dilata, se riza, o se sujeta con freno de parsimonia pasmosa y se olvida de que me arrastra, cuando no le da por entretenerse mientras espero a que sea él y no la misma vida en su quehacer, el que pase de largo, o bien se quede como cómplice, pero que me deje en la pequeña orilla de este islote a merced de la igual jornada, una vez que ya no soy capaz de distinguir el día venidero del ayer se va convirtiendo en el solaz de su misión, deleitarse al pairo de mi silencio para con el ir hacia adelante, ese anticipo inmóvil del que hace gala al no apercibirme ya nada del mañana, cual es mi caso, cual es mi forma de pasar el tiempo, a su lado y sin su consuelo.

En la ignorancia del futuro se nutre cada anhelo, y en esa bendita duda truncada por imperfecta, inacabable, campo abonado de regodeo, matamos el pequeño tesoro del que dependerá todo recuerdo…ese matiz, ese gesto, esa minucia, en esa alcayata de donde colgará siempre el resorte del que depende nuestra fugitiva memoria, de ellas, plateadas argollas de ínfima valía clavaremos una pequeña sinapsis de luz radiante y sencillas variaciones de una química con la que nutrir esta orilla del cuento inenarrable, esta epopeya nimia de nuestro pasar…

La lengua repetitiva del mar negro como su mismo fondo lame mis pies desnudos, y los retiro por cobardía, nunca se sabe quién habita en medio de las aguas que se mecen con la ánimo de la Luna y se van bailando en un vals sin fin, y como tal, vuelven, regresan así, no ya las mismas criaturas y sus fauces, sino esa condena del mar, esa expiación de cometas y meteoros helados llegados desde tan antaño como los recuerdos que aprisiono, tan viejo resulta todo que difiero si callar o llorar, pero no arranco a ninguna de las dos tareas y ni duermo, ni prorrogo ya nada que no sea mi misma oposición de saberme como fui, y como nunca más seré…

De repente caigo en la cuenta de que hoy es 11 de Marzo, y en lo ridículo que son mis palabrerías, y por tanto, debo callar. ¿Qué son mis penas en comparación con las resonancias del Mal que se esparcen como ondas gravitacionales desde siempre? Desde un Tiempo que sólo la perversidad más absoluta puso en movimiento para llegar a un día como hoy; silencio y quietud, pues, en el dolor, ese hormigueo que se arremolina en las sienes, confundiendo el dolor con el perdón.

Saludos, anónimo Lector, en este nuevo y por siempre aciago día suspendido en el Tiempo y su memoria.

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