Lee, pues, hojéalo, Guillermo

Sederunt principes...

Sederunt principes…

«Era una hermosa mañana de finales de noviembre. Durante la noche había nevado un poco, pero la fresca capa que cubría el suelo no superaba los tres dedos de espesor. A oscuras, en seguida después de laudes, habíamos oído misa en una aldea del valle. Luego, al despuntar el sol, nos habíamos puesto en camino hacia las montañas. »

Hoy Umbero Eco ha partido hacia las montañas. Las últimas o tal vez aquellas en las que «[Entonces]todos los hombres se esconderán en las montañas para huir de la mirada de los ángeles justos.» Esto será en el sexto día…Hoy los ángeles de las tesis pasadas y futuras tesinas, están atareados, cada uno pergeñando un obituario para con Eco.

Eco fue quien se encaró a todos los abades y mandamases del mundo cuando nos dicen con su rigor afablemente señalado y presuntuoso:
El Sederunt:
Sederunt principes
et adversus me
loquebantur, iniqui.
Persecuti sunt me.
Adjuva me, Domine,
Deus meus salvum me
fac propter magnam misericordiam tuam. 1

Queda pues dilucidar quienes eran los malvados, los ignorantes interesados, o los que en su malicia, miraron siempre a Eco por encima del Hombre, quiero decir del hombro, cosas de la Postmodernidad cainita que nadie como él se empeñó en interpretar. A su manera.

A nosotros nos espera el séptimo Día. «Y el séptimo día llegará Cristo en la luz de su padre. Y entonces se celebrará el juicio de los buenos y su asunción, en la eterna buenaventuranza de los cuerpos y las almas. ¡Pero no meditaréis sobre esto esta noche, orgullosos hermanos! »
No lo haremos, ignorantes todos de que existe el subsiguiente Octavo Día. Así de orgulloso somos, y en eso no se equivocaba el Siniestro Jorge de Burgos.

Saludos, Anónimo Lector.

El primer párrafo:Primer día, PRIMA
Donde se llega al pie de la abadía y Guillermo da pruebas de gran agudeza. Comienzo de la novela, que no es necesario mencionar.
Nota. 1: Se sentaron los príncipes y contra mí
hablaban, los malvados. Me persiguieron. Ayúdame, Señor,
Dios mío, sálvame, hazlo por tu gran misericordia.
(Salmos 118, 23, 86 y 117, 25).

Coda: «—Lee, pues, hojéalo, Guillermo —dijo Jorge—. Has ganado»

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s