Einstein, Montaigne, y variaciones

Lux Aeterna

Lux Aeterna

Si ayer hablaba de la crueldad gratuita hoy quisiera dar un giro de giroscopios imperceptible o no tanto, para no dejar en el aire de las órbitas donde cuatro de estos instrumentos demostraron la teorías de Einstein en un experimento que se alargó durante décadas y que sin embargo demostraría la razón de aquel seer sin peluquero ni sastre y sin embargo inmenso en sus manías como en sus machaconerías teorías a pesar del que los “cuantos” acabaran desquiciándole, no mucho, pero algo se rumoreaba y se sigue haciendo de las tesis más o menos agudas sobre tales discrepancias.

Einstein pensaba en la luz y de ahí su inmensa capacidad de iluminarnos como nadie desde la era de los Ilustrados franceses que siempre saben sacar su predio en los campos del saber ajeno, sin desmerecer su labor, claro es. Pero procesarla en su justa contienda.

He encontrado una cita del mismo Albert, sí, así le llamo a quien debo recordar como uno de los primeros libros que llegué a comprame con mi propio peculio…Era una de esas biografiás de carácter caleidoscópico, mezcla de ciencia y vida sesgada a la piedad y la comprensión, pero los héroes necesitan de Apolodoros, y este ejemplar no lo iba a ser menos. Poco me importaba, bisoño en tales desquisiciones.

La cita dice así, es más extensa pero recorto cuanto me apetece, por brevedad, no por censor. «En su lucha por el bien ético, las personas religiosas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de Dios, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto se, de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable»

Y ya está. Einstein, no sólo se preocupaba por sus E=mc al cuadrado…

y demás fórmulas, leyes o hipótesis, salvo la del la LUZ, esa ni Dios es capaz de saltársela, pues acabaría fuera de sí mismo. Contumacia que cambió el mundo de los humanos y sus dioses de manera irrevocable. Gracias por ello, mi querido Albert.

Si desglosamos la cita y la permutamos «En su lucha por el bien ético, las personas políticamente concienciadas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de la Verdad, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los politólogos y senadores de sus ideas sin viso de ser verificadas. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Nada mejor que esta máxima (y concluye con esta otra, que debería ser el aforismo en el frontispicio de todo organismo público al servicio de todos los ciudadanos y quienes ejercen el poder desde esos mismo lugares) Esto se, de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable» Amén

Y añado, son la tarea dedicada en cada gesto de nuestras mortales actos volitivos, por decencia hija del decoro, pasada de moda sin sentido y probidad incuestionable, y un buen sentido de la medida de las cosas. Las prisas, que ni la luz posee, no son buenas compañías del pensar, como bien aclaraba Montaigne. Ese precursor de que lo sabio está tan imbuido del presente como éste del olvido del mismo pasado que no por futurible, es promesa de cambio ni de excelencias.

Saludos, anónimo Lector.

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