El miembro fantasma. De la vida moderna

Amputación

Amputación

No sé como la Sirena pudo imaginar que en su deserción tierra adentro, huyendo siempre del mar, podía «pensar» si es que este holístico carácter del genero humano aún la sostenía, y cuya deriva, parece haber abandonado a cada paso que da en pos de la libertad que ella siempre impuso con melindres y artificios ante el natural decurso de la vida, conseguiría que la amputación a la que me ha sometido al alejarme de «nuestro fruto», nuestra mejor obra, encontraría en mí la indiferencia y el alejamiento progresivo de mis entrañas hacia lo único que de aquella aventura compartida, sería al fin asimilada por mis tegumentos sensibles, todavía no soy consciente del todo de tamaña deslealtad, y aún hoy no puede sopesar, ella en su nuevo trono de lapas y algas de cebadas fermentadas las consecuencias de tal decisión…

Siento el «síndrome del miembro fantasma», esa permutación del cerebro que hace al paciente seguir sintiendo como propio y vivo la extremidad que le fue arrebatada, ya accidente, ya enfermedad…

Si bien esta analogía pudiera parecer pedestre, por razones familiares que Ella bien sabe de su certeza, la conozco muy bien y a fuerza de la debilidad en la que me encuentro, no se me ocurre mejor metáfora descriptiva del ánimo con que se abaten sobre mí los fustigamientos a los que me someto, en un continuo desmoronamiento de las razones que la llevaron a estimar que cortarme la comunicación con nuestro Hijo era lo natural, y todo por que ella, la Sirena ya tiene repuesto en forma de nauta impostado para convencerse de la bondad de sus actos.

Y esta incomprensible actitud de ser meditada, no hace más que acabar con el poco aliño de dolor y esperanza en el que sopesar frente a su vileza, en un fiel de balanza que ella ha de ganar, cayendo mis postreros temores al fondo de la tierra hollada de mis lágrimas secas, como una plomada impuesta a toda esperanza de recuperar el sitio de equilibrio en el que la vida debería poder compensarme.

Ya cada día, mi temor se agranda y a cada sutil recodo de mis idas y venidas, vueltas y más del envés del que soy capaz de impostar, me doy cuenta que la vida, la ley y la costumbre social le han de dar la coartada para tamaña bajeza.

Nuestro Hijo no es más que un niño, pero a su edad yo ya tenía conciencia del bien y del mal, ¿acaso hoy todo ha cambiado tanto en el devenir de las generaciones?

Me lo ha arrebatado, y el miembro fantasma cada noche, a cada meandro de las sábanas, que en medio de la noche negra abate mis sentidos y las mantas que me cubren, se despierta y reclama de mí, como si el hado no pudiera descansar, que es tanto mi dolor y mis gritos ahogados que me incorporo entumecido y sólo me desangro precisamente por la parte de mis ser que no puedo besar, consolar y escuchar debidamente por haber sido extirpado con la fuerza de los hechos, los más vulgares, con el escalpelo de la mera decisión bendecida por la vida moderna de que ella, la Sirena sabe que tiene de su parte, y mientras eso acontece, me vienen las pocas imágenes de él siendo un bebe y la única foto en la que él sonreía… ella La Sirena sabe muy bien el motivo, tuvo la oportunidad de remedar, y nunca lo hizo, esas pocas fotos donde sonreía, pero su vergüenza se lo impide, nueve meses de insanas decisiones la persiguen, y ELLA Lo sabe, y yo soy el testaferro cobarde de aquellas razones y causas, temores y cobardía.

No acudo, presto, debí hacerlo en su día, y hoy aquello queda ya tan lejos…

No duermo, y cuando lo hago, esa parte consustancial que me falta me reclama confusamente, no ha aprendido el lenguaje de los pájaros todavía que le sonrían y no puedo remediarlo. La negra culpa de La Sirena lo ha educado muy bien para trasponerse en mí la misma oscuridad de pez de la nave que ya ha partido para siempre.

Vendrán ahora todos ellos ha decirme que nuestros hijos no son nuestros, y no es de propiedad, escuchadme bien por un momento, de la que hablo, es de pertenencia a mis obligaciones la que me impele a escribir esto. Mi hijo, que la Sirena siempre reclamó a voces a los cientos de vientos que ella creía dominar, gritaba poseída que Era sólo suyo…y yo me enterraba, por no saber responder a tamaña grosería.

Me desangro de dolor cada noche, con ese sentimiento de que me falta algo, algo que no elegí, pero una vez aquí, en este mundo de ausencias protesta por cada poro de mi piel inacabada, me susurra con alaridos que no le abandone, y él mismo no sabe como hacerlo, si lo piensa, el único padre que tiene soy yo, cosas de la genética, que la vida potmoderna no puede trocar por mucho que la Ley ampare tamaña injusticia, ni nautas ni Sirenas pueden burlar que en él habita, en el fondo de una espiral recóndita, que mi hijo comparte una parte de mi propia escalera de Jacob, de mi propio dolor que quisiera ahorrarle, sólo sea por su edad.

¿Qué decir, pues, cuando me han desgajado y nada parece poder restaurar no mi cuerpo de carne putrefacta, sino su pareidolia?, es ello una gangrena de neurálgicos gusanos que convierten cada día y cada noche en el martirio del Padre que sabe qué antes o después, el miembro amputado acabará por parecerme un lejano recuerdo y es tal mi negación a que esto ocurra que no puedo sino rezar, al dios que no escucha ni al «deimon» que sonríe labilmente en mis pesadillas.

Soy un ser incompleto. Y eso, es así, como es que moriré sin su consuelo, el mío, el que pudiera hoy proporcionarle, se reducen a unas llamadas de teléfono donde, !cómo no!, él siempre tan imbuido del lagrimal de las escamas de la Sirena ha aprendido muy bien a emular, y me remata cada día con las brevedad de un anuncio leído a la velocidad de la indiferencia.

Pero ello no acaba con el dolor que cada noche, y a veces todo el día, sacude mi cuerpo en la búsqueda incoherente de esa parte de mi que me falta, esfumándose con tan breves palabras.

No cejaré, pero la debilidad y el ensueño me vencen, esa es hoy mi lucha desesperada, mi viaje, mi «nóstos». Hacia la Ítaca donde nadie me espera.

Tal vez debiera volver a Micenas. Allí todo fue mas expeditivo y rápido.

Saludos, Anónimo Lector

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