Feliz Año muerto, y yo con él.

Feliz año Muerto y yo con él.

Feliz año Muerto y yo con él.

¿Cómo se puede seguir viviendo, sin más, como si fuera necesario, como si de verdad importara, como si ello fuera una ley natural, como si sólo fuese cuestión de no interrumpir el juego de azar que toda miserable vida humana acaba siendo el ceder el color de la carne al calor brevísimo de la mortaja?

No sé que excusas se dan los demás, y poco ha de importarme, no habrían de interesarme, protestando a buen seguro con infinidad de argumental banalidad aducirían, sentenciando cual pontífice con mitra en vez de toga, qué debemos vivir por los demás o cualquier otras de las entelequias que tanto gustan a los lectores de postales… !OH!
¿Necio de mí, cómo no saberlo…?

Yo sé por quién vivo, y bien sabe la interfecta de quien hablo, quién es, y de ahí que no sea necesario detallarlo, más bruto sería quien no siguiera mi ejemplo. A poco que se detenga uno a pensarlo, no como adivinanza, no es el caso, y de parecerlo, deténgase, y pare de leer aquí.

Pues, si se piensa, como si de una dócil reflexión fabricáramos al fingir en el juzgar de algún estado, por decir algo, con añadir más dolor a los ya propicios en los tiempos del tedio, no es algo por lo que quisiera tener que recibir acuse de recibo cuando haya cruzado al lado de la orilla donde las arenas se apartan de nuestros pies, para no terminar allende la laguna, hasta lo mineral se reserva para mejores empresas. Estrellas inmensas o polvo de ínfimo camino en un geoide dotado de millones de idas y venidas, pero aún girando en este lado.

Ni siendo de materia que iluminara mundos llenos de vida sinfónicamente exuberante en su riqueza y variedad multicolor, ni el reflejo de una luna solitaria de hielo esperanzada con el don de una promesa microbiana al acecho de un resurgimiento que nada lo desmintiese y aún más, ni siendo materia oscura aún por determinar, sería yo, más que esta pobre y vulgar energía destinada a languidecer por siempre en la más terrible de las leyes, que por ocupar un segundón lugar, a todos nos acabará avasallando con los suave modales de una Lady albina.

Nada hay ya que me sorprenda, al menos ninguna acción o proceso que me me devolviese a sentirme de nuevo como el niño que fui.. acaso la maldad sin límites lo haga, y su mezquina confusión al creerse dotada de justicia…con la peor de las máscaras con que embaucarnos esbozando sonrisas de cartón piedra y ojos de pez muerto, helando en su descargo maltrecho una sencilla palabra de perdón sin haber siquiera intentado paliar el efectivo como eficaz pecado, aquel que compartimos por ser humanos.

Poco puedo ya contra el mal doméstico y su malicia propalada en este arroyo sin cuento de prosaicas disculpas en que los demás se escudan con miles de groseras herejías a la decencia, que por no estar de moda, es ajuar despreciable. La vida encubierta es un piélago bituminoso donde resistirse, con cada bocanada al aire anhelado, sólo nuestra propia hiel, proteica estupidez incrustada en la laringe cercenada con el deseo de ese fin, ese hundimiento definitivo que no llega todavía, cicatrizando la superficie del antaño solar de paz y de temor por nacer que fue el mundo de aguas primorosamente quietas… pero vino el fuego divino, y Prometeos, los justos.

Mucho hay por descubrir, pero no será yo quien bendiga con mi silencio las sucias formas que el amor tiene en sus armas de quincalla que deben ser despejadas de un trigo que nunca debió dejar de ser más que pasto de poetas, no estamos hechos de cristal inconsútil a la corrupción de la bruma negra, esa, nuestra carne, injerto de dioses sanguinarios, que nos sustenta, lleva consigo su putrefacta misión, ser el verdugo inocente de toda esperanza.

No más bondades, delicias de timoratos y de empachos horrísonos a los tímpanos adolescentes, que sé bien cuanto irrita, cuando, el detestable azar con algún desatinado enlace envía aquí a despistados o distraídos errabundos, compréndase el matiz:

No busco razones para aplazar la muerte, todo llega; sólo pergeño palabras para hacer más corta su espera.

Saludos, anónimo Lector.

Coda:

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