De Homenajes, aclaraciones.

Placa conmemorativa del CEVMO, en Morille Salamanca. 5 de Diciembre de 2015

Placa conmemorativa del CEVMO, en Morille Salamanca. 5 de Diciembre de 2015

En este mes de azúcar empalagosamente blanca de blanquecino sucio, todo hay que explicarlo últimamente, de falsa nieve pisoteada por las buenas intenciones igualmente apócrifas, lleno de destellos de los obuses aquel cielo que estrellan el firmamento surcado por fulgurantes estelas de los cazas anunciando el portal realquilado de aquella aldea temática que conocemos por Belén, que ya no es casa del buen pan ni de las iguales voluntades, aquí trasmutados en el horrible pastiche de luminarias callejeras, pastorea la opinión, enésima en los tiempos de que el mundo va a peor, y ha poco que uno escuche un cantar de gestas y epopeyas de arrabal, todos acabaremos por sucumbir al dominio del verdadero organillo; la Pax Romana que nunca debió acabar, sólo fuera por su exégesis y así como Heraclio, emperador que amaba el griego por encima del latín y que es de suponer que al exclamar, amargamente, cuando se alejaba de la playa de Antioquía rumbo a un perdón improbable por su matrimonio incestuoso: «Adiós, un largo adiós a Siria» no era consciente, (¿cómo serlo?) del alcance de sus palabras, que hoy más que nunca resuenan en las páginas de S. Runciman y en los tabloides más infectos, y todo para no querer aprehender del pasado sus lecciones más etéreas, y de ahí siempre olvidadas, como se apagan los sones de una novena que podría ser de Mahler como podría ser de un anuncio de la loterías, así se ha trasmutado el mundo; y así es, por mucho, tanto y cuanto nuestro disimulo necio lo exorcice con regalías de postín impostado y deseos siempre falsificados en la mera felicidad del ansia vana por llegar y que nunca será nuestra, por fortuna, pues el mundo no se hizo para esta especie que habla y piensa como reyes y sólo somos súbditos vasallos de precarias estructuras que de pura complejidad, uno diría que somos milagrosamente máquinas de soledad, enseres obsoletos; apurad los vasos hoy que todo se acaba, ya lo dije en su momento, «todos los días se acaba el mundo para alguien», y sólo la distancia del los dolores ajenos e ignotos nos inspiran esa suerte de paciencia insólita llamada resignación.

Por mi parte, no siendo del todo ajeno del dolor que acecha recóndito o escandaloso, hoy quiero gritar que después de tres meses me he reunido brevemente con mis genes, ellos tan elaborados, al menos la mitad de los mismos, en la forma nativa que Natura y circunstancia le han dotado, y he encontrado qué a pesar de cuanto ha sucedido en estos días, sigo viendo en su mirar de niño una forma de afirmación sobre lo que realmente nunca se resquebrajará. Al verlo los Lieder mas hermosos y tristes acuden al fondo de mi memoria, es mi hijo y en la pureza algo infantil, que no del todo estúpida, veo en cómo escucho en mí la voz de Elisabeth Schwarzkopf, .. Con R. Strauss al fondo me reencontraré en él. Pues estos meses estaba yo muy apocalíptico de andar por casa, en zapatillas de siete de leguas de autocompasión y mediocridad perdonable de conocerse el caso, pero no es momento de detallar tamaña nimiedad…para los que sólo ven el marco y no el cuadro, y así las trompas y las cuerdas dieron paso a la voz de la elegancia de quien antes de nacer, mi único hijo ya me hablaba de la melancolía de no tener todo el tiempo por delante, y decir así a media voz con mi hijo querido, cuando el tiempo tenga a bien juzgarlo conveniente: Con penas y alegrías, Mano a mano, hemos caminado / Reposemos ahora de nuestros viajes, / en la tranquila campiña …primeros versos del último de los últimos Lieder… (IM ABENDROT). «En la puesta del sol», o en el Crepúsculo…que siempre es como más poético.

Es mi niño, cuyo nombre es bíblico de profeta menor, pero no se debe tentar a la suerte con los posibles epónimos del alma, una mezcla de los humores clásicos y predomina en él, como así lo hizo en mí, la melancolía que no es justamente una tristeza mal entendida, y peor descrita; es el reconocimiento temprano de que la vida es cómo es, en la agonía etimológica de la misma nos jugamos el futuro, ese porvenir insondable, que hoy sé nos espera a los dos, cuando suceda como en los versos del tercer Lieder del ciclo, de H. Hesse: Ahora que el día se ha fatigado / que mi nostálgico deseo / sea acogido por la noche estrellada / como un niño cansado / (el titulado BEIM SCHLAFENGEHEN) «Al ir a dormir»

Cansancio de tanta fruslería de pacotilla que ella, la Sirena, llamaba Amor de Madre. Nostalgia por los días robados por la sirénida manía con su acechanza incansable. Pero todo trasmuta a peor, o a desconocido. Ya ha seducido a un novato tritón al que convencer de su magia de viejo mito deslumbrándole con la espuma de la vieja Afrodita, pero hija helenística del furibundo y mal encarado Poseidón, y un Océano de no menos peor carácter …y que irrisoriamente se dedica a impostar el papel de Padre, jugando a las «barriguitas» de plástico reciclado y a los Playmobil, de posturas tan putativas, tan pueril, en suma, que paradójico resulta su desafío, y toda vez, que tan de vulgar me resultan ciertas las imágenes que por mucho que pergeñe paternidades inopinadas, el padre de mi hijo soy yo: Guste a Dios o al evolucionismo de género tan febrilmente chovinista. Y así será hasta el día en que entregue mi alma la Altísimo que reside en el último suspiro, aliento final que nos ha de quebrar a todos, somos paja, no mimbres, y el viento de la Historia, no sólo juzga, nos olvida, sea mi esperanza que mi retoño sepa recoger la mies que humildemente será herencia de días como estos, junto a él, sólo con él, y por él.

No hay Méntor pseudomodernamente falaz que te aleje de mí, por mucho que sean las circunstancias adversas que deba vencer; pues mi victoria no se hace de efímeras glorias mundanas, sean ellas, derrotas y logros, cuanto debas saber a su debido momento.

Decidir es cosa de la edad, y ella, te llegará, como a mi me ha alcanzado, en este villorrio entre encinas centenarias, memorias vivas de tantos hombres que nunca vieron en ellas más que la verdad del Tiempo. La humilde bellota será sombra fresca en el día del Juicio, que a todos llega, pero no todos saben de su paso, cada vez más veloz; para mí, mientras tanto, la playa ya no esta vacía, ahora más que nunca la habita tu efigie en la forma de las dunas, las olas esculpen la verdad de una arena en el inabarcable reloj que las clepsidras ayudan refrescando tu recuerdo.

Elisabeth Schwarzkopf, cumple hoy cien años. Sí ya sé que los cumpliría de estar viva, pero para mí no ha muerto, como no se acaba la belleza por que demos la espalda a su presencia. Ella, Strauss, Mahler, Hesse…(Nunca te olvides de Bach, ni a Mozart abandones…) es ya parte de la herencia que te dejo, hoy mismo, ¿a qué esperar?…

Como ya es parte de tu herencia saber qué, al menos, tu padre, tuvo, hijo mío, por la gracia de un dios más grande que el Amor, del que ya conoces su historia, un gesto altruista a fuerza de no poder contra las competencias leguleyas que me negaban el pan y la sal…y aún así lo hice, en mi nombre y en el tuyo, cuando ni siquiera sabía que algún día serías el testigo, junto a mi madre, tu abuela orsiniana, del reconocimiento de este gesto, «la vida es azar y misterio», Hoy estas palabras, se cumplen como siempre de forma fortuita y sin embargo, preñadas de justicia.

Saludos, anónimo Lector.

Coda: https://www.youtube.com/watch?v=Cs0vSC9DUhU
Discografía de Referencia:
Director: George Szell
Cantantes:Elisabeth Schwarzkopf
Orquesta:  Sinfónica de la Radio Berlín
Casa:EMI – Classis (CDC – 7472762)

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