Receta de Hamburguesa de Luxe, o de cómo fardar ante tu amor.

metrocopoly

A Comer, pues.

Ingredientes para dos personas:
-200 g. de carne picada de vacuno.
-Dos panecillos precongelados o en su caso, “muy” recientes.
-Una cebolla mediana, pero no demasiado.
-Cuatro cucharadas de salsa de soja, la más barata.
-50 g de remolacha encurtida.
-Un ramillete de canónigos: O “Berros” de toda la vida. (Escarola, si es Navidad)
-Dos lonchas de queso Cheddar, el amarillo en el que piensa.
-Una loncha de queso Brie, sin su cobertura.
-Diez tomates Cherry, sí, de esos tan “monos”.
-Dos cucharada grandes de Mostaza, de la de andar por casa.
-Una cucharada de nata.
-Unas almendras, un puñado, no más.
-Un vaso de vino blanco, del normalito, es para reducir.
-Una cucharadita de curry, (si es “indio,” es que tiene mucha suerte).
-Un vaso de azúcar, la misma cantidad que de vino, para la reducción, obviamente…
-El zumo de una naranja para el “quechup” casero.
-Medio vaso de tomate natural triturado.
-Dos cucharadas soperas de salsa Worcestershire, la “perrins” de toda la vida.
-Tabasco al gusto. Dependerá del gusto por el picante, o de la mala leche, y ésta siempre debe ser evitada.
-Pimienta, al gusto y Jengibre en polvo, “idem”. Este último es optativo.
-Vinagre de Módena. O aromatizado, es indiferente.
-Una cucharada sopera de semillas de Sésamo.
-Aníses estrellados.
-Una yuca, o en su defecto zanahorias laminadas en cortes amplios pero finos.
-Dos palillos de brocheta, ya se descubrirá su uso, al final de esta tramoya.

Preparación previa, como todo, no se hizo Roma en una hora ni Babilonia cayó en un día.
Necesitaremos macerar la carne picada con la cebolla finamente, muy finamente, picada y la soja en un “Tupper” sellado con film transparente, para evitar la oxidación, lo ideal es embolsar al vacío 24 horas, pero si te aseguras de sellarlo concienzudamente al colocar el film antes de la tapa, no debería ser mayor problema. Los ácidos de la cebolla dejaran la carne en un estado de extrema languidez…Rómantica, se diría.

Salsas:
Salsa amarilla:
Mezclamos la nata y la mostaza batiéndola enérgicamente y la guardaremos no muy cerca de la carne, aislada de olores, por supuesto.
Salsa Roja:
Mezclamos el tomate con el zumo de naranja, la salsa “perrins”,el tabasco, sin pasarse, y un poco del Jengibre y efectuamos la misma operación, debe ligarse sola en la nevera aislada también. Se puede usar batidora pero con “abatimiento”, osea, poco.
Salsa morada:
Colocamos la remolacha en una sartén y le añadimos una cucharada de azúcar y el vinagre de módena, reducimos unos minutos y trituramos. Salpimentamos si nos apetece, pero es mejor no hacerlo. Trituramos muy concienzudamente y reservamos como con las otras salsas, cada cosa a su tiempo.

Reducción:
En una sartén ponemos el vino a fuego muy lento con el azúcar y el curry, no mover, nunca, con nada, es decir sólo dejar reducir a la mitad y reservar.

Al día siguiente, tendremos ya todo para seducir…

Tomamos la medida de los panecillos, comprados por la mañana, y formamos dos hamburguesas, es decir deben ser altas, y las sellamos en una sartén de teflón, para que caramelice y la dejamos el tiempo en que nos guste el punto de la carne, es decir a discreción del comensal. Dar la vuelta sólo dos veces, para evitar derrumbamientos.
Cortamos los panecillos y sobre la mitad inferior colocamos una loncha de queso Cheddar y el Brie encima y metemos en el grill para su “fundición”, sólo debe estar el tiempo suficiente para que se derrita un poco, no es esto plan de rememorar la reconversión industrial del carbón y del acero.

Freímos a muy alta temperatura y breves momentos la yuca pelada y laminada, o la zanahoria laminada, siempre que ésta la hayamos desecado un poco, unos minutos en el horno sobre papel sulfurizado, como debe estar Usted ahora mismo vaya…y reservamos. Reservamos, sí, así lo dicen las LEYES, que no faltan ene le universo gastronómico sobre papel para desengrasar en la medida de lo humano.

En el grill del horno también, (menos de cien grados):
Bañamos la parte superior con la reducción de vino blanco y espolvoreamos las semillas de sésamo y vigilamos brevemente para su consolidación y “apego” al citado panecillo. No muy cerca de la rejilla para evitar que se quemen las semillas de oriente.

Con el pan ya tratado, comenzamos el montaje:
Pegamos la hamburguesa al panecillo con queso, de ahí su función, y colocamos encima los canónigos, pero que se vea, para dar contraste visual, o la escarola, de idéntica forma. (Nunca otra hierva comestible). Y sobre ellos una parte de la salsa morada en su centro, sólo esa, las otras dos… a su tiempo; debe, pues, ser alta y hermosa como su madre. Sellamos con el panecillo superior y sujetamos con un palito de brocheta hasta la presentación final,
Tomamos un plato plano sin decoración alguna, o sea blanco.
Clocamos la hamburguesa en el centro. Sí soy Heliocéntrico, sin remedio.

Colocamos los tomates Cherry, cortado por su ecuador en torno a la hamburguesa, los distribuimos como planetas errantes, cada cual con su órbita, perdón me disperso.
Y en esquinas opuestas hacemos una “quenelle” o concha, ayudados por dos cucharillas, que a veces parece la cocina una jerga de germanías… con la salsa de mostaza o en forma de bolita si no tiene uno más remedio, a estas alturas tendrá la consistencia del Foie, en una de las citadas esquinas, la espolvoreamos con el polvo de las almendras reducidas a esa finura. También valen pistachos, su verde es espectacular, de ahí su abuso en las cocinas, venga o no venga a cuento.

…y en la otra, la opuesta, sobre una cucharilla china, si, de esas que se compran en los chinos, ¿dónde si no? Colocamos la salsa roja, ese “quechup” casero.

En una esquina libre las patatas “quechuas”, perdón, las láminas de yuca, y en la esquina que falta por cubrir libre, no un piano, sino el anís estrellado al que habremos previamente hidratado, sólo tiene función aromática y decorativa, no lo vaya a comer nadie y se me acuse de.. Eso que ya saben ustedes, con tanto concurso televisivo.
Con el resto de la salsa morada, pondremos unos puntitos aquí y acullá, a modo de “cometas”, si los estiramos con la ayuda de una cucharilla. Pero sin “recargar,” más de lo que ya lo hemos hecho.

Con diligencia, y ya sentados en la mesa se sirven y en el último momento se saca el palito de brocheta y se reza para que no se desmorone nada, o se encomienda al santo de su devoción, que todo vale.
Y feliz cena. Sólo una cosa más, sea esta receta un regalo para mis amigos, quien da lo que tiene no está obligado a más, que dicen las almas caritativas.

Dudas y respuestas en los comentarios.

Saludos, anónimo Lector, y hoy cómplice.

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