De la plata muerta, o casi.

Memento Mori

Memento Mori

Hoy el cielo ha cubierto el sol con su velo plateado a media tarde, nubes mediantes, y sólo admiro su lado amable en este otoño que no habré de olvidar tan sencillamente por su carácter imperioso; esta mañana, en cambio, un sol abierto como un pantocrátor medieval me deslumbraría, mientras yo me desangraba por los ojos y mi neuma se enajenaba por momentos, ahogando mi desolación en sí misma… lo llaman ansiedad, debe serlo, pero yo sólo sé que el peso de una estrella de neutrones se pasea por mi pecho, y si creéis que exagero, bien por vosotros, no se hizo el plomo para todas las penas.

No he de detallar más de lo necesario, hoy, además, he recogido hojas de los árboles caídas, y derribadas por mor del cumplimiento exacto de las cosas, como si fueran parte de mis fútiles sueños, de mis faltas siempre por acabar, de mis excusas sin remedio, de mis ajadas esperanzas y en suma de mis trastornada incapacidad para no darme cuenta de qué la vida sigue a pesar de que ésta, la de ahora mismo no la reconozco…ni la quiero.

No me veo siendo viejo. Ya lo soy, de hecho nací antiguo encerrada mi ancianidad trasnochada en un cuerpo magro, enjuto y algo fusiforme, tal que un gnomo estirado para ser visto en mi esfuerzo por prosperar en la normal apariencia y una vez reconocido, vuelto a su desaliñada condición, por el miedo que siempre me inspiró el resto todo de vosotros. No os acuso de nada, ya es tarde para ello y pueril, además de estéril, pues nunca fui de vuestro agrado, ¿cómo podría haberlo sido?

¿Siendo como vosotros? “Siendo” así, tampoco me dejasteis entrar, y mira que es ancha la estancia porticada de vuestro mentidero, asistir como invitado a la vida que era vuestra, y vagué en medio del mar de los sargazos, con la cara del comendador y sin su impulso, creyendo mis mentiras y vuestros adulterados parabienes, llenos de negras raíces de mandrágora fatal; hoy esa misma sazón me cocina en mi propio jugo aliñado por la suerte de saberos con la dicha de mi caída, y el jolgorio qué a buen seguro haréis el día en que seré servido a la mesa del último festín, el que estaba designado a ser dado en mi honor, con aquel brindis, “por la futilidad, con él, y en ella, brindemos…”

Ya las risas imagino, ya los displicentes comentarios en los grupos corifeos, mientras yo, es decir mis despojos, se alinean en una caja estrecha, sin tafetán ni blondas que me adornen, en una triste bolsa de algodón y acrílico os escucho con resignado silencio, ¿cómo osar deciros qué aún no he de cruzar al otro lado? No antes que mi Madre…Hécuba no lo aprobaría.

Caronte, no me espera todavía, y sin embargo estoy ahorrando para el óbolo, largo será el periplo, pues carezco de prebendas con las que sobornar al barquero, pero quisiera pediros un favor, es el último, de veras: dejarme hacerlo solo. Con la sola compañía de mis trapitos de tegumentos ajados, mis afiches enmarcados en talco y caolín, mis días aciagos en papel de estraza, mis zaleos que fueron mis amigos invisibles…, herencia de mis noches, y vagas alas a mi postrer viaje habrán de darle, si me dejáis a solas.

Administración de la nostalgia. o del Azogue…

Anoche se presentaron
todos mis días anteriores, resumidos,
solicitando mi cadáver
mañana, contesté, mañana.

Hoy, dejádmelo a mi lado,
más que nada por costumbre,
he de velarlo hasta que pueda
despedirlo sin honores,
hasta que yo mismo en medio de mi cama
decida que el mañana es hoy
y que el hoy nunca más será mañana.

JFC, Salamanca Abril, 2008.

Saludos, anónimo Lector.

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