Del nada tácito recuerdo de una tacita o del craquelado

El craquelado es un fenómeno de deterioro común en pinturas antiguas. Consiste en la aparición de grietas, que en los casos más graves llegan a fragmentar la capa de pintura y desembocar en su desprendimiento. ...

El craquelado es un fenómeno de deterioro común en pinturas antiguas. Consiste en la aparición de grietas, que en los casos más graves llegan a fragmentar la capa de pintura y desembocar en su desprendimiento. …

Cuando abandoné mi alma rota, en forma de una tacita de porcelana que guardé durante los años de un olvido deliberado, vagamente la recordaría restaurada con esmero, y sin embargo tramada de absurdas cicatrices, en medio de una despistada caja de cartón, junto a otros profusos y diversos, insignificantes afiches, testigos de otra época, y allí permanecería, hasta que a mi memoria se le reveló como lo que debió ser siempre, parte de mi vida, a la que nunca debí renunciar, pues nada pudo ser más grosero, que ese inverosímil deseo de arrinconar mis trastos, mis callados y silenciosos tristezas en las más diversas formas, baratijas, diría ella.

No sabía, ni podía suponer, ni entonces ni ahora, tras tantos hechos cuya índole invariablemente graves en apariencia o triviales como acaban siéndolos todos, que desde hace semanas la vengo buscando, y es tal mi empeño que ya voy dándola por perdida enteramente, pues no sé si la extravié y con ella, toda posibilidad de retornarla con la alquimia propia de los locos o acaso es el recuerdo enajenado de algo que nunca guardé.

¿Un recuerdo inventado más? La rebusco y escarbo entre otras tantas cosas con el afán del hambriento de los días en que al solaz de la hacienda inmerecida, acabó ella, la tacita primorosa en otro tiempo no más fugaz o imaginado, presente en la alacena de mis mejores días, y desde aquel momento funesto abatida al suelo, cadáver de mi aliento más íntimo, no por secreto, sólo por púdicamente resguardado; y así, me encuentro, que de no hallarla, habré de renunciar a su presencia, y con ella, su valor de saberme ya sin aquel que decretó mi destino: «En la nada no se mueve al amor, ni al dolor. Finge que vives, y ya estás sepultado. A nadie culpes, a nada achaques que dejaste en la taza indolentemente olvidada, tu alma, por cobarde, y no morir, por seguir a destiempo, como casi todo en ti, postergando tu vida, en el más estúpido esfuerzo».

No albergo esperanza de encontrarla, aquella tacita ya es parte de esta nada, así sea, pues, ¿qué brebaje bebería en ella sin el regusto a fracaso perenne que me inunda el paladar desde que la perdí?

Saludos, anónimo Lector.

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