Los cuatrienios de los dioses.

MarcoAurelio

Los cuatrienios de los dioses o del eterno plan quinquenal de la miseria humana.

6.44 «Si los dioses decidieron sobre mí o sobre lo que debía ocurrirme a mí, decidieron bien. En efecto, ni siquiera es fácil pensar en un dios que no decide. Pero ¿por qué causa iban a ponerse a hacerme el mal? ¿En qué se hubieran aventajado ellos o el común, que es en lo que más ejercen su providencia? Si no decidieron en particular sobre mí, decidieron, al menos, sobre lo común en conjunto, a lo que, en consecuencia, debo abrazar y amar. Si, por el contrario, no deciden sobre nada… (creerlo, desde luego, no es virtuoso o si lo es, no sacrifiquemos ya, ni oremos, ni juremos ni realicemos lo demás que realizamos dirigido a dioses que supuestamente están presentes y nos acompañan); si no deciden sobre nada de lo que nos afecta, yo puedo, sin embargo, decidir sobre mi y yo tengo análisis sobre lo que conviene. A cada uno le conviene según su constitución y naturaleza, y mi naturaleza es racional y social».
Libro VI, Meditaciones, Marco Aurelio.

No sé si será por la edad o mi falta de entusiasmo por el pensamiento ajeno en determinadas cuestiones, pero no me ha sido dado el beneficio de conocer a nadie que aspirando al poder, es decir sentirse insuflado por la política y en ella, la creencia personal, fuera de toda prueba cósmica que a sí lo certifique, que no mantenga que lo hace por el bien común, por aquello tan manido que reducido a los brumosos ideales, les haga dudar de que tal vez estén equivocados. Es decir, no me ha sido dada la conciencia de la inocencia en política. Nunca conocí a nadie que no buscara su propio beneficio, en la excusa del bien ajeno, y a diferencia de los dioses de Marco Aurelio, ellos sí podían elegir.

No así los dioses, ni los del estoico ni los derivados con nombres propios del Siglo XIX, esa gran tragedia histórica, aún por sucumbir. De ahí los politicastros divinos, nadie imagina que no sepan decidir…durante los cuatrienios, su máxima aspiración.

Si al leer a Marco Aurelio, sustituimos «dioses» por los electos por cuatro años, nuestros políticos salidos de las urnas y del vacío entre ellas, obtendremos una paráfrasis jocosa.

Pues en efecto, si no decidieran en nada (los dioses políticos) en un verdadero arranque moderno en su estoicismo escéptico dice Marco Aurelio: «yo puedo, sin embargo, decidir sobre mí y yo tengo análisis sobre lo que conviene…» y sin embargo, la realidad de la Democracia moderna es que no elegimos nada, solo humo y vanidad, y por ello, poco o casi nada está en nuestra mano decidir, sólo seguir caminando, y al pararnos delante de las estatuas de los parques, de las banderas ondeantes, de los patios porticados con conserje, pensar en eso que repite el entrañable emperador hispano, ya muerto, «Muerte, ojalá vengas rápidamente, no sea que hasta yo mismo me olvide de mí».

Saludos, anónimo Lector.

Coda: Soy consciente de que ellos se creen en la verdad y la bondad de sus ideales y en ellas y desde ellas decidirán, pero aún estoy más seguro de la verdad de estas otras palabras del emperador filósofo:

«Es ridículo no evitar la propia maldad, cosa que es posible, e intentar, por el contrario, evitar la ajena, cosa que es imposible» yo como siempre dudaré mientras escribo estupideces, dudar de que «mi naturaleza sea social y racional…»

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