«Y, sin ciencia, toda definición no es más que palabras»

«Y “Oh hermosa planta —dijo— abundante en fruto, ¿No hay nadie que tu peso alivie y pruebe tu dulzor? ¿Ni Dios, ni hombre? ¿Tanto se desdeña el conocer? ¿O envidia, o reserva alguna, vedan degustarte? Védelo quien quiera, que ninguno ha de privarme más De tus presentes: ¿qué harías tú aquí, si no?» Del sueño de Eva, Del libro Libro V,  Paradise Lost, J. Milton

«Y “Oh hermosa planta —dijo— abundante en fruto,
¿No hay nadie que tu peso alivie y pruebe tu dulzor?
¿Ni Dios, ni hombre? ¿Tanto se desdeña el conocer?
¿O envidia, o reserva alguna, vedan degustarte?
Védelo quien quiera, que ninguno ha de privarme más
De tus presentes: ¿qué harías tú aquí, si no?»
Del sueño de Eva, Del libro Libro V, Paradise Lost, J. Milton

Tomo estas palabras como excusa.

«La «nada», insisten, no es ninguna de las cosas de las que yo hablo; la nada es la «inexistencia», en algún sentido vago e impreciso. Esto me recuerda mi propio empeño, en mis primeros debates con creacionistas, de que se definiera el «diseño inteligente», tras lo cual me quedó claro que no hay ninguna definición clara, más allá de decir qué no es. El «diseño inteligente» es, sencillamente, un paraguas unificador que oponer a la evolución. Igualmente, algunos filósofos y muchos teólogos definen y vuelven a definir la «nada» como la negación de cualquiera de las versiones de la nada descritas por los científicos actuales.

Pero en esto, a mi modo de ver, radica la bancarrota intelectual de mucha de la teología y una parte de la filosofía moderna. Pues, sin duda, la «nada» es en todo tan material y física como lo es «algo», sobre todo si se va a definir como la «ausencia de algo». Luego nos corresponde a nosotros comprender con precisión la naturaleza física de estas dos cantidades. Y, sin ciencia, toda definición no es más que palabras»

Lawrence M. Kraus, Un universo de la nada
¿Por que hay algo en vez de nada?

Me atrevo a decir que éste es un universo «para nada», saber que alguien es capaz de enjaular y de matar, quemándolo vivo, a un ser humano es la demostración de que en potencia consumada el ser llamado humano ya ha demostrado su absoluta inanidad: no concibo más horrores que los ya sabidos y todavía me sorprendo con noticias como estas, y si alguna vez creí en el contrapeso de la bondad, hace ya tiempo que me abandonó tal idea, todo me condujo a ello, nada aprendemos, y en nada mejoramos.

Puede que hoy el mundo sea mejor para muchos, pero consentir el mal, y sus muertes consecuentes, demuestran que nos merecemos este universo, producto de una nada inquieta, y no otro; la sola idea de la felicidad y la paz repugnan a la física, y nosotros, todos, seguimos sin hacer nada para cambiarlo.

Al final sólo el frío, y después añorarlo, para siempre en el eterno silencio oscuro.

Saludos, anónimo Lector.

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