No, la barbarie, no era no saber griego, era esto

Censor

Bárbaros:

Ya están aquí, siempre estuvieron, bien lo supo Rushdie, y ¡pensar qué Kavafis los estaba esperando!

Asesinar la libertad de expresión, segando gargantas, siempre fue la victoria del creyente. Ya se hizo la noche, la larga noche en la que todos callamos, para no molestar, para no ofender; y así, en nuestros fugitivos pretextos, creer que los bárbaros no existen, domeñando al propio miedo con excusas, esperando no ser reconocidos por ellos al cruzarnos.

No niego ser un bárbaro, y habré de serlo para quien no comparta mi absoluta falta de fe en el ser humano, pero no pediré mal alguno para otros bárbaros que sólo tienen fe, como si no supieran que la fe no es un don, es una elección, y no la más sabia, por conclusa.

Final del famoso poema de C. Kavafis, Esperando a los bárbaros:

«-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución. »

No hay pésame posible para todo lo que estamos perdiendo…Pero sí para las personas.

En memoria de las víctimas de la revista Charlie Hebdo.

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