Impromtu

Turner

Y me pregunto, «¿vendrán más días tristes?» y me sorprendo repitiendo el ancestral miedo con que el primer humano se detuvo a pensar, tan quieto como el cielo en apariencia, en la línea del tiempo, siempre hacia delante y él con ella sin saber cómo tal condena era en sí misma la vida. Y vendrán a ser esos días en que todo cambie, y pasarse el resto de la elíptica en fingir que nos sobreponemos, qué sabemos llevar el dolor con dignidad, y negándome a creer que venga el día más triste y mi ignorancia no me deje descubrirlo, y creer así que habrá otros muchos más tristes, y en esa contienda entre el dolor y su memoria, esperar al día más triste, a las horas fugaces que recordaremos eternas; bien sabe mi dolor que nunca lo dejaré solo, es mi yo cuando estamos a solas, y siempre me repite que «no hay un día más triste», que todos los son, pero que no me lo hace notar, pues sabe que cada día es el más triste para otro, para millones, y no querer saberlo es el juego al que los dioses se divierten al movernos de casilla, me cuenta esto mientras cada noche, el cielo, sí se mueve, y yo, tonto ni lo noto.

Saludos, anónimo Lector.

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