Ariadna GPS 2.0

laberinto copia

Hoy más que nunca el mundo es un laberinto. Y como buen laberinto, contiene dentro del mismo, otros laberintos más imperceptibles y sutiles. Otros, no obstante, tantos hay en su tosquedad asemejan inocentes rayuelas de campos cultivados en medio de un plasma, táctil y por ello irreales como lo serán nuestras huellas, aspavientos de mercado y feria, aplausos en el circo continúo. Hoy todos presumimos de ser grandes emuladores de Teseo, de ahí los vericuetos, audaces y confiados, nos lanzamos a la aventura de caminar tranquilos por el invento del desgraciado Dédalo, sin temor, ya sea para llegar al remoto lugar que sólo han pisado los pies de tres pastores tibetanos o por dar muerte al monstruo quimérico, quien guarda la verdadera información, y con ella la gracia de la sabiduría a nuestro regreso. Hoy la Arcadia impenetrable se ha convertido en un jardín francés.
Laberintos superpuestos al de los caminos del mundo, los destinos improbables disimulados en un sistema de nervios, arterias o tendones que pasan por ser autopistas, avenidas calles, requisitos sensatos por donde transitar, y aquellos otros zocos de trazado esquizoide en la conjeturada maraña de redes conectadas, que se sitúan en la frontera entre lo físico y el aire de nuestros ojos y unas manos cada vez más veloces, ya nadie recuerda los pies de Hermes.

El mundo y sus vías, sus metas y sus vórtices, todos ellos forman parte del laberinto que siempre han conformado la superficie de piel desollada al animal que flota en el océano y vaga por el éter del mundo. Ariadna enamorada, pergeña el primer GPS de la historia menor de los mitos, y no sería un mapa, ni siquiera sonoro, grosero éste en sí mismo, por ser la parte de la naturaleza humana más presuntuosa, es por el contario, un accidente de pura inteligencia inspirada en el amor. La mejor forma de astucia. Un simple ovillo de lana, y el destino de Teseo, triunfar a cada prueba, son hoy el click, y así confundidos con el héroe, creemos llegar, y no siendo poco, encontrar derrotada nuestra curiosidad, sólo sea por costumbre.

El mundo siempre ha sido una duda moral, su viaje, la historia de una guerra o de un amor, en sus encrucijadas, o sus jalones, la fábula del hombre ha sido siempre su mejor historia, y es que a pesar de todo, no puedo creer que el primer malvado no conociera el remordimiento nada más ejecutar su primer acto de espejo que todo lo sabe, ese fluir de la conciencia, que nunca parece ser la misma, y sin embargo, no deja de mojar la tierra; cubrir los escudos, que nada brille, que nada nos ciegue.
Desde la sabana, caminar en pos de la primera mentira, más allá será diferente, decíamos con ilusión, mejor no saber y creer ser los primeros en hollar la playa, y una vez allí, surcar de nuevo las aguas vacilantes, sin pensarlo bien, atrás loas cantaleadas, en un nuevo ardid, allí nos esperaban tiempos mejores, tiempos de prosperidad para todos, ir al encuentro de aquellos otros viajeros en medio de la noche, y en ella, oscuramente maternal, caminar por las nubes errantes de nuestros sueños, y olvidar el porqué de tanta caminata. Como cantaba el lied… ¿será entonces esto la muerte?, después de todo, ¿no será el camino la muerte, el mismo camino la misma muerte?…tan cansados. Y al final será que todos estamos tan cansados como yo mismo, de ser yo, y en ello, ser uno más.

Saludos, Anónimo Lector.

Crédito imagen

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