Orquesta deshabitada

Ensor

Hoy seré breve. Al menos lo intentaré. Tan sólo un recuerdo, como tantos otros que me vienen al cielo de la memoria como fugaz destello que se resiste a morir, y aún desintegrado, llegado a este párrafo, su parpadeo fulgente me obliga a consignarlo. La única vez que creo haber participado en algo similar a una orquesta como tal, debía tener yo a penas los años que se tienen para este tipo de cosas, el profesor, que debía ser perspicaz o simplemente malvado, me asignó el triángulo. Imagino que me juzgó capaz de dar una sola nota con aquel instrumento, que si bien no es obra del diablo, desde luego de mente caritativa no es. Una sola nota. Bien, la nota, o el sonido que en mi cabeza martilleaba sin cesar, hoy todavía lo hace, salió de aquello que mis manos sostenían como un arma dispuesta a acabar con mi poca autoestima, pues antes de tocar aquella cosa fría y metálica, dividida en dos cosas para mis pobres manos, tenía dos, sólo dos, y no me parecieron suficientes, la nota que debía aparecer por tanto ensayo, no lo hizo ni por ensalmo, y vaya que recé para que así fuera. La nota se desperdigó, y con ella, es decir tal vez diera con el sonido, pero no en su momento, no en el preciso instante en que el ruido se convierte en música…la nota tal vez se oyera en medio de aquel recital de párvulos, la nota que debía ser tal vez fuera ella, pero con ella se clavó, si bien no su justa presencia, sí desde luego la insignificancia de mi ser, desperdigado, como ella en medio de una música que ni me gustaba, ni con la mayor de las bienaventuranzas, era para mi. No. La orquesta no es para mí; desde entonces, casi nada con más de dos cosas son para mí.
Solista… ¿de Triángulo?, tampoco; es hoy, y todavía hay gente que me pregunta cómo es que no toco ningún instrumento.
Con escuchar a los demás hacerlo bien, me conformo, y con la edad, hasta los traspiés me parecen ser aquel remoto lugar donde entre tres lados torcidos de acero inmaculado quedó para siempre encerrada mi dignidad, y el orgullo en la otra mano.
He querido ser breve, como la nota infame, breve y sin embargo, si me callara para siempre, aquella nota, vendría a mi funeral, hay cosas que parecen cuentos, y ésta vez, sí sonaría en el momento justo. Ese que la creación sabe como tal.
Saludos, Anónimo Lector.

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