Padre nuestro, que estás en tus pensamientos como en los míos

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Si hoy, como tantas otras veces, quisiera evocar la imagen de mi padre en las horas en que desaparecía de mi vista, y de la de todos, tendría que acudir a las escasas veces en que le acompañé al monte, allí, donde rara vez la voz humana no había dejado más eco que un fragor lejano en torno de las apagadas fogatas de la historia, esfumadas ya de haber existido alguna vez, y más allá de donde la vista ciega alcanzara, sin rastro de monumento que venerar, sólo podrían ser imágenes de fantasmas o de huesos por descubrir, pues allí, el tiempo se enroscaba bajo la tierra, en formas tales que sólo la fe en la propia libertad, podían haber llevado hasta a aquel lugar, el más inhóspito de los parajes, a trabajar a mi padre. Bajo el gabán infausto de la noche oscura, donde el manto deshilachado de las estrellas sólo anunciaban más frío y peor tiempo para hacer cisco, donde cada gesto de la brisa debía ser interpretado como una vieja plegaría en un latín obtuso, y donde por más esfuerzo que se aplicara, el mismo tiempo nunca era suficiente, ni mensurable, por que no había noches ni mañanas suficientes para acabar tanta tarea, pues de aquel tiempo que de la tierra ingrata sólo se manifestaba en forma de carrascos y de encinas correosas y altaneras, como las viejas damas que son, con sus modales acendrados en sus copas y sus artes para imponer más allá de sus sombra sus despojos parvos o suculentos, si era mi padre quien debía transformarlos. No con poesía, naturalmente, con la sangre de sus manos y despellejada la piel que no se había quemado, vano sería el pastoril y ridículo intento de encontrarle en estas estúpidas palabras, su cara entiznada y abrasada, pero de querer hallarle, son aquellos dos azules reflejos que en medio de la noche, avivan con su esperanza de un futuro mejor para su hijos, los que en su color del cielo prometido, arrojarían sin desfallecer cada vez más gavillas a la cisquera serpenteante en sus cabezas de hidra abrasadora, con la tenaz fibra de los brazos del héroe que mi Padre es, ha sido y sigue siendo para mí.

Daría, no dos peniques, sino todos los dracmas de los museos honorables por saber qué pensaba mi padre en aquellos momentos antes del alba, igual en su quietud amenazante a la anterior, antes de dar el primer impulso, igual a los anteriores, e idéntica a los que le seguirían en todos aquellos años en que por su trabajo estaba tan lejos de mí, y de todos los demás; qué pensaría en medio de su soledad, su tectónica y titánica silenciosa soledad como única compañía. Algo así es una maldición, pero asumida y por tanto, no exenta de cierto regodeo secreto. La fe, en su propia libertad, le había llevado hasta aquel reino de sufrimiento y trabajo extenuante, y aquello era como un juramento, para mi padre, que es hombre de palabra, la dada a sí mismo, y es quizás de todas sus manías, ésta misma, la que la más perdura en sus tradiciones, y así hemos de tomarlo, testarudo u honesto, elíjase el don. Y todo aquello sucedía siempre en silencio, mi padre no malgastaba no ya palabras, ni suspiros roncos ni ajados lamentos, no recuerdo más voces que las del fuego crepitando al devorarse a sí mismo.

Esa fe, la de la verdadera libertad, que no es poca cosa, tuvo a bien enseñármela de un modo natural, con una frase vulgar en su contenido, soltada en forma de pregunta y sin embargo llena de sentido, uno que sólo mi madre y un muy sorprendido yo mismo, entendimos cómo el paso del Rubicón de aquel ser que, ahora, ya sabíamos, no sería más aquél que habíamos conocido, comprendimos que desde entonces nos dejaba saber que era el hombre que sabíamos que era, valiente, y sincero. Pero sin pregones ni alharacas. Por tanto, la vida debía seguir como siempre, no somos gente de andar dándole vueltas a las almohadas. Cada noche, uno sabe que refriega tiene con su conciencia.

Mi padre, que se casó con mi madre por amor, no es lugar de describir aquí las pruebas, no podía imaginar que un día escribiría esto, pero de aquel amor hemos nacido cada uno de sus hijos, quienes curiosamente, entendemos a nuestro padre de maneras muy diversas, como debe ser, pues cada uno de nosotros tenemos una historia diferente que contar. Y ya no hacemos el vano esfuerzo por ser unánimes al respecto, pues con ser cada cual decente en su juicios, será el tiempo quien nos juzgue. Ese incorpóreo manto que acompañará siempre la luz celeste de los ojos de mi padre, dos zafiros envueltos en la tiza negra de un trabajo que mutiló su cuerpo, y la vida que no pudo dedicar a los cinco hijos que de ser otra nuestra vida, tal vez, con ese tal vez de los finales amables, podíamos haber adivinado en sus ojos, su intangible verdad, aquel amor sin gestos grandilocuentes, pero plenos y repetidos en el ínfimo detalle a destiempo, del regalo casi sin importancia de una promesa por cumplir, que no por no llegar casi nunca, poco puede ahora importar, sólo su deseo de cambiar nuestra vida debiera ser suficiente, al menos, hoy como siempre, para mi.

Mi padre, de quien pocos pueden decir que le conocen realmente, debo el convencimiento de que cada ser humano es por regla matemática, un Absoluto en Potencia, y con esa máxima acabaré mis días, ahora que ya soy más como él es, más misterio y más molusco, a cada paso somos más íntimos sin hablar, sin romper las reglas sagradas que llevamos tanto tiempo practicando y llegará el día, mejor la noche, y su alba ineludible, cuando habré de saber quién fue mi padre cuando pensaba en mi madre, en mis hermanos y en mí; será así, por que ya ha comenzado en mí esa suerte de ensimismamiento, ahora que mi hijo va creciendo y yo también soy padre. Y que sé, gracias a mi padre que la verdadera dignidad del trabajo, no reside en éste, únicamente en sus frutos, que deben ser honestos y equitativos, y sobre todo inocentes de las desgracias de los demás, ajenos en lo posible en la reorganizada manera de ser repartida la injusticia en el mundo.

Feliz cumpleaños, feliz en el día de tu Santo, y feliz Día del Padre. Tan parco en todo que lo cumples todo en un mismo día.

Saludos, anónimo Lector.

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