Paisaje para Sadoch

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Paisaje para Sadoch

Cuadro, lugar tan atroz
el que te acoge entre leves
pausas de amor veloz
ser vicio del que mueves

un mundo entero, y así
del todo no descompuesto,
como cieno que un día fui
del que nada soy impuesto,

ya me veo hambriento lodo,
poso muerto y tan certero
que memoriza el modo
en que morirme quiero,

en que salude el día
frente a tu cuerpo desnudo,
como una taza vacía
de un sólo sorbo y dudo,

si amanezco temblante
y espero a tus noticias,
¿será todo ese mi aguante?
Hasta las otras caricias,

las púdicas voces, su eco
con que me llega tu gesto
me atan más que al seco
aire donde me acuesto,

ademán oscuro tienes
al mirarme entre dientes
y al beberme las sienes,
tu ser dice cuanto mientes,

cómo tan breve no hacerlo,
al compás tenue del sueño
qué hasta puedo el mar olerlo,
no me mueve el leve empeño.

La pasión de la cumbre
no es nada si se compara
con la helada herrumbre
que la caída nos depara

desde lo alto, me esperas
hasta tus manos no llego,
si he de decirlo de veras
me acabo de ver tan ciego,

que por suplir mis carencias
haré un esfuerzo más,
daré todas mis creencias
por muertas donde jamás,

ni se vieron cosas tales,
como nosotros sin nada,
ni se escucharon formales
mis quejas de almohada,

de plumas sin nervios tales
que atajan al vuelo mi peso.
Con ruidos como animales
pruebas a callar mi beso

es tanto el dolor de mí
que sin quererlo te apartas
me das aquello que vi,
me niegas, mudo, y te hartas

de ti y de lo nuestro, callas
pronto, como se solaza
el niño del ratón y hallas
quietud ante tu caza.

Así me tratas y me dejo
lastimar tanto como tanto
puedes y no, no me quejo,
solo lloro entre tu manto

de barba blanca y dura
sobre ella y su matiz albo,
olimpíaca tersa y pura,
sobre el cráneo liso y calvo

carneo con labios impíos,
boca fugaz de mi mal,
lágrimas van siendo ríos
en tu cara un mar mi sal

se reconcentra ya la huida
hacia atrás sin vuelta puedo
mirar la paz sucumbida
a muerto una vez más hiedo.

Quitar quisiera este hedor
de piélago infecto y umbro,
¿cómo ha de ser temor
si a él no me acostumbro?

Pídeme que ya me muera
y ordena una condena
justa, no, tal vez sincera
que consuma así mi pena

Del sol, la luna todavía
suspira por huir del astro
que la ata y en su fantasía
su luz declina su rastro

en los esclavos felices
que somos todos, y fuimos
cráteres, o cicatrices,
cuantos te amamos, y vimos

pararse el tiempo en tu mano
como si la arena, escoria
fuera, y es ya, todo en vano
contar noche, día o historia,

sin tu luz me debilito
apéndice baldío, siendo,
tu meteoro, me repito
cuanto tengo, enmiendo.

Tu gloria en tu mano lista
para mostrarse arrogante,
qué un malo dios me asista
si nadie elige a su amante,

no ser yo otra disciplina
que la vuestra por honesta,
mi alma poder no imagina
condena más feliz que ésta.

J. Francisco Cuadrado M. (Abril, 2008)

Saludos, Anónimo Lector.

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