El discurso anológico. Octavio Salazar, tocino vs velocidad.

El discurso anológico. O su versión más afín, el ano y las témporas.

«El perfil del maquinista es un ejemplo más de cómo mucho de los males que nos siguen aquejando tienen que ver con la supervivencia de un patrón de lo masculino que provoca heridas en nosotros mismos y en quienes nos rodean»

Otros pudieran haber escrito algo así:

El perfil del voluntario espontáneo en los momentos inmediatamente posteriores al accidente es un ejemplo más de cómo muchos de los valores que se asocian al macho inconsciente que incluso desprecia su propia integridad física en nombre de la ayuda que pueda prestar, y que no duda en lanzarse a aventuras de manera imprudente e irracional, con tal de servir y socorrer en todo lo posible, salvar en definitiva, al otro, sea quien sea, de la manera más veloz posible, puesto que el tiempo es fundamental en estos casos de accidentes graves…

El señor Octavio Salazar, después del «penésimo», dícese del penosamente pésimo por enésimo, discurso sobre «La masculinidad patriarcal», para divagar traído por los pelos de la mixtificación «del mercado y el capitalismo, los deportes de riesgo» y otras grandes simplificaciones como que el poder se ejerce por el pacto de no se sabe qué fraternidad y por tanto la violencia sobre las mujeres, débiles, y las nenazas….y todo ello por los juguetes… en fin léanlo ustedes mismos…Aquí

Pues bien…

Todo esto y más, para acabar centrando su atención en el «perfil» del maquinista, así deshumanizado por su profesión, para este panfleto que debería revolver el estómago de cualquier ser humano, y por cierto perfil sacado de Facebook, que todos sabemos es el espejo del alma hoy en día.
Establecer, o intentarlo, que en definitiva, la culpabilidad y el error posible no serán sólo humanos por ser maquinista, sino que lo será por ser maquinista hombre, varón, y «macho veloz» como, intitula el artículo es un caso de discurso «anológico», dícese de aquel que tiene su base en la base de la espalda como motor de la ideas deslavazadas por sí mismas, y contra toda lógica, pero engarzadas a la manera del patchwork ideológico de quien borda la colcha que cubra una apariencia de verdad.

No me extenderá más. Pero no ser capaz de ver que entre los vecinos varones, machos, o sea, hombres, sí eso, hombres, que dieron un ejemplo de heroísmo anónimo y tildado de inconsciente por los expertos, en la noche del trágico accidente del tren Alvia en Santiago que ha motivado este artículo es conmovedor… Espero el artículo donde se ensalcen los valores de las mujeres que ayudaron en las mismas condiciones y con las mismas intenciones y donde, me temo, se enfrenten, cómo no, por enésima vez, los valores de unas y otros, intentando demostrar alguna otra antropometría disimilar del no sé qué conceptual…y que lo escriba, el Señor Octavio Salazar, que ya supongo que él encontrará «disimilancias»: dícese de las disimilitudes provocadas por la militancia…

Así termina el señor Salazar su artículo: «De ahí la urgencia de unas políticas que también nos miren a nosotros y de una revolución, la feminista, que acabe por fin instalando como valor social el heroísmo que supone asumir nuestra vulnerabilidad y la necesidad por tanto de relacionarnos tierna y cuidadosamente con los demás»

Ya, ¿pero cómo se conduce un tren a 200 Km./hora tierna y cuidadosamente?

Una vez más, Las Victimas, de tan horrible accidente, acaban siendo un botín referencial más, vaciadas de toda humanidad en manos de hombres como el señor Salazar. Triste, pero verdad, y todo por haber sido tan «veloz» en sus pensamientos por escrito. Y todo por no haber unas determinadas «políticas», no de seguridad ferroviaria, no las otras, las destinadas a que nos salven de ser…¿qué?, me pierdo sinceramente…

Mi caridad paulina más sincera para todos aquellos que han sufrido esta tragedia, espero que no tengan que leer nunca más derivaciones absurdas como las del citado artículo, no ayudan al consuelo, ni a la solidaria empatía, sólo son muestras de la cerrilidad, de ese rasgo tan humano, de creerse en posesión de la verdad absoluta, y muy «patriarcal» por otra parte.

saludar hoy es absurdo…

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