El imperativo categórico: Del Big Bang a D. Mariano Rajoy

paradox human

«Pues todo ser nacido debe desear permanecer en la vida, mientras lo retiene el muelle placer»
LIBRO V, El mundo no es obra de un dios
DE RERUM NATURA, Tito Lucrecio Caro (99 a. C. – 55 a. C.), poeta y filósofo romano.

Puede usted creerme, mi anónimo lector, o no, mientras escribo esto unas remisas lágrimas, sin la venia del decoro, acaban de asomar bajo los arcos apuntalados de arrugas que simulan ser mis ojos. Llorar, que siempre nos contaron es el acto más insólitamente humano. Y hoy como ayer, de nuevo me pregunto si tenemos algún deber con el Big Bang. O ceder a la libertad. A la absurda libertad de la ignorancia.
Desde que el tiempo, el espacio, la materia y la energía, las fuerzas que a todo lo anterior obligadas por leyes incipientes y que hoy enseñorean las pizarras escolares, desde aquel algo diferente, del cual y a partir del mismo, todo sería distinto y no dejaría de serlo desde entonces, hasta aquí, hasta la azarosa distribución de los diferentes átomos ligeros y pesados que componen ese conglomerado de moléculas que conocemos como El Presidente del Gobierno, D. Mariano Rajoy Brey han pasado los extravagantes eones de tiempo inconclusos.
Turbulentas reacciones en todos los campos de la física, y la no menos voluble química, desde el sempiterno caos aparente de galaxias en una continua expansión por la dichosa gravedad, todo aquello que desconocemos por falta de tiempo o imaginación, la lentísima evolución de la vida en planetas como el nuestro para acabar jugando en la propia alteración de las sociedades que del instinto pasaron a la cultura, todo ello para llegar a aglutinarse en esa curiosa forma de la vida inteligente que el mundo conoce como Mariano Rajoy.
Entre medias, las innúmeras catástrofes que no llegaron a ser tales para todos, pues de haber sido efectivas, no estaría aquí sino algún saurio lamiendo el aire con bífida extenuación. De la eucariota a la Biblioteca Nacional, de la desecación del Mediterráneo al Parque del Retiro, de la explosión Cámbrica a los atascos de fin de semana, de la espina dorsal y su bilateralidad a la disciplina de partido, de la metabolización a los asientos contables, de todos lo homos anteriores bautizados según el antojo del día al moderno sapiens que habita Génova, o como salir de África y volver en forma de Troyka, del bipedismo altivo al plasma, de la bóveda platina al «y la segunda, ya y tal…» De la Tierra bola de nieve al «no me consta», de la nunca suficientemente bien ponderada formación de la Luna a «todo es mentira, salvo alguna cosa», de la sierra de Atapuerca al Palacio de la Moncloa, de la materia oscura al «vine a la política perdiendo dinero», del la otra energía y los bosones juguetones a los «sobres«, y de las Bienaventuranzas a los delitos prescritos y los sobresueldos legales. De la bendición de las extinciones selectivamente ciegas hasta el Partido Popular, y desde la teoría de Cuerdas hasta los comunicados y argumentarios con la brevedad de un epigrama latino. Del mitosoma sin aparente sentido al «no entiendo ni mi propia letra». De la separación de las cuatro fuerzas al «No he venido a la política a ganar dinero». Y de la sopa primigenia a la sopa boba. De las leyes puntillosas por descubrir a las bromas infinitas por venir…
Todo esto y más, ha acontecido en ese lapso incomprensible de tiempo que el Universo ha necesitado en su incesante capacidad para dotar a la materia de consciencia, para llegar al ser que pasará a la historia como D. Mariano Rajoy Brey.
Ese más está constituido por formaciones vivas en apariencia que somos los que nunca seremos no él, sino cómo es él. Los que nunca querremos ser él: por respeto al Big Bang y por que ya se encargará el ser que conocemos como D. Mariano Rajoy Brey de alejar de nosotros toda tentación de emulación, por su propia salvación, y supervivencia por selección natural, ella tan bromista, que no por la nuestra, no fuésemos a parecer ser todos hijos bastardos de Hobbes.
¿No es hora ya de preguntarse si tanto polvo de estrellas malgastado no debería ser barrido de una vez y para siempre, y aquí entropía y después Gloria?

Nota: El primer imperativo categórico: hacerse merecedor a través del pasmo que supone el intelecto universo siendo una de sus infinitas consumaciones, sin avergonzarlo.

Saludos, mi Anónimo Lector.

Crédito Imagen.

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