La cadena

monja-tamara-lempicka

Carta de Marie Douteuse, Novicia en la Orden (…) a su madre.

(En cursiva)
Esconded esto para nuestra seguridad…

«He llegado a la idea devastadora de que el problema de todo es la absoluta falta de fe por parte de Dios en el Hombre. Actúa como esos pobres diablos que inspirados por la magia intentan forzar con ella la voluntad de lo inanimado, puesto que en todo ven la mano de la Fortuna como una cadena de eslabones invisibles a la que llaman Destino. Todo cuanto Dios espera de sus actos convendría al Hombre no haberlo sabido, pues el mago tiende al engaño, de los demás en sí mismo, no por maldad o ignorancia, sólo por la fuerza de la costumbre, lastre del Tiempo que una vez en marcha, ni los mismos dioses, todos los que han aspirado a serlo, son capaces de hacer retroceder.
La Divina Voluntad que lo hombres parangonan con su Libertad, por culpa de las señales confusas en las entrañas de las aves destripadas, corrompe en su vanidad el conjuro de la necesidad. La imaginación del mismo ser creado hace contingente al creador que juega sentado esperando que en el fin de los tiempos desparezcan absolutamente todas y cada una de las imperfectas uniones de los eslabones, en la vana aspiración de ese orden perfecto que es el destino deseable de toda creación. Pero Dios, en el desorden mientras tanto, ansía, anhela, y mezcla en el calambur de la existencia de sus designios inmortales, sus propias esperanzas y conjura la marcha del mundo en la certidumbre de que el Hombre Teleológico acabara siéndolo. Lo contrario sería el Mal, y bien sabemos del mal por el vacío de su obras. Dios lo ha intentado casi todo por su fe. Y ceder a la encarnación, simulacro de bondad, no fue más que la evidencia categórica de su inestable capacidad para ser coherente con los principios de su Fe ¿Por qué demonios haría algo así, Él, a quien pensar no le es dable, y sin embargo, condenó a la humana especie a padecer tal castigo?
Avocados al Absoluto de la Ciencia, sólo la muerte se encarga de romper la cadena, y así, en la espera, con la carne putrefacta deshecha en miles de otras cadenas autorreplicantes que volverán a pensar en la entropía salvífica, Dios se ocupa de hacer que el tiempo nos entretenga en su consuelo asaz sibilino, creyendo que llegaremos juntos, por la falsa analogía del orden en que le son dadas las ideas, Humano producto de un sempiterno ritual en el que el demiurgo no acaba de encontrar el perfecto sortilegio, ese Dios de Todo, ensayando, ya sin Tiempo, nuevas maneras de simular su falta de duda, entelequia inversa de la ausencia de la Fe. Ni en la Obra, ni en su práctica. ¿Cómo pues, no seremos la víctima propiciatoria del fracaso rotundo al que se verá avocada la esperanza y su placebo y la no menos apócrifa caridad?

(En cursiva) Madre, haced saber a mi hermana que bendigo su futura unión, nada me es más grato que la continuidad de la estirpe que Nuestro Padre creyó agostada por mi culpa. Escribiré pronto en la contra de la próxima petición del pago de la dote. Dios nos bendiga a todos»

Saludos, Anónimo Lector.

Imagen: Tamara De Lempicka.

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