Benedicto XVI: Libre en la celda

dali_cristo

La renuncia de Benedicto XVI, ha sido calificada de valiente por todos aquellos que han querido recalcar la personalidad especialísima de quien se apea de la cruz. Su predecesor en tal calvario, Juan Pablo II, afirmó que Cristo podía haberlo hecho, y nadie puso en duda tal muestra de infalibilidad. A Kazantzakis se le condenó por la misma suposición. Pero bien podría ser que el Diablo revistiera de humilde sufrimiento lo que no fue sino el difuso pecado del orgullo polaco. Ese sentirse personaje histórico, con una misión hasta el final, pese a la ruina física o la derrota de toda posibilidad, ese saberse necesario, incapaces ambos estados, de reconocer que una vez prendido en la enfermedad, sólo hay un destino posible tras la oración en el huerto, la muerte y el olvido, luchar contra éste para alejar la conciencia de aquella. Todo para nada. O tal vez para ser el renglón más largo en la nueva versión de Vida de Los Papas.
La más exclusiva performance de nuestros días es la renuncia al poder de quien lo ostenta, y lo hace, además, desde la seguridad que proporciona una elección bendecida por Dios o por el todopoderoso Partido. La dimisión siempre es por motivos ajenos, impuestos, sin explicar, y tan obscuros como supuestamente obvios para el enemigo. La cruz ahora la lleva Chávez. Seguir en la Historia, como un zombie, tan de moda hoy, o comprenderse como un jalón más en la lectura de las futuras enciclopedias. Las democracias modernas permiten ser Historia, pero sólo ocho años seguidos, y aún así, a todos les sabe a poco.
El debate en torno a si la Historia la arbitran las decisiones personales de sus protagonistas o, si por el contario, éstas no son más que respuestas condicionadas por las fuerzas socioeconómicas y políticas, solía ocupar el esfuerzo intelectual de los dedicados al ejercicio de la interpretación de tan celosa musa, esa Clío utilitaria de la Historia. Actualmente, la conspiración, la Gran Conspiración o las menos evidentes, zanjan la cuestión. Y aquí es donde la decisión de Benedicto XVI nos devuelve la idea de que detrás del papado, vaya por Dios, se esconde la figura de un hombre, de un mortal, de un ser humano individual, quien se ha debatido entre su obligación como representante de Dios y el deseo normal, vulgar y cobarde para muchos, de dejar en manos de otro el peso de la tiara. Es infalible, y en esa cualidad, debemos aceptar que no puede haberse equivocado.
Si el papado, con su bendita tarea, no ha podido ocultar ni reprimir la voluntad de abandonar a un hombre una misión decidida por otros, qué mueve a otros tantos, en apariencia menos predestinados a la gloria, a permanecer, es algo indescifrable para el vulgo, pues el sabor del poder, una vez probado, acaba siendo adictivo. De esa dependencia se nutre la egolatría, la santificada y la votada.
Cuando en el futuro, el nombre de Benedicto XVI, se asocie al primer papa moderno en renunciar a la cátedra de San Pedro, se podrá aducir el espíritu de los tiempos, y se equivocarán si a ello se le atribuyen causas o motivos de carácter destinados a explicar algo que a veces se nos olvida como fuente de nuestras decisiones, la libertad, o su simulacro. Se repite tantas veces que cuenta más dejar el Poder que llegar a él, que se toma por natural, como si el poder fuera algo natural en sí mismo. Y no falta quien se siente traicionado por quien lo deja, huérfano de líder, el común se indispone con frecuencia, síntoma de una enfermedad sin visos de ser erradicada en breve.
En su nueva residencia, el Papa Benedicto XVI, nadie es expapa, volverá a ser el cardenal Joseph Ratzinger. Cuando en la soledad de sus oraciones solamente sea Joseph, frente a la imagen de un cristo estilo Saint Sulspice, se escuchará una sentencia «¿Por qué me has abandonado?», y nunca sabremos si quien espera respuesta es la muda figura clavada o la silueta abandonada de quien fue el papa que renunció.
No imagino mayor soledad ni más terrible destino que esperar una revelación que nunca llegará. Así es la libertad en sus más absurdos actos, incomprensible, y necia a la trivial curiosidad.

Saludos, anónimo Lector.

Anuncios

Una respuesta a “Benedicto XVI: Libre en la celda

  1. La renuncia del Papa Benedicto XVI es un ejemplo que tendrian que seguir algunos presidentes , politicos corruptos. cuyas ansias de poder no les dejan ver la realidad. Alguien tenia que dar el ejemplo. Quien mejor que su Santidad el Papa Benedicto XVI

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s