D. Mariano Rajoy Brey: ¡A mí que me registren! (Perder dinero o ganarse el Cielo)

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“si me interesara el dinero, lo hubiera tenido como registrador. Yo sé ganarme la vida muy bien; vine a la política perdiendo dinero, pero para mí no es lo más importante, hay otras cosas” D. Mariano Rajoy Brey.

De todas las ideas que utilizó ayer el presidente del Gobierno Mariano Rajoy Brey, la falsa dicotomía entre saber ganarse la vida y ser un político íntegro es la que resulta más odiosa. Esa imagen que deslizó ayer de que en su caso debemos creer que como pierde dinero en la política, le mueven otros intereses y de que estos no son la vanidad ni sus aplausos, podría funcionar en un ambiente calvinista, donde Dios premia económicamente a los suyos, otorgando el certificado de bendito y la vaga idea de previa salvación, en estos lares catolicleros es más que dudoso que lo haga.

Admitir que no se está en política por dinero abre los corazones y despierta la curiosidad. La Política, no sólo proporciona emolumentos económicos, conlleva el deseo del Poder. Pretender que no se aspira al Poder sería ingenuo, y en su caso, ridículo, es el Presidente de Gobierno de un país y el mandamás de su partido. ¿podría negar qué no le mueve el Poder?

Creer que una persona trabaja desde el poder político para transformar y mejorar la vida noblemente de los demás no es incompatible con la opción de hacerlo desde fuera, creerse capacitado para cambiar el mundo, no te obliga a ingresar en un partido y mucho menos a ser su líder. Y desde luego, no ser registrador de la Propiedad, ni abogado del Estado, ni técnico de Hacienda, es sinónimo de trepa corrupto con aviesas intenciones.

Desconocemos las aspiraciones y los anhelos de D. Mariano Rajoy, pero de moverle algo verdaderamente filantrópico, de raíz humanista, no necesariamente cristiana, se hubiera dedicado a la caridad anónima con los necesitados y víctimas inocentes de un sistema que legitima al registrador a ganarse la vida muy bien y a los demás a ser pasto de la misericordia ajena. Lo podría haber hecho muy bien siendo registrador.

De la Propiedad, de esa idea que no parece querer combatir siendo político y con poder, de qué para que unos tengan la propiedad de mucho, muchos nunca tendrán la propiedad de nada.

Los pobres siempre confiaremos en las otras propiedades de los cuerpos tras la resurrección, no queda otra, y estas serán, según la fe, nuestras “propiedades”: Impasibles: ya no sufriremos dolores ni muerte. Ágiles, para ir donde nuestra alma desee. Sutiles: capaces de atravesar cuerpos materiales. Claros, brillantes: con una belleza radiante de esplendor que variará según la santidad que cada uno de nosotros alcanzó en esta vida.

Pero sobre todo, y no menos importante, no necesitaremos registrar nada.
Amén.

Saludos, anónimo Lector.

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