Cristina Iglesias, guía personal para entender una entrevista. 1ª parte.

Puertas de El Museo del Prado. Cristina Igleias, 2006/7

Puertas de El Museo del Prado. Cristina Iglesias, 2006/7

Breve, es un decir, guía personal para entender la Entrevista a Cristina Iglesias, ante su próxima exposición en el Reina Sofía. Cristina Iglesias: Metonimia
Primera parte.

Compadezco al historiador de arte del futuro. Imaginar la cantidad ingente y contingente de información que deberá analizar y manejar, expurgar y discriminar, y un sin fin más de infinitivos resultará tan abrumadora que no cabe otra suposición que imaginar que antes o después, el futuro historiador deberá decidir entre obra y palabra. A la cualidad de lo prolífico se une la de la prolijidad del arte y los artistas que siempre tienen algo qué decir. No basta con producir artefactos que llenen los anaqueles de los sótanos esperando una moda pasajera que justifique la compra, a las obras consagradas por el encargo público, como si éste fuera ya marchamo de excelencia en sí mismo, a éstas y a las otras, se le añade la palabra, en formas varias, desde el libro a la monografía vergonzosamente acrítica, al libro supuestamente profundo, al amigo que nos cuenta cómo es, y sobre todo, cómo debemos juzgar, se le llama prescripción, aunque se disfrace de critica. Nunca desprecian los medios, a los artistas, de hoy, les gusta hablar, y en el género entrevista se explayan, no cabe duda, si bien no suelen arriesgar más allá del cabotaje cobarde de la auto referencia, y lo que es más grave, de la inconsistencia de un discurso que rara vez se apoya en su obra y de hacerlo, tiene como excusa, un viento molesto en su insistente ritornelo. Entre ese significar la obra y simplemente vestirla de verbo profundo, el adjetivo vanamente raro se convierte en el discurso, mera asociación de ideas, pero efectista, desde el falso oxímoron a la obviedad satisfecha, todo es un divagar.

En el subgénero de la entrevista al artista del momento, la complicidad de la entrevistadora es crucial, e aquí un ejemplo. Si leemos «Hay obras de arte que no necesitan explicación» en boca del preguntador, dejemos de leer. Pero como las promesas rara vez se cumplen, no queda otra que adentrarnos en las palabras, en la explicación, en la selva oscura si se me permite un locus tan manido como todo lo que sigue. Crucemos el umbral que nos separa de la obra y paseemos por los meandros de ese decir que a todo artista inteligente se le supone, y a modo de pequeña guía, repasemos alguno de los macetones de ese jardín de la dialéctica artística. Pensemos bien antes de hablar que estamos ante una artista que «es considerada en muchos círculos internacionales como la artista española viva más relevante en estos momentos». Esto suele ser habitual, hasta que los demás no descubren, nosotros no consagramos. Espero por el bien del Arte que los casi desconocidos no patrios que cada año exponen en suelo hispano recojan la reciprocidad del asunto. O estaríamos ante una muestra de gusto delegado.

La entrevistadora, sembrada, recordemos, comienza con una sentencia que parece decir y contradecirse todo en uno, o en la siguiente, y de hecho, marca el tono general. «Hay obras de arte que no necesitan explicación. No porque sean obvias sino precisamente porque plantean enigmas, producen sensaciones, invitan e involucran directamente a quien las ve. Sin intermediarios» entonces: ¿para qué una entrevista?

«Lo que hago es ficción», es una forma de presentarse algo extraña para un artista, pero no para una escultora, no estamos, pues, ante una persona preocupada por esa verdad del arte, que suele ser inmutable a lo largo de la historia y se agradece, absolutismo pericial el justo…por ahora. Sigamos leyendo: «Mis obras tratan de construir lugares donde haya una experiencia que te despierte percepciones que a veces no esperas» Nótese que no son esculturas, eso limitaría mucho, los artistas de hoy hacen obras, así, como las antiguas denominaciones de la «opera del Duomo», o el lugar donde mi padre dejaba el lomo y la salud años ha. Sigamos: «Construir Lugares Experiencia Despertar Percepciones». No hay artista que no aluda a la Experiencia en sus tres primeras palabras. Este hablar es decididamente tan manido que abochorna que se siga ejerciendo. Descubrir la percepción y prometer algo nuevo o inesperado, sólo cabe en mentes ingenuas, o peor, avisadas.

Dice ella, y yo entre guiones: «Y, en este sentido, el espacio del Reina Sofía– – alabar el museo que te acoge es educadísimo, pero suena mal, pretencioso, es como dejar claro que sólo los grandes museos nacionales merecen alojar la obra de la artista- «es un vehículo perfecto». Paren. Vehiculo, y vehicular, jerga postmoderna, imprescindible- «Habrá piezas de cierto carácter monumental que me ayudan a crear el viaje que propongo al visitante».- Paren de nuevo. Viaje, con los contemporáneos, siempre estamos de viaje. Monumental, no es subjetivo. Pero con el tamaño no se juega, y no siempre lo grande o descomunal es monumental- (…) «construcciones que te llevan unas a otras. Hay cruces de caminos en los que uno puede optar por dos direcciones, algún callejón sin salida. Alternativas que activan el lugar» Este juego semántico de que nunca las cosas no son, que siempre son algo más y lo contario es fundamental. En el arte cabe todo, menos la verdad desnuda, la doblez no es sinónimo de profundidad. Lo múltiple debe ser demostrado, y como se basa en la suma de experiencias de los espectadores en plural, tendremos la coartada perfecta, pero siempre nos queda esa sensación de que el artista propone, con la sospecha de que en realidad la flexibilidad sólo es un reflejo de la flojedad de las ideas, de tenerlas.

«Son experiencias físicas. Su trabajo no es decorativo. Son proposiciones de inmersión» esta intervención de la entrevistadora sirve para demostrar la sabiduría de la periodista, y como no, la de guiar al lector, no vaya este a juzgar demasiado pronto. Lo decorativo es el espantajo del que todo artista debe renegar, quemar en el altar del discurso. Los coleccionistas privados deben, por tanto exponer, Ay de aquel que compre con la intención de hacer de su hogar un lugar agradable a través de la «obra», debe sentarse en silencio y sentir esa «experiencia física», algo así como intentar elevar una escultura con la única ayuda de su mente, una propuesta de inmersión o una invitación al hundimiento, chapuzones de arte.

«Siempre me ha interesado producir esa área del deseo. Y a la vez que este no sea accesible», Psicologismos aparte, se necesita algo más que explique esto, no se preocupe, «quiero decir que me interesa activar mentalmente y también físicamente al espectador. Moverte de un lado a otro, la forma en que entras, el que tengas que volverte, todo ello» Recordemos, es una escultora, no una diseñadora de interiores. Suena igual, pero no es lo mismo. Por ello la alusión a papá Duchamp debería despejar al mal pensante: se menciona una obra que pocos recuerdan bien «una pieza que reverberaba en mi imaginario» y el efecto es magistral. Todo al servicio de esa supuesta profundidad que no sea antipática, pero que al creyente le convenza de que estamos ante alguien que sabe lo que dice. Si bien no sabe muy bien como decirlo, de ahí la multiplicidad de los cruces, los caminos y el deseo frustrado, y así hasta la nausea caleidoscópica. Será por vocablos. Un viaje a ninguna parte salva a la cuenta corriente de la artista. No se equivoque nadie, el Arte es un negocio.

Entrevistadora: «Cristina Iglesias ha trabajado en muchas ocasiones con arquitectos. Y, sin embargo, su trabajo es antiarquitectónico a veces. Quizá porque siempre se ha sentido fascinada por ese tipo de construcciones fantasiosas como son las grutas, laberintos, refugios» Anoten esto, pues como si la entrevistadora ya supiera las respuestas, las diferentes figuras poéticas del espacio mencionadas, LA BE RIN TO, repitan conmigo, saldrán de la boca de la artista, sin perderse.

«Una exposición, -prosigue la escultora- la construyes con elementos que muchas veces habías pensado para otros espacios o una situación determinada, y te hacen reflexionar sobre el tránsito. No el tránsito en una ciudad, que también, sino cómo transita la gente por un espacio. Un espacio que tiene que ser permeable pero a la vez te protege y ves a través». Elementos, y Espacio. ¡Ah! y gente. En tránsito. Volvemos con las oposiciones singulares. ¿No se han aburrido ya?

«Esa inquietud, el sentirte perturbado por algo que está a punto de ocurrir, la espera de que algo quizá se repita, que vuelva a brotar agua o que una sombra aparezca de nuevo, esa idea de tiempo te lleva a un lado oscuro. Ese lado oscuro está presente en la obra. Es como una música que te entra y que luego tiene más capas”. Mi momento favorito, es «el lado oscuro». No estamos en Star Wars, pero en el arte, esa recurrencia, vieja y huera, unida a «esa idea de tiempo» no deja de ser una mix de Lucas y Cuántica de pacotilla. Avergüenza a dónde ha ido a parar el Romanticismo. Y la oscuridad.

«Es un reto complicado. Cada pieza es distinta y»… Tal y Tal. Sigue otro de los locus amoenus, por lo a gusto que se quedan, de qué, en efecto no se repiten. Esto no suele ser verdad, pues de lo contario, no tendían un lenguaje reconocido, esa marca, que nos hace decir -es un tapies…o una iglesias… «Me interesa esa idea de un espacio que no es nada, que está olvidado o se está creando, y conseguir activar esa situación y llevarla a un terreno de percepción que verdaderamente funcione. Que parezca que siempre ha estado allí, que no irrumpa, pero que tampoco pase desapercibido». Como vemos, le interesa repetirse, si no en las obras, sí en las ideas. Benditas ideas, que todo lo pueden y soportan.

Continúa en la entrada anterior, para una mejor lectura.

Saludo, anónimo Lector.

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