All We like Sheep

Si alguna vez, rara como sólo puede serlo haber sido escogido por el azar, me preguntaran por la situación política o social de este país, estoy seguro de que si bien no lo haría, nadie me ahorraría las ganas de cantarle al entrevistador el All We like Sheep, nº 26 del Oratorio de G.F. Haendel, El Mesías, El oratorio de los oratorios. Con texto del profeta de los profetas veterotestamentarios por excelencia. Isaías. A quien Miguel Ángel caracterizó con cierto aire de contemporáneo hombre de letras en sus facciones. Interrumpido en la reflexión de lo leído por la voz de Dios. Mantiene la postura de estar en ambas esferas de la vida de un profeta, escuchar para traducir, interpretar, y sin embargo, no abandonar en modo alguno el lugar que sus pies pisan, esa tierra que tanto le deberá.
Hoy todos nos sentimos como ovejas, todos los que mi conocimiento alcanza. No conozco a Pastores, ni Lobos, tal vez si a los Perros que guardan de nuestro rebaño. No somos un único rebaño, los Pastores en sus diversos intereses y propósitos, negocian con sus ovejas, y por ello, alguna vez estaremos en un rebaño de considerables dimensiones y otras, por breve tiempo, en alguno más humilde, que a su vez, en realidad, es propiedad de la misma familia del Pastor. Nos compran y venden, sólo somos ovejas. Si bien Isaías, se lamentaba del errado camino de cada una de las ovejas del Señor, cada cual por su lado, los rebaños de hoy en día, antiguamente también piaras, mantienen para algunos esa apariencia y, sin embargo, es fácil comprobar que los valles por los que se nos permite trashumar son los mismos de siempre, en la ida y la vuelta se nos entretiene. Y los Perros siempre vigilantes nos lo dejan claro, en ocasiones ni los vemos, sólo oímos sus ladridos, es el empuje del lomo de otra oveja, la que acaba reconduciéndonos al redil o al exterior, según la consigna del Pastor. Éste siempre se guía por el Lobo, y sus secuaces, sería ingenuo creer que los Lobos no son también una manada, con sus propias jerarquías e inclinaciones, entre ellos sí hay jefes, no conozco ovejas líderes. Los borregos son como son, ¿quién les culparía por ello? Los Pastores nos hacen creer que con la ayuda de los Perros, nos protegen de los Lobos, pero en secreto, cada noche, sacrifican el tributo, de ello depende su existencia, ganada por la astucia que se inclina por concedernos que al menos, damos leche, lana y carne, pero nunca les sorprenderemos con rebeliones a modo de estampidas generalizadas, son muchas las generaciones de genética manipulada para que esto pudiera suceder. Entre nosotras, las ovejas, no se nos escapa el hecho de que no sólo es el Lobo quien se alimenta de nosotras. El Pastor y el Perro también.
Hay Pastores que en su bondad nos cuidan con tacto de seda, imitando tiempos antiguos, los hay tan altivos, que apenas los vemos, y los hay, aún más perspicaces, que sólo se sirven de sus Perros para jugar con el Lobo, en una contienda tan fingida que si no fuera porque cada noche alguna desparece entre las fauces de esos canis lupus en jauría, sería divertida, como debe serlo para ellos. Entre nosotras las ovejas, a cada poco, surge alguna con consignas de camarada, compañera, ciudadana oveja, escuchamos en paciente silencio y acabamos por balar, esto siempre provoca la risa maliciosa del Perro, el Pastor ni se molesta en aparentar preocupación, no ve más allá del cuero esquilmado, de la lana al peso y de la leche en depósitos, hoy queso, mañana beneficio. Se cuenta que los Lobos, han acabado con los Pastores que alguna vez se rebelaron. El Pastor cree que los verdes pastos son suyos, los Lobos saben que Todo es Suyo.
En las noches con luna y sin ella, los Lobos ya no necesitan aullar, su olor los delata cuando ya es demasiado tarde. El Pastor se lamenta hipócritamente, contando el resto sobrante de nosotras, somos muchas todavía, y siempre podrá producir más con arengas e ideas que el sabe que nos llevarán a comer ese pienso nuevo que tanto nos seduce. Somos así.
De vez en cuando nos llegan rebaños de cabras, que se ven obligadas a convivir con nosotras, actúan como si ellas no tuvieran el mismo destino, pero debemos soportarnos, y las dejamos creer lo que quieran, el Pastor nos obliga.
Ya no queremos más Isaías, el no llegaba a entendernos, y tal vez nunca estuvimos en ese estado, errando cada una por su lado, el creía que debíamos volver con el Señor. Esos son los peores, los falsos pastores.
Y por cierto, como dice el profeta, si el Señor, Pastor de Pastores, se cargó con todo el peso de nuestras culpas, debería primero habernos preguntado, hubiéramos discutido sobre qué es la culpa, quién la tenía más grande y quién debería ser la primera en donarla, si acaso es lana y en cualquier caso si le permitiríamos cargar con ella, era nuestra culpa. Al final, balaríamos todas, con lo que el Perro nos hubiese llamado al orden y el Pastor, apartándonos con sus botas, tomaría uno de nuestros corderos más blancos y lo sacrificaría al Señor, mientras el Lobo, husmea su siguiente caza, los humeantes huesos del sacrificio dibujarían nuestro eterno destino en el aire del valle por donde nunca nos hemos de perder. Todavía no se han dado cuenta de que nosotras las ovejas, en un tiempo no necesitábamos más que hierba y agua, de la tierra y del cielo. Pero ahora, siempre seremos así, como nos han hecho.

Saludos, anónimo Lector.

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