Caminos de plata

Balthus

Cuando recibas estas palabras estaré tan lejos como pueda, no me busques, pues aún en el encuentro ya no sería yo aquella que tendrías delante, esa que tu memoria guarda es la que debes recordar, por ello te ahorraré el disgusto de desilusionarte al compararme como sin duda harías, pues si te conozco, estoy segura de no superar esa comprobación que cometerías en décimas de segundo, siempre serás de ese modo que un día me ató a ti y hoy ya no me es suficiente, como yo ya no soy tu dulce calma, ya no, atrás queda esa quietud, y delante de mí, camina veloz una extraña impaciencia a la que persigo como me enseñaste, sin mirar atrás.
No busques en mis pasos migrándome en ellos tan bien como el viento me sea favorable, las estelas de nuestra cómplice aleación, he de borrarlas para sentirme segura y alcanza con estas prisas, no un temor a arrepentirme, decisiones no me faltan gracias a tus manos, entiende si así te es más benigno al orgullo, que no es mas que una más de la muchas ausencias en que me sumía, y aún teniéndote cercando mi sombra, bien sabías en aquellas mañanas que allí no estaba, mi cuerpo aprendió con esos juegos a salir de paseo sin permiso.
No me voy por las mentiras ni el engaño, no me pregunto por las razones de tus actos, ya no me interesan los motivos ni sus causas, ya se acabaron los días en que entraba en tu cabeza buscando en tus palabras una luz a la que asirme, aquel pábulo tembloroso en medio de la caverna de tus actos, las excusas que tan caras ofrecías, las rumiaba para entenderlas, hoy sé que me faltan vísceras para esa empresa, hoy ya no paseo furtiva por tus dones, no me resultan como antes, necesarios.
No encuentres en ello fracaso por tu parte, tu obra de arte ha echado a andar como siempre augurabas hace el arte verdadero, asume que mi marcha es la coda perfecta a la grandiosa tarea que te impusiste aquella tarde de primavera en el parque donde me recogiste sin preguntarme por mi pasado, ni reparando en mi equívoco aspecto, aquel detalle me ganó para tu causa, era joven y tú parecías tan bueno como lo son los deseos infantiles, o las secretas ambiciones de la adolescencia más loca, desde entonces he sido una labor inacabable, esa carga se ha acabado, pues antes o después el cincel pierde su filo.
No dejaré rastros de abalorios cicatrizando mis pasos, para saberlos recogidos como señales de un juego que estuviera improvisado, será el riesgo de que me alcances, ten cuidado con ellos o te devolverán a la cueva de la que hiciste palacio, engalanando paños de mentiras distinguidas de la húmeda sentencia por su grado de insalubre cercanía, los claustros de juegos de azogue en los que me perdías con la intención de holgarme, como las veces que a tus pies me rendías y entonabas los Canti, así postrada enseñe a mis miembros a estar un día preparados. Amore e Morte, Ingenerò la sorte. Recitaba en ese predio inestable armónicamente labrado con mis concesiones y tus ardides, pero ya nos son más que las reservas de las seguras represalias a las que te condenarás sin remordimientos.
No me quieras hallar entre los prados somnolientos donde alguna vez te conté me distraía, ya no recuerdo como llegar a ellos, como no soy ya la extraviada ceniza de una hoguera que alimentaste resguardándome, extraña forma de mantenerme a salvo de las pavesas con las que decías me formabas cada noche, tan ligera me creía que ya noto la piadosa carga de mis nervios dando ordenes que cumplen mis miembros fatigados, he despertado con el sol, mientras que él me incita a seguirle, tan alto es su trono casi inexistente, pero esa oscura silueta se parece tanto a mí, que es alimento de mis pasos.
No me tiento los deseos inacabados, por tenerlos ya logrados, no me llega ya el tiempo que a tu lado me decías estancado, ahora sé que no mentías, emanaban de tu cuerpo las oscuras ataduras que creía sin llegar a ser que aquello no era sino un momento encadenado al final clandestino del que me privabas con esmero de orfebre, de mago y de hechicero. Soy ya fugitiva de mi misma, como era esclava sin remedio. Esta distancia no será hecha ni compuesta por los edades que consumas en olvidarme, nada advierte el desvío que supone mudar el camino mudo y seco donde escarbar las huellas que lograran saciarte.
No recabes más aliento del que prodigues en saber que mi adiós es irrevocable, lo fue desde ayer, cuando en la mañana no me hallaste, lo es desde que mis ojos no te ven, lo será hasta que la muerte, de la que saber algo nuevo no quisiste vino con su manto de invierno a invitarme, incapaz he sido de negarme, presa fácil dice en qué me has convertido, vendría sonriente y así ha sido. ¿No ves ya mis labios creciendo con la impostura de lo dicho? Creí ser yo quien se alejaba y no soy más que una más de las llamadas del impasible peregrino, al fin comprendo absurdamente el final de mi camino.
No desmientas las historias donde me pinten acogida a la benevolencia de las mano justa de algún desconocido, sabrás que donde creen que duermo sobre la roca tapiada por el manto inquieto, en realidad a pudrirme en la mirada espero.

Saludos, Anónimo Lector.

Crédito Imagen:
Baltasar Klossowski Balthus
Muchacha durmiente (1943)
Óleo sobre lienzo. 79,7 x 98,4 cm.
Tate Gallery. Londres

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