Yo Mnemósine, mi vida.

No ha mucho leí por enésima ocasión un lugar común entre los escritores o quienes dicen serlo, que santifica aquello de que «en literatura lo importante es la manera de narrar, y no los hechos en sí», obviedad esta en lo que al género biográfico se refiere y especialmente en el autobiográfico. Se deducía por ello que una buena autobiografía o «vida de… » a secas, sólo puede ser fabricada por las hábiles manos y el ingenio innato que al escritor se le supone, cosas como estas y el valor, están lejos de ser demostradas, pero si cualquier vida necesita de la pluma para ser algo más, no todo lo que parece vida y como tal se presenta, lo es.
El género autobiográfico tiene en los escritores su mayor fuente de decepción. Por lo general, los escritores, especialmente los que viven en el olimpo de la novela, toman al lector de su vida, cuando nos conceden esta rara deferencia, por seguidor fiel o por enemigo posible, ya sea presente o futuro, real o imaginario y creen que el crítico que llevamos cualquiera agazapado debe ser sometido por la fuerza de la última palabra, la propia.
Entre la hagiografía y la confesión pocas veces florece la justificación sincera, la explicación honesta o el silencio noble que pondera casi todo, y entre quienes decidieron que no habían volcado suficiente de sus vidas en sus obras, nos encontramos los espejos de feria que toda autobiografía suele ser.
Siempre he desconfiado de quienes intentan convencernos de que en sus obras no hay nada cosechado en el propio campo y vendido en el mercado con el marchamo de la imaginación, no por qué no cuenten nada de sus vidas, sino porque escriben cuanto transcriben, precisamente, a pesar de su vida. No es psicologismo de baratillo, es sencillez de juicio, si bien esto no redunda en la profundidad de calado de la obra, vidas o seres fascinantes no dan manzanas doradas ni lo contrario.
Incluso en el género biográfico de literatos se producen fenómenos que cubren el amplio espectro que surge de la abducción masoquista al defenestro velado de admirada pleitesía. Indagar en lo íntimo con las pautas de la necrofilia o los patrones del secretario, hacen de la vida de estos mitos la hercúlea tarea de convertir las peripecias vitales en los hexámetros más egregios que los versos libres que de toda vida, aún de escritor, suelen componer. Son pocos quienes disfrutan de la oportunidad de saber vivir de modo y manera que tiene asegurada su biografía oficial antes aún de dar sus huesos al polvo, escapando así al indecente olvido del cenotafio que es la memoria colectiva y el aura aparente que las bibliotecas brindan.
La ecuación de grado incierto entre el escritor, su vida y sus obras, acostumbra a ser despejada con las buenas intenciones de muchos biógrafos; el dilema, autor, vida y obra, siempre presagia continentes, deambula por islas, eleva las velas al cielo de los recuerdos mudables como el clima y sus nubes, tan pronto reflejan luz como encapotadas por el estilo, nos impiden saber dónde se encuentra la tierra prometida que se nos ofrecía al partir.
El alambique de la biografía literaria del acrisolado tipo «Memorias de Adriano» es el mejor ejemplo de material procesado en el atanor del que se sublimarán el escritor y el revivido por la ciencia arcana de la otra literatura, sólo ha de quedar la esencia, aquel elemento que una vez fijado y enfriado será el incontestable material del que un fresco así se compone, los ladrillos y la cal grosera de lo verificable, la burda historia de los hechos y sus registros son sustituidos por el brillo de la buena literatura, esa bendita forma de narrar.
Pero los escritores no son emperadores, ni siquiera con almas diminutas de las que preocuparse por el lugar donde ya no jugarán más, no, son más que eso, si leemos ciertas cosas, ellos se inquietan por distinguir las verduras de las eras con la elocuencia de Adriano, y si es preciso, como el otro, yuxtaponer las invocaciones de poetas por las propias, asumiendo pérfidamente que «en este mundo viviendo, el mundo non conoció su deidad».

Continuará.

Saludos, Anónimo Lector.

Anuncios

Comente, que algo queda

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s