Al Cielo, como entonces

Martin van Valckenborch, el viejo, acabó siendo un personaje dentro de su torre, y tan era así que casi nadie podía mencionar su nombre a propósito de tan significativa obra, reproducida por doquier al pairo de las más peregrinas excusas. La obra guardada en Dresde, la más desgraciada ciudad entre todas por los bombardeos aliados, no era la más famosa de las muchas versiones que tanto gustaban a los germanos en medio de sus creencias en la capacidad del creyente de encontrar el orden en el desgobierno, ese caos del que se sentían culpables desde la Reforma. Sin duda la obra de Pieter Bruegel, era mucho más conocida, Hendrick van Cleve se había demorado en numerosas versiones y el hermano de Martín, Lucas, también había dado su opinión del tema. A la información tan valiosa sobre los sistemas de construcción, se añadía la idea de la moralidad del pasaje bíblico, secretamente se convertiría por reiterado, en un desafío a los designios de Dios; antes de ser abandonada la Torre, el Zigurat, demostraba que el esfuerzo unido, sin de la intervención de un patrón celoso y ruin, el Hombre podía soñar con llegar al Cielo por su propios medios.
Martin, sin embargo no era precisamente recordado por sus muchas ejecuciones de la torre, a veces muy cercana la babilónica que se descubriría siglos más tarde, y pasó a su archivo personal como otro más de esos obsesivos pintores de tema particular, esa forma de ser artista que tan buenos resultados había dado a las vanguardias y sus epígonos. No dejó de anotar que en alguna versión, por ejemplo, la del fresco de Mattia Bortoloni en la Villa Cornaro, recordaba al Monumento a la Tercera Internacional o Torre Tatlin, al final una torre sí acabaría siendo una respuesta a la divina providencia, no sólo de progreso, del mismo que nunca fue entendido como tal, dependiente del lado desde el que se estuviera en la construcción de las mismas, sino también de la futilidad de toda obra humana.
«Regreso del viaje que no recuerdo haber comenzado, y me llaman bárbaro, sólo eso comprendo».
Saludos, Anónimo Lector

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