En la cama con la Crítica Kitsch


La obra titulada Rinzen, ganadora del León de Oro de la XLV Bienal de Venecia, 1993, de Antoni Tàpies cumple todo los requisitos para ser considerada como una obra Kitsch, si atendemos a estos someros principios: «el Kitsch pone en evidencia las reacciones que la obra debe provocar, y elige como finalidad de la propia operación la preparación emotiva del fruidor»(6). No se conoce crítico que en su momento ni después se haya hecho eco de algo tan evidente.

Lo curioso es que el propio Greenberg denunciaba la utilización de lo Kitsch por el totalitarismo allá por 1935 y sin embargo su discurso es Kitsch, (nótese “fruidor”, y no consumidor o espectador) pues provoca lo mismo que subraya, su uso de un lenguaje supuestamente especializado está destinado a «provocar» los efectos deseados en el lector culto, mediante la «operatividad discursiva», es decir, los affetti, una jerga particular que es música en los oídos de los creyentes, de ellos y su cantinela se ha nutrido hasta nuestros días tanta Crítica.

Cita tomada de:

UMBERTO ECO, APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS, Editorial Lumen. ESTRUCTURA DEL MAL GUSTO Kitsch y cultura de masas, Pág. 88

(6) CLEMENT GREENBERG, Avant-garde and Kitsch,
Nota a las imágenes: faltan las sillas de la instalación.

Crédito de las imágenes, Bienal, MACBA

Saludos, anónimo Lector.

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