En Italia.

En su viaje por Italia, no dejaba de pensar en sus amigas, allá donde una secamente cubierta por una alfombra pajiza que se enfrentaba fanfarrona al azul demasiado luminoso, tierra de donde nunca saldrían y que un día las acogería en el seno enojado, como de madrastra, para hacerlas olvidar pronto, tanto por los lugares por donde dejaron su paso como en los pensamientos de quienes alguna vez las saludaron con amabilidad. Así sin remedio, serían ya parte del barro que hollar con la indiferencia. Llegaba de Ferrara, y tan sólo tenía ganas de saber algo de ellas. Se conmovió con imaginar a aquellas dos provincianas como ella misma, entrando triunfalmente en la Roma eterna.

Saludos, Anónimo Lector.

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