Ovejas hirsutas, lacias ideas. La Tate Modern se rinde a Damien Hirst.

dolly no parton

Damien Hirst. El arte que nos hace pensar, o en su defecto, sentir.

“Creo que en todas las artes lo más importante es la idea”
Una búsqueda en la webteca, fácilmente accesible, nos demostraría que cuando un artista conceptual menciona la Idea, su importancia y la necesidad de hacer pensar al espectador, entre otras derivaciones más o menos ociosas, estaríamos ante la demostración patente de que en efecto, “Hay tantas cosas en el mundo que prácticamente todas las ideas que puedes tener ya las ha tenido alguien antes” Damien Hirst en palabras recogidas aquí.1
En el Idea Art, no se aclara como se distingue una idea o se llega a ella. Resulta evidente qué, en el mundo ajeno al arte, una idea no es un concepto, pero ello no es impedimento para la sustitución de ambos términos. Comprobar el escaso aprecio que tiene los artistas por la precisión de sus expresiones, y el terreno epistemológico en el que pretenden desarrollar su entendimiento es desalentador. Pues cuando la idea no funciona de manera evidente, está esa recurrencia al sentimiento, y su provocación, y lo mejor de todo, es que no hay contradicción en ello. Aquí debemos suponer que el Idea Art, por muchas apelaciones que haga a la catarsis emocional, debe asumir que en primer lugar nos hace pensar y como tal, está ofreciendo algún tipo de conocimiento a través de la obra. Si bien, siempre, nos hace pensar “¿qué demonios es esto?” mientras el artista se pregunta cuánto estará el cliente dispuesto a pagar, el espectador se debate entre entender, sentir, y sobre todo estar a la altura de lo que se espera de él. El orgullo intelectual de “comprender” el arte es la baza que juega el arte conceptual para sobornar al despistado contemplador. Pero, por si acaso, el artista se encarga amablemente, de dar coartada emocional al consumidor, cada uno puede pensar de su obra lo que le venga en gana, pues no es intención de la idea artística “dirigir las ideas del espectador”.
Precisamente, ese limbo donde cada uno piensa lo que quiere sólo tiene el límite del prejuicio uncial del arte conceptual, y que no es otro que aquel que expresa que, en efecto, es arte, gran arte y conceptual, de los que cambian el mundo y a sus seres. En palabras de Hirst: “No creo que haya diferencia entre arte conceptual, arte contemporáneo o arte tradicional”. Si no se reclama diferencia, no es necesaria su existencia, a no ser que en realidad el arte conceptual hable en su intención de lo mismo que el “arte tradicional”, suponiendo que el conceptual es vanguardista o revolucionario, de hecho es más que contemporáneo, tal vez postmoderno, y es de agradecer que se conceda al arte no conceptual un lenguaje en esencia igual al elevado que suponemos en tanta performance efímera. Si todas las formas de arte tienen en realidad la misma intención y objetivo, el medio por el que consiguen la reflexión y los afectos, es difícilmente comparable. “Cuando me di cuenta de que no podía ser original es cuando empecé a hacer arte. Es igual ser original o no. Hay tantas cosas en el mundo que prácticamente todas las ideas que puedes tener ya las ha tenido alguien antes. Eso fue el comienzo para mí. Mire, por ejemplo, las obras sobre las moscas. Hay montones de influencias ahí”, leemos de nuevo la opinión de Hirst, y es evidente que El Buey Desollado de Rembrandt está en el origen de muchas carnicerías veristas de este artista, pero desde luego no consiguen los mismos efectos. Los medios, desde luego influyen. La maravillosa “pincelada” del holandés, quedará siempre en la memoria, después del paso apresurado de la gama de reflexiones y emociones que suscita una primera visión. De las pobres ovejas del inglés, no queda precisamente, ese regusto sencillamente estético, que heredamos de la buena pintura. Los nuevos soportes, y artificios de las ideas, pueden aspirar a ser ese arte que llegó para hacernos pensar, lo que pensemos del mismo ya es otra cosa.
Ciertamente, no es que el arte del pasado no hiciera pensar, y que hoy sólo proporcione placer, debido a la pérdida del bagaje necesario para interpretarlo, es que el arte conceptual, también se verá sumido en el olvido de la imaginería que lo hizo posible, y entonces quedará la hercúlea tarea de reconstruirlo. Las conclusiones, esas lábiles punzadas que el gran arte siempre nos regala, pueden ser como poco, sorprendentes.

Saludos, anónimo Lector.

1:http://elpais.com/elpais/2012/04/05/gente/1333644542_487559.html

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