Un Viaje al Pasado.

Ha sido como un viaje en el tiempo…Pasar el tránsito astronómico de año solar en medio de encinas decadentes y de abrojos restos de cultivos y de los otros, las penurias encubiertas derivadas de vivir entre aperos del siglo XIX, aunque destinadas a la decoración de los espacios que en otro tiempo fueron pajares y hoy son magníficos “halls” de entrada para remozadas casas de pueblo, actualizadas para las necesidades modernas, decidido a no tener más aparato tecnológico que un molinillo de café, la noche transcurrió entre viejas historias de “fantasmas”, es decir, hablamos de familiares muertos ya para todos aunque algunos sigan vivos, pero a tal distancia de allí que en verdad se diría que lo estaban. Las anécdotas se hilaban al compás de las agujas de un reloj de pesas que la bondad de su belleza ha salvado de una venta bochornosa.
Cada uno sentado según una particular jerarquía debida a la predilección por determinados asientos, su comodidad y cercanía al hogar que alimentado por los troncos de una encina joven desmochada hace meses, ilumina y calienta cuerpos y estancia con el más milenario de los misterios domeñados por el Hombre, ese arcano fulgor que ha acompañado al ser humano desde que sólo éramos una ramificación con cierta posibilidad de éxito. Lejos está desde luego el alimento servido en bandejas de alpaca, porcelana desconchada y barro, del que se cazaba y cocinaba en la noche milenaria que no intentábamos imitar, pero por un momento, viéndonos así, alguien dijo, “y para más recogimiento, sin cobertura…”. Las risas, se dejaron caer, no todas con la misma aceptación, pero nadie osaría romper el espejismo de aquella noche sin tecnología.
De las historias familiares pasamos después de que cada uno bebiera lo que mejor consideró oportuno, a las reflexiones sobre cómo ha cambiado la vida desde que estamos conectados, los más, tímidamente reconocían que por una noche nadie se moriría de aislamiento, pero una menuda e inteligente jovencita nos hizo notar que en verdad el hecho de habernos reunido para esta noche tan especial, era ya de por si una conexión entre los participantes, añadiendo que la mera conversación con una única persona era un territorio de comunicación tan amplio como podía serlo una red social. Pues todos cargamos con los recuerdos de una vida llena de las vivencias compartidas con cientos de personas que a su vez contenían a otras cientos de personas, el problema es que nadie considera que eso sea importante. Le preguntamos “el qué exactamente” y ella contestó, “nadie se acuerda de los muertos y a los vivos dejamos de prestarle atención en cuanto no comparten espacio físico con nosotros….Les recordamos vagamente y de volver a verlos entran de lleno en el capítulo de las cosas que se guardan en el cajón de las cosas viejas”.
Cada uno comenzó a contar algo sobre alguien que en teoría no debían conocer personalmente los demás, poco a poco fuimos descubriendo que en efecto, a pesar de no conocer a la persona vía “encantado de conocerte” y otras formas sociales de educación, casi todos conocíamos a alguien así o al menos el nombre no era un fantasma para algunos de nosotros, es decir, en alguna ocasión, muchos de nosotros recordábamos al amiga de la amiga que una vez se encerró en el ascensor con su novio y les pillaron los vecinos, aprendiendo la elección de que los riesgos absurdos, dan lecciones llamativas.
Poco a poco, como sucede después de los efectos etílicos o la sobriedad crítica, lo que en un principio eran órbitas lejanas se convirtieron en un perfecto sistema solar de historias que giraban en torno a una estrella común, el chismorreo que como una horno alimenta y calienta las frías noches de nuestra vida.
Se fueron desgranando, de esta manera decenas de historias, unas divertidas y otras no tanto, algunas escabrosas y otras, simples chismorreos, alguna sin embargo nos tocó la parte de nosotros que nunca quiere saber ese tipo de cosas, por una superstición común, no saber implica una tabla de salvamiento, “eso nunca me pasaría a mi, pero de ser así no lo contaría…” Al final de la noche conocíamos más antecedentes, tal vez no sus consecuencias, sobre los amigos y familia lejana de todos nosotros, algo sobre los amigos de las amigas de los amigos, lo más siniestro de la última prima segunda de nuestro anfitrión, y algo sobre nosotros mismos, somos un caudal de información, de voluble interés, pero sobre todo somos los animales que han hecho del chismorreo una forma de cultura, alguien apuntó, “creo que sin el cotilleo el lenguaje no se hubiera desarrollado, era importante comunicar los lugares de caza, pero era más jugoso saber si el forzudo pelambreras de la tribu habíase comportado como el bruto qué es, y ha matado en verdad, con sus propias manos el bisonte, como siempre hace creer al traer su lanza de punta de piedra limpia…” Una risa general se apodera del humo del hogar y el silencio le sucede como natural a la reflexión que sigue, ¿de qué hablaban recién descubierto el lenguaje nuestros ancestros?, ¿sólo de cosas importantes?, …o de cómo el tímido chamán ha conseguido convencer a los demás de que el mejor día de caza debe ser cuando la pequeña cosa blanca del cielo se oculte una noche, la llama algo que no significa nada, pero ese nombre se repetirá de boca en boca y acabará siendo una deidad, porque después del nombre viene toda una serie de historias sobre ella, la cosa-luz que crece y mengua sin saber por qué, pero que rige el destino, nadie sabe qué es eso, pero el chamán lo sabe y eso basta.
Millones de Generaciones humanas después seguimos reunidos delante del fuego, y esta vez para hablar de otros, alguien dice, “sólo los solitarios piensan en lo importante…”, brindamos por la ocurrencia y fingimos cansancio, poco a poco nos retiramos, sólo el más joven se queda admirando los rescoldos, y recuerda que siendo el que menos ha hablado, se quedará para escuchar la historia del fuego, dice que era un cuento de su abuelo, “el fuego habla a quien lo escucha, pero quema a quien le interroga, nunca le preguntes, sólo escucha, él guarda los secretos de todo lo humano, sus mentiras y verdades, pero no es un buen lugar para esconder nada, siempre acaba revelándolo todo”.

Saludos, anónimo Lector.

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4 Respuestas a “Un Viaje al Pasado.

  1. Me ha venido a la cabeza lo curioso que es el cambio de prisma sobre las cosas que aporta el desarrollo de la tecnología, y ha sido al leer este fragmento: “(…) el hecho de habernos reunido para esta noche tan especial, era ya de por si una conexión entre los participantes, añadiendo que la mera conversación con una única persona era un territorio de comunicación tan amplio como podía serlo una red social”. Hoy en día hemos de valorar los encuentros personales como alternativa a los virtuales, cuando hasta hace nada era todo lo contrario.

    Me hago muy mayor.

    PD: Por cierto, una naración extraordinaria, me atrevería a decir que de lo mejor que te he leído nunca (lo cual no desmerece lo anterior, que conste).

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