La Corporación.

Ya anciano, José el Carpintero, creía haber cumplido con su misión. Desde que le llegó la noticia de que Yahvé, tenía intención de crear una nueva filial, y de que le asignaba el cuidado y formación de un niño del que no era padre natural, tuvo que tomar decisiones importantes. Aquella noche a su frágil memoria acudían los recuerdos más insólitos de aquella otra noche fría, tan lejos de su terruño, Nazaret, era un lugar pobre pero a donde iban no era precisamente Jerusalén. Para empezar, el viaje; no llegaron a Belén, sino a sus cercanías y teniendo en cuenta del poco peculio que les quedaba, sólo pudo formalizar su estancia en la posada. Aquello no era una bienvenida en toda regla, pero la Yahvé Corporation Inc. siempre se rigió por las oscuras normas de la Ley. El parto, al que no asistió, fue obra de María, la extraña joven actuaba como un ser de otro mundo, y el Carpintero sospechaba del lavado mental de la Yahvé Corporation Inc., pues todos estaban bajo su sombra de una manera u otra, y los Romanos con su falso Imperio, no eran más que una pieza del engranaje de su oscuro juego. Las diferentes ramas de la Macrocorporación, se disputaban el poder y si bien los Saduceos y Fariseos, parecían no estar de acuerdo entre sí, no eran más que partes de una trama bien organizada, cubrir el mercado de las necesidades con todas las posibilidades abiertas, hasta los Zelotes jugaban a la guerra con el permiso de la Corporación. Los Levitas eran puro formalismo, y se encargaban de dar la cara más amable, a modo de pantalla publicitaria.

El Carpintero recordaba la orquestación planificada de aquella noche, se pagó a unos pastores para alabar de rodillas y en silencio, como si oraran a la criatura que descansaba placidamente en los brazos de su madre, y fingiendo orar, sólo pensaban en el vino y el pan que se les había prometido. Debían contar algo sobre una luz sobrenatral, pero ninguno alcanzaba a comprenderlo del todo y se prodigaron las versiones sobre ello. La llegada de los Magos, era un disimulado golpe de efecto. Rumiaba sin comprender la señal de que debía huir a Egipto, por razones logísticas el ambiente político no era el más indicado y el tal Herodes no encontraba satisfactorio el acuerdo propuesto por la Corporación, y rompió el trato, por una nimiedad que le costaría cara. Después se escribiría mucho sobre este desagradable asunto, acusaciones injustas y calumnias pero El carpintero no leería nada de ello, por lo que nunca supo que donde debía poner enviado administrativo, por ejemplo, se contaría que un Ángel le hablaba en sueños, cosa absurda incluso en aquellos días, la Corporación ya no necesitaba usar esos trucos.

Todo fue estudiado al milímetro que se espera de quien no tiene prisa y si debían sacrificar parte de su esencia como pueblo, la garantía de convertir a la Corporación en la más grande de cuantas el mundo conocería, merecía la pena, pues era cuestión sencilla: renovarse o morir. Gracias a la información clasificada sabían que antes o después el Imperio actuaría y alguien debía heredar el control de todo, ya eran mucho los siglos desde que el Informe Moisés, había obtenido carta de naturaleza Oficial, y el Plan, era sumamente ingenioso. Alcanzar el poder desde abajo, ocultando la Cúpula. En otras partes del territorio controlado por los Enviados, en el momento del Parto del Salvador, los padres de un tal Saulo, estaban siendo ya preparados, para llevar a cabo la parte que les correspondía. Otros tantos, entre pescadores, y demás oficios comunes, jugarían un papel importante, y por vez primera, con la inclusión de María, a la que acampañarían otras mujeres más adelante, daría un aire nuevo a algo tan viejo como la última llegada del Mesías. Pues este y no otro, era el gran secreto que el Carpintero, llevaría como una astilla invisible clavada en su piel, recordándole a cada punzada su misión.

Durante las noches en la posada, los comentarios eran filtrados y controlados por la Corporación, y los Magos, no se fueron de allí sin haber cobrado una sustanciosa cantidad en concepto de Dietas, se les despidió con felicitaciones debido a su astucia diplomática ante Herodes, pero se les despachó por el camino contario, en realidad no se puede confiar en esbirros. Pastorcitos y demás, más sumisos, por lo general, mostraban su natural dejadez para con las cosas de la Corporación, aunque se oyeron voces reclamando más transparencia en el asusto del alumbramiento, siempre por parte de mujeres y jóvenes doncellas dedicadas al campo, quienes si bien sólo se miraban de hito en hito, no dejaban de especular con el supuesto fenómeno, pero tratándose de la Corporación, nadie se atrevía a decir nada, para cuando llegaran las dudas, el Hijo estaría en condiciones de valerse por si mismo, de ahí que Egipto, fuera el Centro de Educación elegido con tal propósito.

Nunca pudo hablar con María de nada, ella simplemente miraba el cielo, y esperaba, debían haberle prometido algo muy grande para pasar una vida de silencio, tan solo roto por los murmullos que compartía con el Niño, incluso hacían viajes juntos, de los que se hablaba a espaldas del sufriente Carpintero, quien nunca pudo evitar saberse el más prescindible de toda aquella farsa. Se limitó a asistir como una decoración a los sobresaltos de la infancia normal casi siempre de su “Hijo”, pero el control de la Corporación se agazapaba en cada esquina de los adobes del Nazaret.

Cuando llegó el momento, El Hijo dijo palabras ya conocidas por el Carpintero, una vez a solas, José y María, se quedaron a esperar, pero la Corporación quería del Carpintero un nuevo sacrificio, su desaparición, física y real. Se despidió de María, quien ya pensaba en otras cosas y desde entonces no volvieron a verse. Camino del desierto, se encontró con un joven un poco mayor que su No Hijo. Se llamaba Juan, hijo de Isabel, y era sobrino de María, al reconocerse después de mucho tiempo se sentaron debajo de un centenario Olivo y El Carpintero escuchó algo sorprendente, “No tienes de qué lamentarte, tú, Tío mío, no has sido siempre la Segunda Opción…”. José sin pensárselo mucho dijo levantándose, y dando su brazo al que llamarían el Bautista, para despedirse: “Es verdad, siempre he sido el más servil de toda esta historia…”Juan tenía una única pregunta: “Dime, ¿por qué aceptase?”, El Carpintero, apoyado ya en su cayado, levantó los ojos, los bajó después al suelo, y sacudiéndose el polvo de sus sandalias contestó, “La Corporación me prometió que no moriría solo…Pero se han olvidado de ello, parece ser que no encajo en el Plan”
Se adentró en el Desierto. El resto es Historia.
Saludos, anónimo Lector.

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