Breve Historia de Un Libro. 2ª Parte.

“ Debo decir que mi tránsito por los distintos anaqueles y estantes, con sus tan en ocasiones, disformes materiales, no ha sido tan atroz como a veces quiero creer, pues los otros libros me despreciaban por ser «de bolsillo», ellos con sus tapas duras y su precio en portada me miraban por encima del lomo, pero estando aún sin ojear, ellos, tan nuevos, se lucían como mera decoración, lo que les hacía aún más fatuos, reconozco que llegaron a moverme a la compasión, de la que ellos siempre carecieron por mi aspecto … “ …“si bien, no puedo alardear de haber sido abierto, no hablo ya de lecturas completas, en demasiadas ocasiones, en algunas veía yo aquellos ojos que buscaban en mis caracteres diminutos, con la ansiedad infantil de quien alberga la sospecha de encontrar un tesoro, exámenes e inspecciones, que reconfortándome, pues falta me hacía, halagaban mi vanidad, no voy a negarlo a estas alturas, cuando ya soy un viejo libro…” “Uno de mis primeros «amos », no me firmó, luego no recuerdo su nombre exactamente, fue un estudiante de “ideas liberales” , oí decir a su madre una vez, pero no se daba cuenta de que a mi lado estaba un tal Marx a quien yo ni conozco ni sé otra cosa que los susurros que dejaba caer en reuniones en las que acompañaba al enjuto muchacho que claramente me compró por obligación universitaria”
“Aunque nacido en La Argentina, muy pronto me embalaron junto con otros muchos de mis hermanos gemelos, es lo que tiene ser obra tipo ensayo breve, en cajas con un fondo de paja para nuestra supuesta mejor protección, y sentimos el océano bajo nuestro lomos de canto, pues eso nos comentó al subir a bordo un marinero que debía odiarnos, por el peso que suponíamos, pero mi vida ha transcurrido en España, llegué a Barcelona unos meses después del año 1955 y en verdad no debería quejarme, si bien al principio fui bien recibido, pronto descubrí que sólo era un libro de consulta, pues pocos de mis dueños llegaron a leerme por entero”… “Cuando acabé en una librería que todo el mundo conocía como la del Señor Don Joan, me dispusieron en la sección más temida por todos, la de «Libros de Ocasión». Todos cuantos estábamos allí teníamos la misma sensación que me contaron de un tal Oliver Twist, y creo recordar que teníamos la exacta sensación, como niños de un orfanato, cuando llegan los futuros padre de adopción, y mostramos, o eso intentamos, presentar la mejor de nuestras caras, en mi caso un breve lomo, apenas legible, pero siempre me dejaban mal colocado, por lo que sobresalía un poco del estante…”, “los libros, aunque tenemos recuerdo de cuando fuimos planchas de preimpresión, en realidad no sabemos nada de nosotros mismos hasta que alguien nos lee, pues en su lectura nos descubrimos, es algo extraño, pues más de uno se ha llevado una sorpresa, es como ir muy bien vestido, pero descubrir que te has equivocado de fiesta y que el disfraz que te han vendido, en este caso, portada dura y letras tamaño Capital, no es más que vulgar reclamo…”
“una vez, estando ya en manos de cierto aspirante a profesor, opositor y de muy malas pulgas, le oí comentar sobre mí que era uno de los hijos de Ortega, aquello me intrigó, y esperé que mencionara mi editorial, que mal interpretaba yo cuando mi lector de turno, iba directamente al texto, pasando de preámbulos editoriales, fue un mes de Abril, lo recuerdo por la luz, que aprovechaba el opositor a Magisterio, para ahorrar en bombillas”… “Ahora sé, gracias a quien teclea, cosa desconocida para mi, hasta hace relativamente poco, qué estoy descatalogado… eso quiere decir que en cierto modo soy único, triste consuelo, pues a buen seguro acabaré en una biblioteca pública, que es lo peor de los destinos posibles, pues al contrario de lo que los humanos puedan creer ir de mano en mano, aparte de cansado, es una ausencia de cariño, que por mucho que tu nota de la CDU, contenga muchas fechas, sólo significa una cosa, no eres ni siquiera importante como para que provoques que un apasionado te robe, con la excusa admisible del despiste o el olvido…”, “pero puede aún ser peor, en la década de los sesenta, yo ya era una antigualla, pues La Colección Austral, obra del tal Ortega, y a la que pertenezco, siento no poder dar más datos, pues mi texto no los comenta, tuve como compañero a un tal «Muerte en Venecia», llevaba un número, el siete, (comparado con el mío, me hizo sentir minúsculo), que nunca llegó a conocer su final, pues nuestro estudiante nos compró, y según mi propio compañero de estantería, debió pensar que era una novela de misterio, viendo que no era así lo dejó sin más, esas cosas, suelen suceder en más momentos de las que los mortales piensan, y siendo nosotros inmortales, y no siéndolo en verdad, todos, secretamente lo creemos, no imagino peor destino para un libro que el que sufrió, quien con los años, sería un texto llevado a una cosa llamada cine, si bien, los libros no nos llevamos especialmente bien con tal sistema de difusión de las historias que atesoramos”…
”En ocasiones, lo más ingrato es que después de estar junto a los mismos compañeros y colegas impresos, uno se queda sin tema de conversación, y se conocen casos de ejemplares mudos, son aquellos que por ser de gran tamaño suelen estar muy bien ilustrados y abocados a presidir, junto a un ramo de flores frescas invariablemente, la mesa de diseño del salón o despacho del dueño de turno, los tomamos por engreídos, y nos burlamos secretamente de su pomposa actitud…pero llega el día en que el temido silencio acaba por rellenar el aire que deja libre el polvo que nos cubre…, pues no crean que todos somos objetos de devoción limpiadora para quienes nos enseñan, con un gesto que dice…«bueno, ahí mis libros, de cuando era estudiante…», con lo que tenemos que luchar con algo que todo libro teme. Lo microscópico….”

“perdóneme el lector de esto, si mi memoria está deshilvanada, pero muy a nuestro pesar, que estemos numerados, eso no significa tener conciencia del Tiempo….” , “ Todos estamos abocados a un final, debido a la diferencia en nuestra impresión, la calidad del gramaje del papel y su tinta, así como nuestras costuras, el uso y el abuso y las diferentes peripecias a las que nos vemos sometidos, siempre, y en esto coinciden todos mis colegas con los que lo he comentado, en que no hay mejor día en que una voz joven de repente y sin venir a cuento suele preguntar «¿ me lo prestas?…te lo devolveré, de verdad….», ese momento, nos retorna a la verdadera vida, por fin de nuevo, alguien se siente interesado por nosotros… y si después no somos en ocasiones ni siquiera abiertos, nos conformamos con salir del estante y viajar y asomar la guarda entre mochilas y bolsillos, yo una vez viajé en metro y subí a un sitio llamado, Tibidabo, pero aquello me queda ya lejano, creo que quien me pidió prestado se llamaba Ramón y después supe que se convirtió en famoso escritor.. claro que para ello se cambió el nombre por algo que me sonaba a uno de los Autores Latinos con los que solían sentarme en mi pupitre, como a veces bromeo, sobre nuestra ubicación.”

Saludos, anónimo Lector…

Continuará…

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