Centauros, Travesías Del Desierto.

Prólogo: Nunca se sabe a quién va dirigida una entrada, en este caso, a todos, cualquiera o nadie por intervención de Tyché, si así fuera, años después de ser escrita, he encontrado a su Lector. Para Daniel Tubau, WWW-danieltubau.com, con mi modesta sinceridad.

Cuando el ruido de cascos de los Centauros, y sus ecos se desvanecieron en el silencioso marchar hacia la Historia, pues siempre llegamos después de ella, y ella nos alcanza, cuando la abandonamos, un inmenso tropel de seres les acompañaban. Todo un mundo de Dioses, seres y formas, de una entidad sólo perceptible, por la creencia en los mismos, fue postergado, por la juventud de un Dios, que renegando o no, de su Padre Hebreo, había decidido conquistar el mundo de los hombres, y éstos para granjearse su bondad y la recompensa dudosa de la vida eterna, con el perdón terrenal, decidieron extinguir el recuerdo por completo de todo aquello que en un tiempo, no tan lejano, había llenado los corazones de los hombres, imbuido su imaginación, e inspirado sus manos y sus lenguas, para dotar al mundo de la representación de unos seres que nacían de la piedad o de la oscura naturaleza que acompañará siempre a los hombres.

Honrar a sus antepasados les ennoblecía a ellos mismos, y por mucho que los primeros cristianos se valieran de los escépticos paganos, como excusa de su verdad, la piedad, y no la superstición, era un patrimonio espiritual de una civilización, que nunca pretendió arrasar el cielo ajeno, considerándolo tan hospitalario, que los propios emperadores podían ocupar un lugar en el mismo.

No debemos olvidar que las guerras entre Dioses son siempre inventadas por los hombres, ejecutadas en su nombre y bendecidas con la sangre de los creyentes vencidos.

Hubo un tiempo en que los Centauros, adornaban uno de los más excelsos edificios que la imaginación humana haya creado. Es curioso que el mismo Pausanias, no los mencione, pero seguramente el estilo un tanto arcaico de su ejecución, hizo que el, en otras ocasiones, minucioso cicerone, no se percatara de su elocuencia artística. Las metopas del Partenón, que representan el combate entre los Centauros y Lapitas, tras la boda de Pirítoo e Hipodamía, (tema central del Frontón del templo de Zeus en Olimpia), son una escuela de actitudes y cualidades, que pese a su desigual valor, consiguen retornar al observador, a un mundo donde el heroísmo era algo más que hojarasca marmórea de épica trasnochada. No obstante, no han llegado hasta nosotros todas las metopas por lo que cualquier juicio es aproximativo. La elección por parte del taller de Fidias, pudiera deberse al hecho de que Teseo, héroe nacional de Las Atenas y del Ática, había ayudado a su gran amigo, Pirítoo en tan desafortunado lance, y entre ambos, habían conseguido vencer a los lascivos Centauros. Si lo que se pretendía era propagar un mensaje nacional o de advertencia a los visitantes, no es seguro que el efecto fuera el deseado, pues no en todas las metopas vence la parte humana. Se acostumbra con frecuencia a subrayar que las metopas representan el triunfo de la razón sobre la barbarie. Pero, como todo, el Logos supuestamente racionalista es un foco de diacrónica distorsión del arte griego. Y los Centauros, si bien se presentan como una tribu de feroces y brutales especímenes, algunos de ellos, llegarían, por méritos propios, o de los poetas, a representar la virtud del educador sereno, dentro de la “paideia”.

Con el tiempo, el Helenismo, con su preocupación literaria por la expresión de los afectos, encontró en el Centauro, un modelo ideal de sumisión a la fuerza arrolladora del Amor, y la figura del Centauro con un Cupido en el lomo, florecería, siendo el alado Eros, el que al final todo lo domeñaría. Aún así, los Centauros, antes de perderse en la memoria artística, volverían en la forma de sujetos jubilosos y amables, en la villa de Adriano en Tívoli, tal vez por un último y arcádico esfuerzo de deseo de permanencia y anclaje, en la imaginación de los hombres.

Todo pasa y todo retorna. Y por ello tal vez, solamente, la bóveda celeste custodiaba en la constelación de Sagitario el presagio del regreso. El hijo de una monja y un fraile pintor, estaba destinado a recuperar la figura del Centauro, hijo a su vez de Ixión y una nube, engaño asaz usado del Zeus más inconfundible, que gracias a las yeguas magnesias perpetuaría la estirpe tan poco legítima, del Gigante. Tal vez no fuera el primero, En 1482/4, Sandro Botticelli, encarnó a Palas Atenea y a un Centauro, en una Tabla, que acompañaba a la famosa Primavera, para su mecenas Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, y quien fuera su discípulo, Filipino Lippi, llamado así por su padre, el también Pintor, Fra Filippo Lippi, recogería el espíritu de las invenciones alegóricas para su propia versión del Centauro. Se trata de una tabla hoy guardada en la Galería Christ Church de Oxford, Inglaterra, conocida como el Centauro Herido, (The Wounded Centaur) La tabla mantiene muchas de las concomitantes discusiones acerca del sentido último de lo representado, como sucede con casi todas las obras que tomaron como asunto, la representación de los remotos moradores del mundo de la antigüedad grecolatina, bien en forma de representación “ad hoc” o de mimesis de literaria estirpe. Para entonces, a finales del Quattrocento, Apolo y Dafne, habían reaparecido ya en Pollauiollo, por citar un ejemplo que no pertenezca a Botticeli, y el lento resurgir desde la teatralidad hasta el serio intento de rinascita dell’ antichità;, sea esta cuestión entendida como se quiera, pues el debate sigue abierto, comenzaba a dar sus frutos. En definitiva, los mitos y sus protagonistas, dejaron de ser miniaturas con cota de malla para interpretar un papel más importante en el arte. A ello debemos esta obra, de la que se desconoce su fecha exacta de ejecución, si surgió por correspondencias con la de Botticelli, en un mismo ámbito o de una lectura estimulada de Ovidio, es tema para doctores.

El espectador, a poco que conozca la historia de Heracles, el Centauro Neso y Deyanira, se percatará de la mezcla de elementos que concurren en la tabla de Lippi. El Centauro de Lippi no lleva arco ni carcaj, a diferencia del representado en la tabla de Botticelli, está desarmado. Sostiene en sus manos la aljaba, del juguetón Eros, que se esconde tras una roca, a la entrada de la gruta, donde unas pinceladas insinúan la presencia de una Centauresa con dos crías. La flecha del amor ha herido al Centauro justo encima de su casco izquierdo, y le obliga a mantenerla arqueada, pero es su expresión, de asombro, inusitado, como si fuera a dar paso a la resignación, propia de la madurez o de la experiencia de la edad, la que parece dominar el rostro del Centauro, al que no resta humanidad, precisamente la presencia de las orejas puntiagudas, más propias de un sátiro, compañero de Pan, o de Dionisos, que de los Centauros. Recalcando así la naturaleza, mítica y de quimera, del mismo Centauro, en contraposición con el semblante humano de dolor, no ante el deseo, sino ante un designio fatal que subyuga a todos los seres por igual, el Amor. Intento de explicación de cómo los peligros de jugar con el amor, a cierta edad, acarrean funestas consecuencias, en fin, moralidad por todas partes, y más allá, el paisaje, se abre al fondo, en un azul traslucido, que solo habitan las nubes; un cúmulo, recuerdo del origen lejano del mismo Centauro y el mar, enmarcan el dramático destino del mismo: no morirá de la herida, pero tampoco sanará.

Esta reaparición del Centauro, como la ya mencionada de Botticelli, quien, además, los utilizaría en los relieves simulados de La Calumnia, tuvo una no menos singular compañera, en una obra más oscura si cabe, La Alegoría Sacra o Alegoría del Purgatorio de Giovanni Bellini, obra de Cir. 1486, donde aparece un centauro entre las almas de los que no han podido conocer la verdad revelada. El Centauro, en las manos de Miguel Ángel, daría como consecuencia su Centauromaquia, que tanto amaba el escultor, pintor y arquitecto. Nuestro admirado Carlos García Gual, en su personal DICCINARIO DE MITOS, en Diccionarios de Autor de la Editorial Planeta, Barcelona, 1997 concluye su artículo dedicado a los Centauros así: Es una pena que los centauros fueran nacidos de una nube y se hayan esfumado con el mundo pagano, sin llegar en sus alegres trotes hasta nuestros días.

No obstante, no han desaparecido del todo. En la red se encuentran innumerables admiradores de los mismos. Un detalle curioso: Gracias a los efectos digitales, en la ridícula serie televisiva, que nadie sabe por qué se tituló, “Hércules…”, los centauros hacen una aparición que tiene un interés añadido, pues los autores de los efectos especiales, se enfrentaron a un reto desconocido, el auténtico movimiento de los Centauros, un problema al que no tenían que enfrentarse, los artistas anteriores, pero el resultado, a pesar de los esfuerzos no son verosímiles, no por falta de pericia, sino más bien, por imposibilidad física, el centro de gravedad de dos animales tan distintos, no puede convivir.

Saludos, amable, paciente, y espero que esta vez no muy severo Lector

Addenda: En los comentarios se encuentran notas sueltas sobre la entrada. De interés variable.

Una respuesta a “Centauros, Travesías Del Desierto.

  1. Addenda: Miscelánea sobre la entrada De Centauros…

    El título de la película, de J. Ford, de 1956, Centauros del Desierto, es uno de los ejemplos, donde la manía española de cambiar títulos, ha dado una muestra de finura estilística, rara vez admirada. Originalmente era “The Searchers”

    En primer lugar, la mezcla de animal y ser humano es constante en la tradición figurativa desde el origen de la civilización, pero en el caso del naturalismo griego, los ejemplos de los mismos son quizás los mas fascinantes por su versatilidad artística. La esfinge egipcia puede resultar grandiosa en su misterio, pero a la larga aburre.

    La etimología del centauro es desconocida, no parece ser de origen griego.

    Para Robert Graves, con su particular y refinada visión de la mitología griega es razonable pensar que existió una Tribu cuyo Tótem, era con toda seguridad el Caballo, y ello podría dar origen al Mito. Tesalia, era famosa por sus caballos y era de paso obligado hacia el sur de la península Balcánica. Las yeguas magnesias, se mencionan en Píndaro, y el monte Pelión, en muchas de las versiones mitográficas. La llegada de los nuevos pobladores, montando a caballo, daría la imagen del Centauro, hecho que según se cuenta, se repitió durante la conquista de los españoles ante las poblaciones, que no habían visto un caballo en su vida…Los creyeron un solo ser.

    Las Centauras o Centauresas, se deben al ingenio de los artistas helenísticos, tan dados a la excitación de la imaginación.

    Piero Di Cosimo, a principios del XVI, también se ocupó del tema de Los Centauros y Lapitas, hoy en la National Gallery. Contrasta la Tabla de Lippi, al tomar al Centauro como protagonista de una alegoría no literaria.

    El rapto de la novia es un rito perpetuado en diversos relatos, y han sido símbolo permanentes en la representación del despertar de un pueblo, ejemplo, el de Hipodamía, o el de las Sabinas de la leyenda romana.

    Las Bodas de Cadmo y Harmonía fueron la última ocasión en que los dioses del Olimpo se sentaron a la mesa con los hombres para una fiesta, cuenta R. Calasso en su magnífico libro, como vemos las bodas siempre traen problemas.

    Curiosamente Teseo y Pirítoo compartieron bajada al Hades, pero sólo Teseo consiguió regresar. Los ejemplos en pintura sin fértiles y pródigos, ver: Rubens, David, y muchos más… Piero Di Cosimo, a principios del XVI, también se ocupó del tema de Los Centauros y Lapitas, hoy en la National Gallery. Un siglo antes el centauro aparecía en una ilustración de La Divina Comedia, un anómimo florentino, hoy conservado en el Vaticano. Una vez más Dante.

    Existe, por cierto una constelación que es la del Centauro, no zodiacal, como la de Sagitario, pero que alberga el sistema solar más cercano a nuestra estrella, es la llamada alfa centauri, a 4, 36 años luz de distancia… y para colmo, es un sistema doble, de esos donde de haber un planeta, uno es incapaz de imaginar cuando es de noche…Además, se tardarían mas de 4.000 años en llegar a ellas.

    Respecto a los esqueletos compuestos, como el de la imagen que acompaña a la entrada, son famosos los fósiles falsificados que pretendían dar validez a algunas teorías, o simplemente otorgar prestigio a sus descubridores. Como el hombre de Piltdown, o el de Archaeoraptor liaoningensis. Que se pretendía eslabón entre aves y dinosaurios.

    Particularmente me horroriza uno: el narrado por Curcio Malaparte, en su novela, La Pelle, y en su versión Cavalli, donde se cena una sirena, supuestamente compuesta por el cadáver de un pez y el resto de una niña. Opuestamente divertido, el Ángel que aparece en un capítulo de la serie televisiva los Simpsom.

    La sirena sobrevive en la Edad Media como el Hada Melusina, la cual curiosamente recuerda a la representación para una eva, la de la Catedral de Autum, en Francia, del S. XII. Esto es sólo una apreciación. El hada mezcla a las sirenas con las serpientes.

    El simbolista Arnold Böcklin gravó nuestra moderna imagen de las sirenas, pero Flaxman, las representaría algo más conforme a la versión de la Odisea, con garras, pero sin alas. La imagen de la cerámica antigua y de las esculturas que perviven, no parece seducir a nadie…son como gallinas con cabecita de muñeca.Por cierto y como curiosidad sobre el movimiento digital de los Centauros: Cuando la fotografía se propuso determinar el estudio del los seres en movimiento, el caballo fue objeto de estudio de inmediato. Resultó que el movimiento de un caballo al galope no había sido interpretado correctamente por los artistas y las diferentes opiniones sólo fueron dilucidadas gracias a Eadweard Muybridge, y a su famoso experimento “ El Caballo en Movimiento.

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