Un Día en el Cielo. Sacra Conversazione.

“Hijo mío, ¿vamos a estar aquí esperando por mucho tiempo?, y no me digas que no lo sabes. Tú participas de eso que os define a tu padre, a ti y la dichosa paloma… “. Dijo la Virgen, mientras se recogía el manto azul entre una corte de virtudes, silenciosamente calladas, no tan desacostumbradas a tales conversaciones. “Madre, ya sabes que no puedo decírtelo”. Dijo Jesucristo, sentado sobre una cohorte de serafines. “Hijo no quiero hacerlo, pero no me dejas otra opción. Como no puedes mentir te lo preguntaré directamente, ¿para cuándo está fechado el Apocalipsis”, exclamó la Virgen con un rictus de aburrimiento cerúleo. “Madre no puedes hacerme esto….”, se oyó decir a Nuestro Señor, pero su Madre le interrumpió. “Somos los únicos reencarnados en cuerpo y alma de la “Historia Humana”, y estamos aquí esperando a que tu Padre se decida a poner fin a este, ¿cómo lo diría?, aburrimiento total, no te ofendas, Hijo Mío, pero no eres precisamente la alegría de la huerta como compañía”. “Madre, Las señales del Apocalipsis nos lo dirán, es todo cuanto puedo decirte”, y dirigió al firmamento eterno una mirada inquisitiva, mientras el Espíritu Santo se colocó sobre su hombro derecho. “Deja de piar o lo que hagas”, dijo La Santa Virgen a la paloma, quien con ojos altaneros hizo caso omiso de los comentarios de Nuestra Señora. “No sabía en lo que me metía cuando pronuncié lo de “hágase tu voluntad”, -prosiguió la Virgen,- “el desprecio por ser madre soltera, casada con un viejo por conveniencia ¿ O crees que No lo sabía todo Nazaret?…” Suspiró volviendo a recogerse el manto, “dichoso manto, si pudiera desprenderme de él por lo menos, ¡pero no!, siempre así, con lo mismo, Hijo, ¿me estás escuchando?, ”Madre”, intervino el Hijo, “suenas a arrepentimiento, ¿acaso tienes dudas ahora? “, ¿Ahora? Yo no dudo puesto que no tuve opción, como tú, ¿o sí? ¿Tuvimos opciones acaso?. Dijo la madre al Hijo que se veía ya inmerso de nuevo en una conversación ya mantenida y que nunca llegaba a ningún sitio. “Y con quién quieres que hable? , ¿con estos simples de los ángeles…? Echo tanto de menos a Isabel, mi prima, al menos con ella teníamos asuntos que tratar…”
Jesucristo no era ajeno del todo a la preocupación de su Madre, pero su destino fue siempre obedecer. Nuestra Señora volvió a la carga, “ Al menos podías decirme dónde está tu Padre, pues es como un marido ausente, hace milenios que no le vemos por aquí.” El Hijo, queriendo aclararle algo, sin pensarlo, por no estar escrito, optó por responder. “Madre, El Señor, mi Padre, tiene mucho que hacer, su Obra, es mucho más grande de lo que Tú crees, digamos que se mueve por todo El Universo sembrando su semilla…” Calló y se sintió arrepentido, como si hubiera vuelto a su humanidad, de la que ya poco recordaba. La Virgen, reflexionó… Y de repente se hizo la luz, más de la que ya la rodeaba por doquier, en su mente. “ ¡Ah!, ya comprendo, por eso desapareces cada treinta y tres años y nueve meses, TÚ le ayudas en esa tarea tan…, no se me ocurre ni la palabra, debí prestar más atención en la Sinagoga , pero no hace falta que te diga por qué no fue así…”. “ Madre debo cumplir la Palabra de mi Padre, todos deben conocer la Verdad,” La Virgen, Nuestra Señora, sin poder reprimirse, miró a su Hijo con ternura de madre humana, y dijo casi en un susurro” La Verdad, todos, menos yo… Jesús, hijo mío, ¿Por qué siempre soy la última en enterarme de vuestros designios…?. ”Pero Madre, tú tienes tus propias ocupaciones…”Añadió Jesucristo, intentando desviar el rumbo de la conversación. “ ¿No te referirás a las dichosas Apariciones…?, Ya sabes que son manías de tus “Hijos”, que ven lo que ansían ver, pero si no me hicieron el menor caso hasta su siglo XIII, porque la del Pilar… bueno mejor me callo, ya que, a los que dejaste al mando allí abajo, deciden cuándo y dónde me doy una vuelta por su mundo, cuando la verdad , como Tú muy bien sabes, no me he movido de estas nubes desde que llegué…” El Hijo no podía discutir el asunto, pues era verdad, y muy consciente de que las cosas entre sus seguidores en el Planeta conocido como “Tierra Tres”, no habían salido exactamente como Él Y su Padre creyeron que sucederían. Los humanos resultaron ejercer el dichoso Libre Albedrío de una manera inesperada. Por ello El Padre ya estaba corrigiendo ese pequeño detalle en otros Lugares.
Nuestra señora se volvió a recoger el manto azul, que se asemejaba a una carga insufrible. Intentó un acercamiento maternal, “¿Sabes, Hijo?, Cuando desaparecías, me acercaba lo más posible al Limbo, y espiaba las almas allí recogidas, me enternecía con las de los niños, el Limbo de los Patriarcas me recordaba demasiado a mi anterior vida y resultaban insufribles, ya sabes qué opinión tenían todos sobre las pobres mujeres…” Madre ya sabes que el Limbo….”, Intentó decir El Hijo, pero su Madre le interrumpió. “ Sí, con eso de la “ Infalibilidad”, que no sé cómo se os ocurrió permitir tal Dogma, me he que dado más sola que nunca…Y no me hables de Purgatorio, sólo escucho quejas, y la verdad, no entiendo cómo permites que tus “Hijos” crean que al Morir en tu “Gracia”, vienen “Aquí”, directamente, ni aun siendo Santos, deberías bajar Tú mismo y aclarárselo, ¿ No te parece justo?” . El Hijo, con la paciencia propia de quien es el hijo de Dios, sólo pudo expresarse a media voz, ” Ya sabes, Madre, que si tuviera que explicar “allí” abajo cómo funciona en realidad la Verdad de Mi Padre, sucederían cosas que causarían más problemas que esperanza…” La Madre añadió con un resto de mal estar de su antigua humanidad, “ No te das cuenta de que dejarlos en el error es aún más duro que la propia muerte, la culpa la tenéis tu Padre y Tú mismo, con esa manía por dejar lo dicho a medias, luego pasa invariablemente lo que ya conoces, que cada cual interpreta tus Palabras, como se les antoja, y así les va…no creas que soy del todo ignorante de cómo van las cosas por Tierra Tres”, La Santísima Virgen sentía en su celestial cuerpo una rara sensación de rabia, y por un momento una placidez sencilla, al menos “había hablado” con su Hijo.
“Madre, creo que nos son asuntos que debamos discutir” Jesucristo se apartó raudo y dejó a su Madre a solas. La paloma de níveo plumaje, había estado todo el tiempo como ausente, pero de repente alzó el vuelo y desapareció detrás de unos cirros iluminados con la luz de unos serafines despreocupados. La Virgen, Nuestra Señora, vio como se escapaba el ave sagrada. Se negaba en su interior a llamar “Espíritu Santo” a tal bicho, y dijo para sus adentros, ” Ve, corre a contarle a tu Padre Celestial todo, y no omitas detalle, pero cómo que me llamo Miriam, a secas, mi querida palomita, que esto no ha terminado, una madre sabe qué hacer con sus hijos, especialmente cuando éste, es hijo único”. En el Cielo, todo pareció permanecer igual, pero una chispa humana, que se diría muerta y apagada, empezaba a refulgir como si de un pequeño y secreto rescoldo se tratara. Las cosas no siempre salen como uno espera.
Saludos , Anónimo Lector.

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