Steve Jobs y Sócrates: En-cuento inesperado

Nóstos

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Una tarde la luz crepuscular pareciendo invitar a la reflexión, lamia una vez más las laderas del Himeto, fue entonces, según se contaría años después, cuando sucedió el extraño encuentro de Sócrates con un desconocido, del que nadie supo nada, ni sus biógrafos ni aparentemente alguno de sus contemporáneos. Sócrates, sentado entre las estelas del Cerámico, pues se había llegado hasta allí huyendo del humano ruido para pensar a solas tan sólo por un momento, al levantar su vista cegata, por un instante, divisó cómo alguien con apariencia de meteco o de bárbaro esclavo, a juzgar por lo estrafalario de su indumentaria, pues llevaba una especie de vestimenta soldadesca, se le acercaba, tanto que en un instante estaba ya a su lado, mirándole como si se encontrara delante de la estatua de algún Dios, de las que guardan los templos. El hombre mayor al que tanto admiraban en su ciudad, pero no todos, sintió fastidio, por no poder estar a solas ni siquiera allí mismo, y no supo por la apariencia del visitante inesperado, si no sería una jugarreta de Hades en forma de aparición de ultratumba, por su falta de piedad o tan sólo, uno más de los, en a menudo pretendientes a discípulo, que le habían estado persiguiendo a lo largo de la mayor parte de su vida.
– Soy Steve Jobs, señor , ¿cómo debo llamarle? – se oyó decir al inopinado hombre.
– Pues como me llaman todos, ya han pasado los años en que se me conocía por el nombre del hijo de mi padre, ahora soy Sócrates, para todos, pero dígame, ¿por lo que aprecio en su ropaje, o es meteco bárbaro o de la Jonia tal vez, Pero no ha de tardar usted en acláramelo, ¿verdad?
– No querido Sócrates , es difícil de explicar, pero vengo del Futuro…, Me llamo Steve Jobs y solo quería pasar una tarde con usted- Jobs luchaba en su interior queriendo decir tanto en su ático del siglo V A. C., aprendido con una de las aplicaciones de las que tan orgulloso se sentía.
– ¿ El Futuro?, -Sócrates duro ya de oído a su edad, creyó entender el nombre de una ciudad desconocida para él, y no queriendo parecer ignorante en Geografía, pues no había prestado suficiente atención a Heródoto, dijo- Ah! Bello, pero desconocido lugar para mí… “ Sera tal vez de Sibarís”. Pensó en una ataque de malicia.
– De donde yo vengo usted es uno de los hombres más famoso de la Historia… Cuando nadie recuerde el nombre de Zeus, usted seguirá siendo recordado como uno de los más grandes filósofos de la Historia -añadió Jobs
– “Heródoto otra vez” pensó Sócrates, pero suspiró-, Ahora entiendo mi porvenir, he provocado la envidia de los dioses y estos han de castigarme, si llego a ser ,lo que usted dice…- Una risita se le escapó de entre la menuda barba que ya raleaba a su edad-
El insólito hombre extrajo de una bolsa de cuero, obra de un magnifico artesano, sin duda, tres artefactos a los que Sócrates prestó atención mal disimulada. Sin duda era fenicio, pensó, pues eran hábiles en comerciar con todo tipo de rarezas.
– Y ¿Dígame?- Inquirió Sócrates intrigado.- ¿Cómo es que seré tan recordado…?
– Oh!, por Platón y Jenofonte entre otros…ya que usted no escribió nada..- Dijo Jobs orgulloso de sus conocimientos…
– ¡Platón, será cotilla!, ya decía yo que tomaba muchas notas, pero Jenofonte mezcla la verdad con sus intenciones particulares… de ser así, a lo mejor debí haber escrito yo mismo, estoy en manos de los demás, pero en fin, si así lo desean los hombres y los dioses, así sea- y escupió a un lado como para echar lejos de allí un ficticio mal de ojo.
– Jobs impaciente por mostrar sus aparatos mostró a Sócrates el primero de los no más grandes que una palma de su mano.- El anciano observando la jugada que se le avecinaba preguntó.- No lo dude tanto, hombre y enséñemelo..¿para qué sirve?
– Se llama I-Phone. -Y en un ataque de falsa modestia dijo, son cosas que yo mismo ayudé a inventar. En breves palabras, en el mundo del que vengo se utiliza para que las personas estén en..¿cómo lo diría?, en contacto permanente, para preguntar e interesarse unos por otros, hacerse preguntas…
– Sócrates movió la cabeza de un lado a otro..- ¿qué tipo de preguntas?, ¿ Qué piensan hacer los Persas o que nueva jugarreta están tramando los Espartanos?, ¿quiere decir? Sería de gran ayuda para Atenas.
– No, …más bien para saber unos de otros , intercambiar palabras e ideas…
– Sócrates dio un respingo sobre su chitón de lana amarilleada por la falta de higiene-
¿Ideas?, ¿ha dicho?, ¿acaso son muy comunes de donde viene?, porque yo ni apelando a todo lo que algunos han dado en llamar mi mayéutica, apenas consigo encontrar alguna interesante en el fondo de mis amigos. Ni Enemigos.
Jobs no sabía cómo intentar explicar sus inventos y artefactos, pero no iba a echarse para atrás.
– Además la comunicación es global… Pueden estar a estadios de distancia y aun así comunicarse..-Apeló Jobs a un cartucho inexorable a su juicio.
– ¿Y todos conocen una misma lengua?, – Preguntó un ya escamado Sócrates-pues nosotros aun teniendo la Koiné, a veces es una jaula de grillos el hablar con otros, si hasta en el Bouleuterion es ya difícil entenderse… Debe usted venir de una Liga muy poderosa para haber unificado las lenguas…
– No, no me comprende, cada usuario, o sea cada persona ,tiene su propia lengua, si bien existe una que ayuda a casi todos, se llama Inglés, y es muy conocida por quienes la necesitan…
– Sócrates calló por un momento, mientras Jobs le observaba de hito en hito, esperando ansiosamente sus palabras de respuestas.- Pues aquí, querido joven,. -Dijo Sócrates con ironía- Con ir a las Stoás se entera uno de todo y además puedes ver detenidamente la cara de tu interlocutor, incluso uno llega a saber cosas que no necesita, como en mi caso, que pronto acabaré en la Heliea, … – el anciano, que lo parecía mas que nunca, elevó sus ojos a las nubes y recordó a Aristófanes… pero sin rencor.
– Jobs, se desesperaba, así que le mostró el I-Pod. – Mire, con este pequeño aparato las personas tiene acceso a la música , en cantidades que sobrepasan la imaginación.
– Ah, la música,- Añadió Sócrates- Los pitagóricos la consideran sagrada y regla del Universo, pero si es como usted dice los aedos ¿enseñan la Ilíada y la Odisea a todos los niños…?- Sócrates realmente empezaba a cansarse de tanta falacia como empezaba a considerar las palabras del viajero tan mal vestido.
– No, no me ha comprendido, son miles de canciones de gente muy distinta, sin cítaras ni cosa parecida, usan otros instrumentos y hablan del amor y de sus vidas- Jobs se encontraba exhausto, nunca creyó que fuera tan arduo hablar con su amado Sócrates.
– Pero entonces., No se trata de Lirica ni de Épica, solo prosa acompañada de notaciones…- El anciano, para su época, no quería saber en aquellos instantes más novedades…
Jobs jugando su última baza saco por fin el I-Pad. Lo mostró a la ya débil luz del día que acababa y dijo, -antes de morir este fue mi último sueño.- Sócrates al escuchar la palabra “morir” concluyó que en efecto, todo era una bribonada de un Daimon travieso enviado por algún Dios molesto con él y eso que el no creía en Ellos, según era sabido por toda Atenas.
– Verá con esta “tableta” como la llamamos vulgarmente, los hombres estaremos en permanente comunicación con lo que pasa en el mundo, pues en el futuro, el planeta entero estará conectado por algo difícil de explicar con pocas palabras. Lo importante- Jobs tomó un poco del aire proveniente de la brisa de la noche en ciernes y prosiguió- De donde vengo habrá periódicos en papel, algo así como los pergaminos, pero que saldrán a la calle todos los días, y desde esta tableta se pueden leer, pero eso es sólo un ejemplo, hay muchas más, como lo diría, aplicaciones para la tableta, cosa inimaginables para este siglo…
– Perdón.¿ Siglo?, no entiendo, -interrumpió Sócrates…
– Bueno, dentro de muchas Olimpiadas…- Jobs recordó la medida de tiempo heleno.- Por ejemplo con un simple dedo podremos acceder a toda la historia Griega…
– ¿Los griegos?, Nosotros somos La Hélade, aunque seamos ciudades estado mal avenidas, pero es parte de ser Una Polis, digamos que amamos por encima de todo la Libertad de adminístrarnos a nosotros mismos.- Jobs no percibió la ironía implícita en estas últimas palabras por parte de Sócrates
– Y dígame, Desconocido, en su mundo ¿ya no hay guerras y la gente con tanto comunicarse y hablar entre ellos consiguen arreglar sus asuntos pacíficamente…? . -Preguntó Sócrates con una sonrisa infantil.
– Desgraciadamente no. Creo que el mundo de las buenas ideas se perdió por aquí… – Se lamentó Jobs, o eso hizo creer.
– Verá, me queda poco tiempo, creo que parte de su mundo nace de las fuentes de mis supervivientes, jamás escribí nada, me he pasado la vida buscando el conocimiento para vivir, encontrar los verdaderos valores par su eficaz puesta en práctica y nada de ello he conseguido,- Sócrates se recogió el chitón y se levantó, caminó lentamente unos pasos y echando la vista atrás dijo- Lamento su descorazonamiento, lo presiento, pero no creo que haya encontrado en mí lo que buscaba- Jobs sabía que se le acababa el tiempo. Vio alejarse a su ídolo , mientras escuchaba “ si tiene tiempo lea algún que otro grafiti de las stoás, suelen ser muy jugosos, especialmente sobre Alcibíades. –
La luz acabó muriéndose, como todo y nadie transcribió el final de este encuentro. Sólo una pregunta hizo Jobs
– ¿A dónde va ahora…?
– Tengo que prepararme para la Cicuta…-Contestó nada molesto, aquel a quienes conocemos como Sócrates.
Saludos, I-ncierto Lector.

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