15-M. Un simple No

El arte de la política, con mayúsculas o sin ellas, es el arte de decir no. No a la esclavitud, no a la pobreza, no a la injusticia, no a la desigualdad, no a la guerra, justas o injustas, no a la corrupción. No a la desigualdad y no a la diferencia de derechos, por poner sólo unos ejemplos. Hubo un tiempo en que un grupo de personas como usted y como yo decidieron decir “No” a estas y otra serie de males que afectaban desde los tiempos del ojo por ojo a la Humanidad. Fueron tiempos de la creación de los Derechos Humanos por citar el caso más reciente de diligencia política en torno a las cosas de las que adolecía este valle de lágrimas. El caso es que en este bendito país, por fin la gente normal, como usted y como yo, ha decidido decir no, ya saben a qué me refiero.
Movimiento que ha sobrecogido por sorpresa a la partitocracia de este país y a sus feligreses, llamado del 15-M. La gente, ese nombre común para designar a la nada social, se ha concentrado, acampado, dormido al raso y sin violencia, ni siquiera verbal. Se han plantado frente al denominado estatus quo, indolente ante sus propios problemas de campaña, Para exigir con respeto algo tan sencillo como un No, un No al sinsentido en que este lar de baronías y señoríos politicastreros nos han arrostrado con su soberbia a la situación en que nos encontramos algunos. Porque otros están como siempre, la crisis famosa sólo ha golpeado a los de siempre, aunque no haya dejado de arrastrar consigo a ingenuos, que vivían de slóganes y quincalla televisiva, pero no por ellos son culpables, son unas víctimas más de una perpleja cadena de errores malintencionados y manipuladores oficios que tanto han hecho por hacernos creer que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Pues resulta que No. No y No. Y hay gente que se ha plantado, con o sin convicciones reveladoras de zarzas ardiendo, tan sólo con la intención, de hacerse escuchar. Que lo consigan o no, dependerá del tiempo, que no juega a su favor precisamente. Y los susodichos políticos han optado, primero por intentar desalojar la emblemática plaza de Cataluña, por supuestas medidas de seguridad impuestas por el todopoderoso futbol, y segundo por hacer como si nada pasara. Pero pasa. Si los cinco millones de parados se hubiesen organizado como partido político otro gallo hubiera cantado en las últimas elecciones municipales y autonómicas.

Para mí ya es tarde para decir no. Pero desde aquí vaya toda mi admiración a quien lo ha hecho. Llámese cobardía o la vida simplemente, que no estaba en pos de ello. Por no tener, hasta la vergüenza me abandona en estos momentos. Sólo me queda pedir perdón por no estar donde tal vez debí estar, pero ya estoy mayor para ciertas cosas, incluso para decir NO.
Saludos, anónimo e inestimable Lector.

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